FT-CI

Elecciones presidenciales en Francia: ¿El poder a los trabajadores o el voto en la urna?

¿Qué hará el Frente de Izquierda con la buena dinámica de Melenchon?

12/04/2012

A pocos días de la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia, el 22 de abril, los medios argentinos han publicado diversos artículos presentando al candidato del Frente de Izquierda, Jean Luc Melenchon, como el “nuevo fenómeno político de la izquierda francesa”.
Publicamos a continuación extractos de un artículo de la Corriente Comunista Revolucionaria del NPA (www.ccr4.org), donde militan nuestros compañeros y compañeras de la Fracción Trotskista en Francia, sobre el verdadero contenido del “Frente de Izquierda” de Melenchon.

Por Romain Lamel

Jean-Luc Mélenchon está teniendo una importante dinámica en su campaña electoral. ¿Pero qué hará con ella el Frente de Izquierda? ¿Entrará en el gobierno? ¿Qué reivindicaciones se propone satisfacer? Este debate se actualiza luego de la exitosa manifestación del 18 de marzo en la Bastilla.

Tanto los medios de comunicación como las encuestadoras no dejan de resaltar que la campaña del candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, está generando un enorme entusiasmo. El copresidente del Partido de Izquierda alcanza el 14 % de las intenciones de voto según las últimas encuestas de opinión. Este entusiasmo se confirma en la creciente participación del público en sus reuniones. El domingo 18 de marzo reunió a varias decenas de miles de personas entre Nación y la Bastilla (entre 100 mil y 120 mil personas según la dirección del Frente de Izquierda). La dinámica de Jean-Luc Mélenchon es producto de un descontento social hacia las políticas de austeridad, pero también del reflujo social que existe en Francia como consecuencia de la derrota reivindicativa del movimiento de las jubilaciones, por responsabilidad de la política de las direcciones sindicales confederales que hicieron todo lo posible para bloquear la progresión de las medidas hacia la huelga general, lo que hubiese permitido hacer retroceder a Sarkozy. Este fenómeno que expresa en el terreno electoral la crisis social latente que vive Francia, ¿es realmente una defensa efectiva de los intereses de nuestra clase? ¿Qué propone Mélenchon para "cambiar las cosas"? Analicemos las perspectivas estratégicas de su orientación electoral.

Si esta proyección es real, es necesario apreciarla en su justo valor. Las candidaturas provenientes del Partido Comunista Francés, del movimiento trotskista y del movimiento social representaban el 11,23 % en 1988; el 13,94 % en 1995; el 13,81 % en 2002 y el 9 % en 2007. La debilidad de 2007 se explica por el impacto de la presión del voto útil en un electorado de izquierda traumatizado por el síndrome del 21 de abril y el estancamiento de la campaña de Ségolène Royal cuya presencia en la segunda vuelta no estaba asegurada. Las encuestas daban entre un 11 y un 12 % de intención de votos a la suma de los candidatos Besancenot + Arthaud + Mélenchon, hasta la retirada de la candidatura del primero en mayo de 2011.

La "dinámica" Mélenchon se basa en que el candidato del Frente de Izquierda logró absorber por un lado el espacio político de la extrema-izquierda, y por el otro que logra movilizar al electorado tradicional del PCF y de los jóvenes. En este sentido Jean-Luc Mélenchon es el sucesor de Arlette Laguiller en 2002 y de Olivier Besancenot en 2007, en el papel de candidato "más popular" a la izquierda del Partido Socialista. Además, el apoyo que tiene por parte del aparato del PCF le permite alcanzar porcentajes en intención de votos que no pudieron obtener en su momento ni la candidata histórica de Lutte Ouvriere ni el joven cartero de la ex-LCR.

