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FRANCIA

Los atentados de Paris y la posibilidad de un movimiento antiguerra

12/11/2015

Los atentados de Paris y la posibilidad de un movimiento antiguerra

En medio del miedo y el shock generado por los brutales atentados del 13 en París, las operaciones contraterroristas en Saint Denis y la política de Hollande -del “tout securitarie” en lo interno y como si fuera Bush en lo externo-, difícil ver un panorama más oscuro. Sin embargo, si miramos más allá de la superficie, la posibilidad de que surja un movimiento contra la guerra imperialista y en defensa de las libertades democráticas es algo que está inscripto en la etapa que se abre.

No estamos en enero

Después de los atentados a Charlie Hebdo y el supermercado Cácher, el repudio a los atentados había fortalecido y permitido un nuevo respiro a Hollande y al régimen republicano, poniendo a la defensiva por un momento a la extrema derecha que quedó afuera de la unidad nacional.

Hábilmente, el presidente francés había movilizado los valores culturales de la izquierda post 68, lo que le permitió canalizar -con la acción en las calles del 11 de enero y detrás del “Je suis Charlie”- al llamado “pueblo de izquierda”. A su vez, con esta operación política había marginado y abierto una brecha social entre los sectores ilustrados y progresistas de las clases medias y la juventud de las banlieus. Marginando y estigmatizando nuevamente a estos “ciudadanos franceses de segunda” que no glorificaban los nuevos iconos de la República.

Frente a los actuales atentados, en cambio, la base social de Hollande solo se encuentra con el miedo, que ensalza y realimenta su discurso bushista. El régimen está desnudo: solo puede ofrecer más guerra interna y externa, más vulneración de los derechos democráticos fundamentales, una “tregua social unilateral” que no convence (como se ve en la declaración de la CGT, también contra la guerra) o que genera amplias dudas en sectores de la población.
¿Es éste el camino que nos lleva a una verdadera “paz y tranquilidad”? ¿Tendremos que vivir todos los días con un atentado? ¿El “bonheur” [expresión francesa que indica un estado de completa satisfacción] francés, nunca más?

La realidad es que Hollande y la burguesía francesa no tienen una salida de fondo a la altura de sus posibilidades reales -no de la retórica de su discurso o de la bravuconada de sus acciones- para resolver las contradicciones que están estallando.

En Medio Oriente, por más que incrementa sus acciones militares, el imperialismo francés depende de la voluntad de otras potencias, en especial Rusia y los EEUU.

Por otra parte, el desarrollo de una radicalización interna de una franja de las banlieues expresa la política histórica de postergación y discriminación del estado francés hacia esta franja de la población, que ya en 2005 había terminado en las revueltas. Desde entonces, nada se resolvió. Por el contrario, la fractura social se profundizó debido al racismo de estado intrínseco al carácter del régimen y el estado francés.

Es en este marco que Hollande dice que “estamos en guerra”, pero en una guerra que no tiene objetivos claros ni un plan preciso, las vulnerabilidades pueden estallar más temprano que tarde. Esta debilidad estratégica se expresa por ahora en que la “unidad nacional” reaccionaria por arriba -llena de contradicciones- no es acompañada en amplias franjas de la población con un discurso hegemónico, por abajo.

Por ejemplo, los liceístas que se movilizaron en varias ciudades de Francia estos días, más allá de los actos oficiales, para mostrar solidaridad con los jóvenes muertos y repudiar la barbarie de los atentados, difícilmente vean que sus sentimientos humanistas pueden ser correspondidos por un gobierno y un régimen cada vez más “neocon”. Un gobierno que toma prestado gran parte del discurso y el programa de seguridad de la derecha e incluso de la extrema derecha francesa.

La guerra en Medio Oriente fuente de nuevos y permanentes coletazos

Hollande, para mostrar la autoridad y el “músculo” de Francia, se mete cada vez más en el cenagal del Medio Oriente. Aunque detrás de su retórica, la realidad es que lo hace con medios y recursos limitados. Su giro hacia una coordinación en el teatro sirio con Rusia, acelerada por los atentados y por los intereses disímiles de ambos, está llena de contradicciones. Tampoco está claro que los Estados Unidos quieran comprometerse aún más, y mucho menos sus socios europeos, que están viendo un poco estupefactos la declaración de guerra de Francia, una guerra sin objetivos claros. En otras palabras, su esfuerzo guerrerista rápidamente puede exponer sus fuertes vulnerabilidades, que serán explotadas por sus enemigos tanto en el tablero del Medio Oriente como en el territorio europeo y francés para detener la escalada en Francia.

A su vez, los coletazos de las políticas y masacres imperialistas en Medio Oriente y África se extienden a Europa, como ya lo muestra la crisis de los refugiados y los atentados del 13 de noviembre. Guerras e intervenciones imperialistas que dejaron cientos de miles de muertos desde que Estados Unidos invadió Afganistán e Irak, que crearon las condiciones para que surjan fenómenos aberrantes como el ISIS y que sostienen a aliados completamente reaccionarios, desde Israel hasta Arabia Saudita y la dictadura egipcia.

