FT-CI

Declaración política de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional

Ante el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU.

22/12/2014

Ante el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU.

Obama reconoce el fracaso político de la criminal estrategia de bloqueo a la isla -aunque por ahora sigue vigente como arma de presión-, y dispone el restablecimiento de relaciones diplomáticas con La Habana. Concede esta medida elemental de la relación entre Estados, pero lo hace para aumentar la injerencia yanqui en el proceso de restauración capitalista en la isla y como parte de sus maniobras para recuperar terreno en América latina. Esto se da en los marcos de su decadente hegemonía y de su estrategia global ante los desafíos que le plantean otras potencias. Detrás de esta medida, lo que se pone en juego es el futuro mismo de Cuba y de las conquistas que aún sobreviven de la revolución. Nada bueno se puede esperar del acuerdo y de los diálogos secretos entre los gobiernos de Obama y Raúl Castro facilitados y bendecidos por el Papa Francisco y aplaudidos por los gobiernos europeos y los “progresistas” de América latina, todos interesados en profundizar el proceso restaurador.

1.- El anuncio del acuerdo para restablecer plenas relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba es un hecho de importancia internacional, representa un viraje profundo en la orientación del imperialismo norteamericano hacia el Estado cubano. Que el imperialismo norteamericano acepte restablecer plenas relaciones diplomáticas con Cuba, como con cualquier otro Estado del mundo, representa, en primer lugar, un reconocimiento tardío del fracaso político de la estrategia yanqui de manifiesta hostilidad y bloqueo, que como dice el propio Obama “no ha servido”. En segundo lugar, no se debe a la “buena voluntad” del Papa o de Obama, sino que es subproducto de la necesidad del imperialismo de adaptarse a relaciones de fuerza en la región en las que el papel de Cuba es importante y donde es un factor clave la tenaz resistencia antiimperialista del pueblo cubano y la solidaridad de los pueblos de América latina ante el intervencionismo yanqui. A pesar de la desastrosa política de la dirección castrista, en el imaginario de millones en América latina y el mundo, Cuba sigue representando la herencia revolucionaria de 1959 (que demostró que era posible expulsar al imperialismo y expropiar a los capitalistas) y la voluntad de resistencia antiimperialista, por lo que esta medida concita gran atención entre muchos trabajadores y jóvenes, que ven con gran simpatía lo que es presentado como un logro que beneficia a Cuba. Pero el acuerdo no puede ser aislado del conjunto de la situación política cubana e internacional, ni de la política general del gobierno Obama y sus objetivos contrarrevolucionarios.

2.- El acuerdo, anunciado por separado por Obama y Raúl Castro, fue acompañado por la liberación y devolución a su país de los tres cubanos condenados en Estados Unidos por su papel contra los planes conspirativos de la ultraderecha cubana y la CIA (otros dos fueron ya liberados y su libertad era un justo reclamo extendido en la izquierda internacional); a cambio de la entrega de Charles Gross, contratista yanqui acusado de operar para los servicios secretos de Washington. Este fue el resultado de prolongadas tratativas, en las que actuó como mediador el Vaticano, contando con el papel de la Iglesia católica cubana sobre el terreno, además del concurso de Canadá, estrecho aliado de Estados Unidos. Podría ser la antesala de una mayor liberalización del intercambio comercial y turístico entre Estados Unidos y Cuba, y si bien el pleno levantamiento del bloqueo dependerá de negociaciones en el congreso estadounidense, donde pesa la derecha republicana y el lobby cubano-norteamericano con presencia en ambos partidos, es posible que abra las puertas al fin de este cerco comercial y financiero.