Es muy lamentable que el espacio electoral a la izquierda del PS, que anteriormente fue ocupado por representantes de la extrema izquierda y externos al juego político institucional, tales como Arlette Laguiller u Olivier Besancenot, sea hoy ocupado por un ¡ex ministro del PS! Sin embargo, ¿el actual voto a Mélenchon expresa una mayor adhesión a su discurso político que el voto que obtuvo la extrema-izquierda en las elecciones pasadas? Sólo los acontecimientos políticos de los próximos meses nos permitirán determinarlo. Habrá que ver especialmente cuál será la capacidad de los dirigentes del Frente de Izquierda de sobrepasar el marco estrictamente electoral, superando sus contradicciones internas para ir hacia una estructura política más perdurable. Interesémonos ahora por las perspectivas políticas de Jean-Luc Mélenchon. ¿Qué cauce y qué salida política pretende darle a este arrasador fenómeno electoral? Clementina Autain, miembro del Comité de campaña de Jean-Luc Mélenchon nos da un primera respuesta: "no es lo mismo ser una única fuerza unida: un buen resultado fragmentado entre 3 o 4 partidos no tiene ningún peso político. Unidos nos transformamos en una fuerza política y un interlocutor reconocido". ¿Un interlocutor reconocido? ¿Para quién? Si se trata simplemente de ser reconocido ante la base, un compromiso militante y una participación en los espacios mediáticos abiertos durante la campaña electoral deberían alcanzar. ¿Este reconocimiento es el mismo que el que busca Bernard Thibault para sentarse en la mesa de negociaciones? ¿Acaso el Frente de Izquierda necesita ser reconocido cerca de un partido poderoso para abrir negociaciones gubernamentales?

Ambigüedades gubernamentales

No demos más vueltas alrededor de la cuestión. El partido poderoso al lado del cual el Frente de Izquierda quiere ser "un interlocutor reconocido" es el PS. Sin embargo, Jean-Luc Mélenchon viene aclarando en repetidas oportunidades, de una manera mucho más explícita que en el pasado, que no participaría de otro gobierno que no sea el que él dirija. ¿Nuestras sospechas de ministerialismo son entonces infundadas? Otras declaraciones son más ambiguas. En el canal de TV France 5, el 11 de marzo, el candidato de la Frente de Izquierda fue invitado a la emisión C Politique, y cuando le preguntaron sobre una participación eventual en un gobierno de Hollande, respondió: "Yo no participaría". ¿Esto significa que otra persona lo haría en su lugar? ¿Un segundo que garantizaría la política gubernamental dejándole el brillo de la pureza al líder? ¿Serían representantes del PCF?

Las intenciones de Pierre Laurent, secretario nacional del PCF, en el JDD muestra que esta hipótesis se está discutiendo: "es la calidad de los proyectos que lo determinará. Si hay una verdadera ruptura con las políticas de austeridad, examinaremos la posibilidad". ¿Si François Hollande repite las intenciones que sostuvo en el Bourget según el cual el adversario es "el mundo de las finanzas", el PCF iría al gobierno deseando que no declare exactamente lo contrario algunas semanas más tarde en la City?

¿Ministros del Frente de Izquierda en el próximo gobierno de Hollande?

Estas ambigüedades no son sólo del PCF. Eric Coquerel, miembro del Buró Nacional del Partido de Izquierda, la instancia más alta y dirigente del partido de Jean-Luc Mélenchon, declaró a propósito de François Hollande que: "no puede dirigirse a la vez al MoDem y a toda izquierda. Será Bayrou o nosotros". ¿Dirigirse a Bayrou o "a nosotros"? ¿Para qué? Si únicamente se trata de discusiones, cada uno puede conversar con quién le plazca. Este tipo de declaraciones, "Bayrou o nosotros", también fueron planteadas por Jean-Luc Mélenchon en vísperas de las elecciones regionales. El resultado fue la fusión de las listas del Frente de Izquierda y del Partido Socialista en 10 regiones, entre las dos vueltas. Si agregamos a éstas las 6 regiones en las cuales el PCF se presentó desde la 1a vuelta sobre las listas del Partido Socialista, el Frente de Izquierda participa hoy en 16 de 22 ejecutivos regionales de Francia metropolitana. Ya vimos mejor en términos "de independencia" en relación con los "social liberales". Si antes de las elecciones presidenciales el Frente de Izquierda hace las mismas declaraciones que antes de las elecciones regionales, ¿qué es lo que le impedirá participar en el ejecutivo nacional si ya participa de ejecutivos regionales? Si el Frente de Izquierda no tiene problema en subvencionar desde los Consejos Regionales a empresas que despiden, participar de la precarización en la administración pública territorial, votar presupuestos a la baja para la educación secundaria, etc., ¿por qué tendría algún problema en garantizar los planes de austeridad de un próximo gobierno socialista?