No hay muro que pueda impedir que las repercusiones de esas acciones hoy se extiendan directamente en Europa, en especial cuando existe una radicalización de una franja de los ciudadanos franceses de origen árabe dejados durante años a su suerte por el estado capitalista y sus políticos.

Un salto en el intervencionismo militarista de Francia solo puede agravar esta situación. El ataque en un hotel en la capital de Mali, ya parece ser muestra de ello. Nuevos atentados y otras lacras, lamentablemente, se pueden prever: ¿está el pueblo francés dispuesto a entregar sus espacios de sociabilidad a una maquinaria de guerra permanente a la norteamericana?

Un movimiento distinto a los movimientos antiguerra de los años 2000 en Europa

De concretarse la posibilidad de que surja un gran movimiento contra la guerra, que al principio puede expresarse con un carácter más minoritario y de vanguardia como durante la guerra de Argelia, está claro que este tendrá un carácter y fisonomía distintos a los movimientos contra la guerra de Irak en la década del 2000 en Europa.

En primer lugar, porque la crisis capitalista que se arrastra desde 2007/8 ha agravado las contradicciones de la UE. El capitalismo europeo en general y el francés en particular se encuentran en un callejón sin salida.

Por otra parte, porque la contestación actual deberá hacer frente a Estados y regímenes más bonapartistas, como ya estábamos viendo en Francia antes de los atentados del 13 de noviembre y que ahora pegan un salto en su carácter y giro autoritario.

Y finalmente, algo fundamental, que todo movimiento que surja se topará desde el comienzo con la hostilidad, las agresiones verbales y físicas de los sectores identitarios y de extrema derecha, como ya estamos viendo con el aumento de los ataques islamófobos que se han multiplicado desde el pasado día 13. Estos sectores, fortalecidos con los atentados, solo proponen la salida utópica y reaccionaria del repliego en sí, la vuelta al estado nación. Esto, cuando los acontecimientos actuales muestran precisamente la crisis del estado nacional (no es casualidad que esta crisis se viva de manera más “existencial” y aguda en Francia, debido a su tradición centralista desde antes de la Revolución Francesa y que ésta prolongó, así como el gaullismo en el siglo XX). Cuando se muestra su impotencia para lidiar con las tendencias profundas de la economía mundial, su refracción en la política y la lucha de clases, ya que hace años las fuerzas productivas superaron las fronteras nacionales y chocan con el estado nacional y sus fronteras. Una contradicción que solo puede resolverse progresivamente con el avance de la revolución internacional y una política de solidaridad entre los pueblos, es decir, una política internacionalista proletaria.

Transformar la bronca frente a los atentados en una lucha contra la política guerrerista imperialista

Frente a los trágicos acontecimientos actuales las organizaciones que se reclaman del trotskismo tienen una enorme responsabilidad. Es fundamental levantar una política valiente y un programa correcto frente al giro liberticida, xenófobo y guerrerista del régimen francés y de Hollande. Un programa que partiendo del repudio completo a los atentados y la solidaridad con las víctimas, enfrente el estado de emergencia, las guerras imperialistas y el racismo. Un programa de este tipo puede lograr un nuevo auditorio en la población, que teme por algo tan elemental como su supervivencia o la de sus amigos y allegados.

Un discurso y un diálogo simple con los trabajadores y estudiantes en sus lugares de trabajo y estudio, que plantee por ejemplo: "si querés que no haya más atentados, que no maten a tus familiares, a tus amigos o a vos mismo, lo único que podemos hacer es un gran movimiento para parar las intervenciones de nuestro(s) gobiernos imperialistas en África y Medio Oriente. Luchar contra recorte a nuestras libertades, que solo deja libertad de acción a los reaccionarios que nos gobiernan. Nuestra barbarie (la de nuestros gobiernos) es contestada con la barbarie de los jihadistas.”

Un discurso como éste puede aumentar la audiencia y la influencia de la extrema izquierda frente a sectores de la población que están aterrorizados por la posibilidad de nuevos ataques terroristas, pero también hastiados del ruido de sirenas policiales, de los camiones del ejército dando vuelta por Paris y los milicos patrullando las casas con sus ametralladoras amenazantes.

Es que a medida que sigan avanzando los costos y los fuertes “daños colaterales” de la política que proponen Hollande y la extrema derecha, que van a agravar las conmociones y desgarramientos que padecen el pueblo trabajador, el discurso y el programa de los revolucionarios puede aparecer como el único realista. A esto apostamos los revolucionarios y será el mejor homenaje y venganza a todos los que murieron inútilmente en la trágica noche del 13 de noviembre.

Foto: El portaviones nuclear francés Charles De Gaulle sale del puerto militar de Toulon hacia Oriente Próximo, 18/11/2015. Foto: EFE/Sebastien Nogier

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