3.- En 1961 Washington rompió relaciones y estableció el bloqueo contra Cuba, como parte de una estrategia para ahogar a la revolución cubana, cuyo histórico triunfo en lo que consideraba su “patio trasero” latinoamericano había sido un importante golpe para el imperialismo norteamericano. Eran los tiempos de la “guerra fría” y esa agresiva línea del imperialismo, acompañada por la preparación de intervenciones directas como el fracasado intento de invasión en Bahía Cochinos, fue una importante razón para llevar a la dirección cubana (cuya orientación básicamente nacionalista y pequeñoburguesa carecía de una estrategia consecuente de alianza con el movimiento obrero y de masas internacional), a subordinarse a la Unión Soviética e integrarse al stalinismo. Desde entonces, el criminal bloqueo ha significado enormes perjuicios al pueblo cubano, aunque no pudo derrocar a Fidel Castro ni volver a devolver a Cuba a la órbita del imperialismo norteamericano. A lo largo de más de medio siglo de grandes cambios históricos (entre ellos, la derrota del ascenso revolucionario internacional de los 70, el derrumbe de la Unión Soviética y la restauración capitalista en los estados del este, etc.), el bloqueo se mantuvo pero fue cambiando en sus términos concretos. Washington apostó a asfixiar a Cuba y lograr un “cambio de régimen” en los 90, cuando la isla perdió sus lazos con la URSS, cuando adoptó la Ley Helms-Burton, pero sus efectos fueron en parte aliviados por el aumento del intercambio y el turismo con los países europeos, China y Sudamérica, tornándose clave el aporte de petróleo barato gracias a la alianza con Venezuela. De hecho, hace años que Washington y La Habana mantienen negociaciones y establecen acuerdos en distintos campos, como en migraciones o narcotráfico, y el bloqueo se ha ido debilitando en los últimos lustros. EE.UU. es ya un importante socio comercial de la isla y su principal proveedor de productos agroalimentarios, pero la actual situación sigue siendo muy perjudicial para Cuba, que debe pagar las importaciones de origen norteamericano en divisas y al contado, no puede acceder a determinados rubros y enfrenta otras trabas. Esto también perjudica a empresas yanquis que deben recurrir a maniobras, como la triangulación, que las descolocan en la competencia con corporaciones europeas y de otro origen, por lo que están interesadas en una liberalización de las relaciones económicas que les permita acceder a mejores negocios en la isla.

4.- El gobierno de Obama realiza este viraje en la política hacia Cuba tras largos cabildeos, cuando ya amplios sectores dentro del stablishment yanqui se pronunciaron por un cambio (como reflejan recientes editoriales de The New York Times), y cuando Estados Unidos ha quedado prácticamente en solitario incluso en la ONU, y con virtualmente todos los gobiernos de América latina manteniendo relaciones diplomáticas y comerciales con La Habana. De hecho, vino actuando un virtual “frente único” que une a potencias europeas, sectores importantes de la burguesía norteamericana, etc., con el concurso de la Iglesia católica, para que Washington abandone la desgastada política de bloqueo. No casualmente, los anuncios, elogiados en los medios imperialistas, fueron celebrados por corporaciones yanquis interesadas en el mercado cubano, mientras subían las acciones de transnacionales como Sherrit International, minera canadiense que explota níquel, la cadena hotelera española Meliá y otras con inversiones en la isla caribeña. Dentro del propio exilio cubano en EE.UU hay diferencias entre la vieja generación abiertamente gusana, que apoyaba la intervención directa y el bloqueo, y las generaciones más jóvenes que se inclinan a una política más negociadora; es decir, no renuncian a la restauración capitalista pero optan por los métodos de “contrarrevolución democrática” que han empezado a operar en el último período. Con ello gana fuerza el replanteo de la política norteamericana hacia Cuba, reanudando relaciones diplomáticas y, eventualmente, avanzando hacia un levantamiento del bloqueo, pero para hacer más efectiva la ingerencia económica y diplomática y fortalecer las fuerzas “aperturistas” que dentro de Cuba, con los mismos objetivos de siempre: lograr la plena restauración capitalista, abrir camino a un cambio de régimen, preparar la reincorporación de Cuba como semicolonia a su propia esfera de influencia.