Por eso es completamente factible que los segundos candidatos del Frente de Izquierda entren en un gobierno de Hollande del cual Jean-Luc Mélenchon quedaría afuera. Después que el ex ministro de Lionel Jospin declaró que sólo participaría en un gobierno dirigido por él, periodistas de i> Tele le plantearon el pasado 7 de marzo esta hipótesis: ¿cómo sería un gobierno Mélenchon?

"Tendremos aliados: ¿quiénes quiere que sean? No hay cincuenta: los ecologistas, los socialistas", respondió el candidato del Frente de Izquierda. Qué lejana parece la época en que el tribuno del Parlamento Europeo quería en forma prioritaria unir a "la otra izquierda" (incluso al NPA). Hoy la ocupación del terreno electoral de la extrema-izquierda parece bastarle. De esta manera las propuestas del Frente de Izquierda podrían ser aplicadas por dirigentes del PS. ¿Cómo podría Jean-Luc Mélenchon aumentar el salario mínimo Interprofesional a 1 700 euros en bruto con un Ministro de Hacienda como Pierre Moscovici, director de campaña de François Hollande y ex brazo derecho de Dominique Strauss-Kahn? ¿Cómo podría regularizar Jean-Luc Mélenchon a los trabajadores sin papeles con un Ministro del Interior como Manuel Valls, director de comunicación de François Hollande?

Tres guiones para una traición

En caso de una victoria de François Hollande, hay tres posibles guiones para la dirección del Frente de Izquierda. El primero es el de la Izquierda Plural de 1997 a 2002, el de una integración al gobierno desde la investidura de François Hollande. Este guión parece estar excluido por ahora. El traumatismo del 21 de abril de 2002 y el apartamiento por primera vez del candidato del PCF, Robert Hue en aquel momento, con un porcentaje de votos por debajo del umbral del 5 %, y detrás de Arlette Laguiller y Olivier Besancenot hace que esta idea sea inaplicable a los ojos de los militantes del Frente de Izquierda.

Durante cinco años, los ministros del PCF y Jean-Luc Mélenchon, entonces ministro delegado a la Enseñanza profesional, le garantizaron el conjunto de las privatizaciones llevadas a cabo por el gobierno Jospin (France Télécom, Air France, las Autopistas del Sur etc.), la intervención militar en Kosovo y en Afganistán, los planes de despidos a Danone, Marks&Spencer, Michelin,… para quienes el Estado "no podía todo" como lo decía, en ese entonces, Jospin. Los ferroviarios se encontraban confrontados con la política de Jean-Claude Gayssot, ministro PCF de los transportes, que separaba la red ferroviaria (RFF) y el transporte ferroviario (SNCF- Compañía Nacional de Ferrocarriles Franceses), preludio a todo intento de privatización de este sector. Hoy, ningún grupo de trabajo PS / PCF se reúne para preparar un eventual acuerdo gubernamental.

El segundo guión es el de la victoria de la Unión de la Izquierda en 1981. En ese momento el PCF esperó la elección de sus diputados para unirse al gobierno de Pierre Mauroy. Parece que este es el guión privilegiado por la dirección del PCF. Los cuadros intermedios y ciertos representantes locales abogan a favor de esta opción. Pierre Laurent le declaró por otra parte a Mediapart que "las mayorías políticas se constituyen en el momento de las legislativas. Recién en ese momento habrá que resolver, no antes. Como en 1981". La dificultad es que después de dos años de "redistribución de las riquezas", el gobierno Mauroy fue el primero en aplicar la austeridad neoliberal en Francia.

Llegamos entonces al tercer guión, el que aplicó el PCF en 1983 o también bajo el Frente Popular en 1936, el del apoyo sin participación en el gobierno. En este guión el Frente de Izquierda le daría su apoyo parlamentario al gobierno de Hollande, absteniéndose si es necesario en el anfiteatro (lo que en los hechos equivale a votar a favor), pero sin por ello participar del gobierno. Esta elección podría ser tomada si François Hollande se obstina en anclar su campaña en el centro y en no querer negociar nada de su programa. Por su parte, el Frente de Izquierda está dispuesto a concluir un acuerdo para constituir una mayoría parlamentaria. Los tres guiones aportan matices en la política a seguir, pero se sitúan en el marco de una estrategia de presión sobre el PS y su futuro gobierno y ninguno se compromete con una necesaria oposición frontal, que deberemos llevar adelante ante las políticas de austeridad del próximo gobierno, ya sea que se asuma de derecha o que se pretenda de izquierda. Es lo que demuestra esta entrevista a Clementina Autain, vocera del candidato del Frente de Izquierda, donde afirma: "cuanto más alto estemos en las encuestas, más pesaremos a favor de la victoria de la izquierda y a favor de una política de transformación social y ecológica. François Hollande no podrá continuar despreciándonos y mirando al centro si aparecemos en las urnas como una fuerza de primer orden. Votar por el Frente de izquierda es la garantía para que la izquierda tenga éxito si accede a cargos de responsabilidades. […] La dinámica alrededor de la candidatura de Jean-Luc Mélenchon ya produce sus efectos. Cuando François Hollande se enfrenta al mundo de las finanzas en Bourget, o cuando propone un impuesto para los hyper-ricos, viene a sobre nuestro territorio. Es muy bueno. Cuanto más aumenta nuestra influencia, más posibilidades tenemos de hacer cambiar al candidato socialista." [1]

Mélenchon y el Frente de Izquierda están pues en la vereda opuesta a una alternativa independiente de los trabajadores, se sitúan por el contrario como la pata izquierda del gobierno que intentará hacerle pagar la crisis a los trabajadores. En este sentido no es inútil recordar que en sus comienzos en política, el Sr. Mélenchon era un aficionado defensor del Sr. Mitterrand y que continúa defendiendo hasta nuestros días la herencia de este gobierno que simplemente inauguró todas las políticas liberales en Francia.

La vieja cara del reformismo detrás de un discurso radical

Esta práctica abiertamente conciliadora se conjuga con una retórica muy radical. El afiche de campaña es al respecto muy revelador. El eslogan "Tome el poder" parece de los más izquierdistas. Los títulos del blog de Mélenchon tienen el mismo contenido: el 11 de marzo titulaba "La insurrección, es ahora"; el 16, "¡Antes del asalto al poder!". ¡Caramba! ¿El candidato del Frente de Izquierda estaría preparando la caída del capitalismo en los próximos días? Un primer impulso nos empujaría a decir: compañero, tomemos el poder, organicémonos en las empresas y convenzamos a los trabajadores de la insurrección necesaria para derribar el capitalismo y expropiar al capital. Luego, el despertador suena y recordamos que el que nos pide "tomar el poder" está solamente llamándonos a votar por él en la próxima elección presidencial; que "la insurrección" a la cual estamos invitados es sólo un referéndum para la VI República y que el "asalto al poder" programado es sólo la organización de una mayoría parlamentaria con el PS. ¿Por qué entonces utilizar un vocabulario tan exagerado que va claramente más allá de las reivindicaciones como la interdicción de todos los despidos colectivos o el aumento de todos los ingresos de 300 euros, reivindicaciones por las cuales Jean-Luc Mélenchon se niega a pronunciarse? El vocabulario exagerado es la condición para que un dinosaurio de la política institucional como él pueda aparecer como una alternativa nueva y radical y sirva para canalizar la cólera popular, el descontento social hacia un proyecto inofensivo para las estructuras de la economía de mercado y en el marco de este régimen político.