5.- Obama da este paso hacia Cuba al tiempo que el Congreso vota una cínicamente llamada “ley de defensa de los derechos humanos en Venezuela”, que contempla sanciones contra miembros del gobierno chavista. Aunque parecieran dos políticas contradictorias, como sostiene el chavismo de izquierda en Venezuela, el acuerdo con Cuba y la Ley votada contra Venezuela, en verdad son dos medidas tácticas distintas en el marco de una misma estrategia de ingerencia imperialista para incidir en el futuro de Cuba y Venezuela. Con la aprobación de esta ley, se busca presionar al gobierno chavista y fortalecer a la oposición derechista; restableciendo relaciones con Cuba, Obama espera poder aumentar su capacidad de influir y presionar dentro de Cuba. Lejos está Estados Unidos de renunciar a disciplinar a los países del continente que se han mostrado “díscolos” a su autoridad. Son falsas las ilusiones que siembran los gobiernos “progresistas”, alabando el “coraje” de Obama como hizo Nicolás Maduro. Por el contrario, cuando en Washington buscan cómo aprovechar ofensivamente un momento en que la crisis internacional está golpeando a los países del BRICS y a América Latina, especialmente a Venezuela, es más criminal que nunca despertar expectativas en la “buena voluntad” de Obama y en la posibilidad de acuerdos progresivos con el imperialismo opresor.

6.- El cambio en las relaciones cuabno-estadounidenses apunta a alcances mucho más amplios, en el marco de la rediscusión de las relaciones entre Estados Unidos y América latina. La “geopolítica” del Caribe y el proceso de restauración que amenaza consumarse en Cuba, están estrechamente ligados. La zona franca del gran Puerto de Mariel, construida con apoyo brasileño y donde planean establecerse numerosas empresas, entre ellas de capital chino, apunta a ser un centro clave del tráfico comercial y de la industria de maquila, a escasa distancia de los puertos norteamericanos conectándose a Asia y China a través del ampliado Canal de Panamá tanto como el nuevo canal que impulsa en Nicaragua el gobierno sandinista (estrecho aliado de Cuba), con financiación china. La jugada de Estados Unidos busca cerrar el paso a los intentos de China y Rusia de acercar a Cuba a su alianza, y asegurar la participación de las corporaciones yanquis en la “apertura” economía cubana, hoy frenada por un bloqueo que no impidió que fuertes intereses españoles y europeos en general, como también canadienses, se establecieran en la Isla. Obama apunta al mismo tiempo a minar la alianza entre Cuba y Venezuela y poner límite a los intereses de sus socios europeos y de Brasil en Cuba, clave estratégica del Caribe. Estados Unidos necesita de América latina como punto de apoyo para defender su cuestionada hegemonía mundial, limando la influencia alcanzada por las “potencias emergentes” de los llamados BRICS y evitando alianzas regionales indeseables. En este sentido, es parte de una línea para mejorar sus deterioradas relaciones con el conjunto de la región y recuperar autoridad. Distender elementos de fricción como las diferencias en la “cuestión cubana” es un elemento muy importante en esta rediscusión de las relaciones continentales. En este marco de revisión de las supervivencias de la “guerra fría” como el bloqueo, debe encuadrarse también el claro apoyo de Obama al “diálogo de paz” en La Habana entre las FARC y el gobierno de Santos para poner fin al histórico conflicto armado en Colombia.

7.- En este contexto, debe alertarse que si bien establecer relaciones comerciales “normales” con la mayor y más cercana economía del mundo es una necesidad objetiva para la pequeña y débil economía cubana, constituye también un canal de presiones formidable para los designios del imperialismo, que pondrá en juego sus enormes recursos económicos, financieros y tecnológicos, pudiendo utilizar el peso de la emigración cubana, entre la que hay una acaudalada burguesía, para multiplicar las presiones procapitalistas, al tiempo que seguir presionando por una “apertura política”. Los dirigentes del imperialismo norteamericano se avienen hoy a una línea más tolerante hacia la burocracia castrista, como la que han adoptado en China o Vietnam, donde aceptaron que fueran los burócratas “comunistas” los que dirigieran el retorno al capitalismo. Pero no por ello, dejarán de hacer presión por diversos medios -incluido el chantaje económico maniobrando con el bloqueo, aún vigente- para imponer sus exigencias. Por todo ello, la contracara de la distensión con Washington puede ser que Cuba sea empujada aún más hacia un salto cualitativo en el proceso de restauración capitalista. De hecho, la economía nacionalizada ya ha sido fuertemente degradada por las medidas “pro mercado” que viene adoptando la burocracia desde hace años y que se han ampliado gravemente desde el 6° Congreso del PCC, incluyendo medidas como la nueva Ley de Inversiones Extranjeras.