Inofensivo para las clases dominantes, Jean-Luc Mélenchon quiere aparecer como tal en la prensa económica. En una entrevista consagrada al periódico Les Echos del 16 de marzo, Mélenchon quería tranquilizar a los capitalistas: "los inversores no tienen ninguna razón para tener miedo de mi programa". Así, el aumento del salario mínimo interprofesional a 1700 euros netos llegaría solo al finalizar su mandato. Para Mélenchon, la cuestión de los aumentos salariales por otra parte no es concebida desde el punto de vista de la lucha entre el capital y el trabajo para derribar la relación de fuerza sino para reactivar el consumo en interés del empresariado. En la misma entrevista, el candidato del Frente de Izquierda afirma que "su programa va a reactivar la actividad y a redinamizar toda la red industrial" asegurando que "las empresas encuentran en esto su beneficio". Mélenchon no cuestiona las leyes devastadoras de la competencia capitalista internacional.

Más allá de los efectos retóricos radicales, Jean-Luc Mélenchon se sitúa como un funcionario leal del Estado. Así, en su discurso en la Bastilla el 18 de marzo, no vaciló un segundo en acabar su discurso por un vibrante "¡viva Francia!". Francia, esta potencia imperialista, el candidato del Frente de Izquierda la transforma en objeto de pasión patriota que reaviva los instintos chauvinistas más bajos. Esta elevación lírica en la plaza de la Bastilla, donde se veía la bandera roja mezclada a la bandera francesa, no le debe nada al azar. En su manifiesto, Que se vayan todos, Jean-Luc Mélenchon desea atar la Valonia a Francia [2] y se queja que "Francia dio en Europa 5 mil millones de euros de más de lo que recibió" [3]. Se enorgullece de que su querido país sea "la quinta potencia del mundo" [4] "la primera población de la Unión Europea dentro de quince años, el primer territorio su extensión, el segundo PIB del Viejo Continente, una potencia nuclear" [5], una "patria [6] republicana". Jean-Luc Mélenchon no milita en el internacionalismo de los pueblos y de los trabajadores sino que quiere defender el país en el cual vive para que sea "el pueblo más educado del mundo" [7].

Este furioso chauvinismo conduce al diputado europeo del Frente de Izquierda a una postura abiertamente reaccionaria con respecto a los pueblos colonizados o ex colonizados. Cuando habla "de países magrebíes", como de países con los que Francia tiene "una historia atada, parentescos y el uso común de una lengua" [8], no dice una palabra de los crímenes cometidos por el Imperio francés. En el acto en la plaza de la Bastilla, no vaciló en nombrar como "tierras francesas" a "Polinesia, la Guayana, Wallis y Futuna, Nueva Caledonia", olvidando así el derecho a la autodeterminación de los pueblos. El pueblo de Nueva Caledonia se pronunciará entre 2014 y 2019 sobre su independencia o su mantenimiento en el seno de la República francesa. No prejuzguemos su resultado pero sobre todo no nos hagamos cómplices de los siglos de matanzas, humillaciones y de ocupación cometidos por Francia en este territorio. ¿Hay que ver esta misma falta de internacionalismo cuando votaba en el Parlamento europeo una resolución a propósito de Libia que aprueba la zona de exclusión aérea y abre la vía así a la guerra?

A los tres guiones de la colaboración más o menos próximos al PS y a la estrategia de presión sobre éste, le oponemos otro: el de la oposición de clase franca y masiva, ante todos los ataques que intentará imponer el próximo gobierno, sea cual sea. Privilegiando la vía institucional, Jean-Luc Mélenchon permanece atrapado en su juego de alianzas con el PS para ocupar diversos puestos (consejeros regionales, diputados, senadores, ministros). Un gobierno en el marco de la economía capitalista es el protector del orden social. Participar de él es garantizar las políticas de represión social y prohibirse derribar el orden establecido. Mélenchon sigue siendo un político del sistema, y en ningún momento cuestiona su naturaleza como sistema de explotación y de dominación.


Notas

[1] Le Monde, 20 de marzo de 2012.

[2] Jean-Luc Mélenchon, op.cit., p.120.

[3] Ibíd., pp. 76-77.

[4] Ibíd., p.11 y p.53.

[5] ibid., p.121.

[6] ibid., p.13.

[7] ibid., p.36.

[8] Ibíd., p.129.

21/03/12

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