8.- El gobierno de Raúl Castro presenta la recomposición de relaciones como un triunfo diplomático con el que avalar su rumbo general, de medidas de mercado y ajustes a expensas de los asalariados , de demolición de lo que queda en pie de la economía nacionalizada y otras conquistas de la revolución, y de mayor apertura al capital extranjero, al tiempo que buscará una mayor distensión con Estados Unidos. La burocracia cubana sigue el ejemplo de la burocracia China, de avanzar hacia la restauración capitalista de manera gradual y manteniendo el régimen de “partido único” como forma de garantizar sus privilegios. Al amparo de este control estatal, sectores de la propia burocracia hacen millonarios negocios, se ligan cada vez más al capital extranjero y preparan el camino de su propia acumulación para reciclarse como una nueva burguesía. En los últimos años se han adoptado una serie de reformas económicas buscando atraer capitales extranjeros, desligar del Estado áreas económicas importantes y erosionar conquistas populares como la salud, la educación, el pleno empleo y otras, mientras se amplía el campo para la “iniciativa privada”. Esto junto a las medidas “pro mercado” ya ha venido propiciando el terreno para el surgimiento de una capa social con acceso a mayores beneficios y que pugna por una mayor apertura, que es la base de una política más abiertamente restauracionista, junto a la propia burocracia castrista. Todo esto, mientras el régimen asfixia las posibilidades de vida política independiente de la clase trabajadora y el pueblo cubano pero permite una actividad creciente de la Iglesia, esa vieja contrarrevolucionaria, que aparece como la única oposición tolerada e interlocutor privilegiado del gobierno. De hecho, desde los tiempos de Juan Pablo II la iglesia cubana viene jugando un papel creciente, en estrecho diálogo con el gobierno de La Habana, para “acompañar” el curso restauracionista, predicando la “reconciliación” con el exilio cubano, etc.

9.- Los gobiernos progresistas y la mayoría de la izquierda latinoamericana, sobre todo entre quienes apoyan a la dirección cubana, saludaron con euforia el acuerdo entre Obama y Raúl Castro, y se apresuraron a considerar un gran “triunfo revolucionario” el restablecimiento de relaciones, embelleciendo el rol de Obama y el Papa, al tiempo que avalan el curso restauracionista del gobierno de Raúl Castro. Lamentablemente, la confusión ha arrastrado a sectores de la izquierda trotskista que creen ver que “David venció a Goliat”, como titularon los compañeros del Partido Obrero (PO), de Argentina, cediendo de manera impresionista al entusiasmo de la opinión pública progresista. Una visión tan exitista está en completa contradicción con los enormes peligros que entraña el acuerdo Obama-Raúl Castro y la necesidad de una política correcta para enfrentarlos, pues ve un triunfo de la revolución cubana sobre los intereses del imperialismo, cuando éste viene avanzando y se prepara a mayores avances. Desde un punto de vista opuesto, el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU brasileño) y su corriente internacional, la LIT-CI, declaran que el restablecimiento de relaciones obedece a que Cuba ya hace mucho tiempo que retornó al capitalismo. Esta equivocada caracterización es usada para justificar el abandono del programa de revolución política para Cuba, abandono ligado a las revisiones de la teoría de la revolución permanente que esta corriente defiende bajos las formulaciones de “revolución democrática” que lleva a a gravísimos errores políticos, como levantar un programa basado en demandas democráticas desligado de la defensa de las conquistas estructurales de la revolución, a las que ya dan por liquidadas, con lo que se adapta, impotente, a la presión de la “contrarrevolución democrática”. La LIT-CI confunde el comienzo de la película: el proceso de descomposición del Estado obrero burocratizado en Cuba, y de desmantelamiento de sus bases progresivas, como la expropiación de los medios de producción, con el final: la plena restauración capitalista, a la que da por consumada desde hace años. Nuestra corriente considera que si bien el proceso de degradación de las conquistas estructurales de la revolución viene avanzado amenazadoramente y es la propia burocracia gobernante la que socava sus fundamentos con sus medidas “pro mercado” y de ajuste, no se debe abandonar su defensa y la lucha por su recomposición. Por eso, es preciso levantar el programa de la revolución política, que incluye tareas económico-sociales,lo que supone la conquista de un régimen de genuina democracia obrera y socialista basado derrocando a la burocracia, para recomponer sobre bases sanas, la economía planificada y un Estado obrero revolucionario. La revolución política en Cuba es una tarea histórica de dimensión internacional, inseparable de la lucha continental contra el imperialismo y por una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.

10.- Los que defendemos consecuentemente las conquistas de la revolución cubana de 1959, debemos alertar claramente los peligros que encarna la nueva política cubana de Barack Obama y llamar a no confiar en el gobierno de Raúl Castro y sus planes, como tampoco en los gobiernos progresistas que saludan la distensión con el imperialismo al tiempo que apoyan la marcha hacia el restablecimiento del capitalismo en Cuba. Defendemos el derecho de Cuba a mantener relaciones diplomáticas normales con todos los países, pero criticamos que sean presentadas embelleciendo al gobierno de Obama y al rol “mediador” del Papa. Exigimos del gobierno de Estados Unidos la finalización inmediata y sin condiciones del criminal bloqueo económico y la devolución de Guantánamo, enclave colonialista en territorio cubano. Nos oponemos al plan de reformas restauracionistas y de ajuste que viene implementando el gobierno de Raúl Castro con el aval de Fidel. Reclamamos plena libertad de organización sindical y política para la clase obrera y para las corrientes políticas que defienden las conquistas de la revolución y se oponen al imperialismo. No a las medidas de ajuste y los recortes a la distribución de alimentos, la educación, la salud y demás conquistas que alivian las penurias cotidianas del pueblo cubano. Sí a la abolición de los privilegios y prebendas de la burocracia, que parasita al Estado y corrompe, despilfarra y desvía sus recursos en su propio beneficio. Hace falta imponer el control colectivo de los trabajadores sobre todos los aspectos de la vida económica, incluyendo la revisión de aquellas medidas que van contra los intereses del pueblo trabajador y decidir democráticamente un nuevo plan para reconstruir las bases dañadas de la economía nacionalizada en función de la defensa y desarrollo de las conquistas revolucionarias. Estamos por el fin del régimen de “partido único” que ahoga y reprime toda posibilidad de vida política independiente entre las masas. Debe acabarse con los “nuevos ricos” que prosperan a la sombra de la corrupción estatal y gracias al “mercado”. No a la “apertura” al capital extranjero, revisión de toda concesión lesiva a los intereses de la revolución. La casta dirigente no va a “autoreformarse” en sentido revolucionario; una verdadera democracia obrera y socialista sólo podrá ser conquistada con la movilización y autoorganización de las masas, derrocando a la burocracia restauracionista. Es cierto que la pequeña Cuba no puede aspirar a la ilusión, en su tiempo alimentada por el castrismo, de “construir el socialismo en una sola isla”. Una verdadera democracia de los trabajadores a todos los niveles es la base de un poder obrero y de masas que pueda contrarrestar las presiones restauracionistas, decidir hasta dónde es inevitable hacer concesiones y cómo proteger, ante todo, la fuerza de la clase trabajadora y la naturaleza de clase y revolucionaria de su Estado. La clase trabajadora de Cuba enfrenta una peligrosa encrucijada, pero la crisis del capitalismo puede complicar los planes imperialistas hacia la isla, mientras que la clase trabajadora internacional, que está dando pasos sintomáticos de lucha en varios países, puede constituirse en un poderoso aliado del pueblo trabajador de Cuba y aportarle nuevo aliento a la defensa de las conquistas de la revolución. Hoy, los trabajadores cubanos pueden encontrar poderosos aliados en los oprimidos negros y latinos y la juventud en el seno de los propios Estados Unidos; en los trabajadores y estudiantes mexicanos que se movilizan contra el gobierno de Peña Nieto y los crímenes de estado como la desaparición de los normalistas de Guerrero; en los trabajadores que en el continente enfrentan ataques patronales y ajustes gubernamentales (incluidos los de gobiernos “progresistas”), para hacerles pagar la crisis. Está planteada la necesidad estratégica de una nueva dirección obrera y socialista en Cuba, independiente del castrismo, pero también irreconciliable con la Iglesia y con las “disidencias” proimperialistas. Es preciso alentar la puesta de los cimientos de una corriente revolucionaria e internacionalista, inspirada en el legado de Marx, Lenin y Trotsky, con un programa que incluya tareas como las señaladas.

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