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Con la Correa al cuello
por : Juan Andrés Gallardo

15 Mar 2007 |

Rafael Correa cumple este 15 de marzo dos meses en la presidencia de Ecuador en medio de una profunda crisis institucional. Al cierre de esta edición un grupo de 57 diputados opositores destituidos por el Tribunal Supremo Electoral se negaban a dejar sus bancas mientras, por otra parte, distintas organizaciones sociales preparaban movilizaciones en apoyo a la convocatoria de una Asamblea Constituyente impulsada por Correa.

En su discurso de asunción, el presidente había prometido llevar adelante una "revolución ciudadana", llamar a una Asamblea Constituyente para acabar con la partidocracia (los viejos partidos del régimen) y llevar a Ecuador por la vía del "socialismo del siglo XXI". Sin embargo, en los dos meses que lleva en el poder, su gobierno estuvo signado por la puja entre las aspiraciones de las masas y la prepotencia de la partidocracia. Ante la negativa de los diputados destituidos a abandonar sus bancas, Correa podría llamar a una sesión extraordinaria para que asuman los legisladores suplentes. Pero más allá de la forma en que se puede cerrar provisoriamente la crisis, ésta no sólo da muestra de la debilidad actual sino que se presenta como un adelanto de la volatilidad en la que estará inmerso su mandato.

La crisis actual

Apenas asumió, Correa firmó un decreto para convocar a una Asamblea Constituyente. Sin embargo, la falta de parlamentarios propios (el partido de Correa no presentó candidatos a diputados en las últimas elecciones) mostró su debilidad ante el Congreso y la necesidad de pactar con sectores de la oposición para poder acordar un llamado negociado.

Es así que a pesar de sus discursos contra la vieja política, a pocas semanas de haber asumido, Correa terminó negociando con uno de los personajes más odiados por el pueblo ecuatoriano, el ex presidente Lucio Gutiérrez (ver recuadro) y su Partido Sociedad Patriótica (PSP). El acuerdo incluía el nombramiento de representantes del PSP en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el Banco Nacional de Fomento y la Fiscalía General de la Nación, a cambio de un voto a favor de la Constituyente en el Congreso. A pesar de todas estas concesiones, el bloque parlamentario de Gutiérrez, si bien votó a favor del llamado a un referéndum sobre la Constituyente, puso como condición que la misma no sea de "plenos poderes" como pedía Correa. Es decir que la Constituyente ni siquiera tendría la capacidad de disolver al Congreso una vez instaurada.

Correa envió la resolución con algunas modificaciones sobre el funcionamiento de la Constituyente al TSE para que convoque a un referéndum el 15 de abril, pero la oposición consideró inconstitucional esta convocatoria, abriendo de esa manera la actual crisis institucional. La semana pasada una mayoría parlamentaria votó la sustitución del presidente del TSE, pero éste, considerándose la máxima autoridad en época electoral destituyó a los 57 diputados (de un total de 100) que habían votado en su contra.

En los últimos días el enfrentamiento se agudizó mostrando que la derecha y los viejos partidos del régimen no están dispuestos a perder sus privilegios, apelando a todo tipo de maniobras, incluso rumores de golpe de Estado, para negociar en las mejores condiciones posibles el camino hacia una Constituyente lo más amañada posible.

Por su parte, Correa llamó a realizar movilizaciones en apoyo a la Constituyente, aunque de radicalizarse la situación nada indica que éste no sea sobrepasado por las acciones callejeras, como ya ocurrió durante febrero cuando grupos de manifestantes ocuparon las sedes del Congreso y las fiscalías regionales, y Correa terminó enviando a la policía para desalojarlos.

El gobierno de Correa y la descomposición del régimen

La crisis actual muestra en toda su magnitud la debilidad con la que asumió el gobierno de Correa, que no sólo llega tarde, sino en malas condiciones para frenar el proceso de descomposición del régimen ecuatoriano.

A diferencia de varios de los gobiernos latinoamericanos que pudieron anticiparse o contener las crisis en los regímenes, producto del agotamiento de los planes neoliberales en la región, el gobierno de Correa asume luego de diez años en los que los trabajadores, campesinos, indígenas y el pueblo ecuatoriano vienen de hacer experiencias con gobiernos de todo tipo (nacionalistas como lo fue en sus inicios Gutiérrez, neoliberales como Bucaram y demagogos como Mahuad) que los llevó a derribar a tres presidentes en ese período (ver recuadro).

Esto se da en el marco de una falta de parlamentarios propios en el Congreso que es aprovechada por la oposición en la negociación hacia la Constituyente y, a pesar de su alta popularidad actual, una escasa base propia y un partido sin ninguna estructura, tradición, ni extensión nacional que le permita convertirse en una mediación seria ante las aspiraciones de las masas.

Ecuador pareciera marchar así hacia un escenario a la "boliviana" pero mucho más descontrolado. Es decir que la pelea en torno a la Constituyente encontrará a Correa atenazado entre los duros roces (y negociaciones) con la derecha y los viejos partidos del régimen por un lado, y la movilización de masas con sus expectativas puestas en una Asamblea Constituyente que resuelva sus demandas elementales por el otro.

Si bien Correa cuenta a su favor con una situación económica que viene de cuatro años de crecimiento y goza de una popularidad mayor al 70% (no tanto por lo que su figura expresa sino por sus promesas), arrastra una falla de raíz que vuelve a su gobierno sumamente inestable ante las fuerzas en pugna.

De terminar negociando con sectores de los viejos partidos del régimen para imponer una Constituyente consensuada, es posible que tenga que lidiar no sólo con los partidos que queden por fuera de un posible acuerdo, sino con el movimiento de masas y sus ilusiones que no son las de preservar a la partidocracia, sino la de acabar con ella.
Por otra parte la posibilidad de que Correa se apoye abiertamente sobre el movimiento de masas para quebrar la voluntad de la partidocracia en el Parlamento, si bien no está descartada, parece poco probable ante la posibilidad cierta de que el gobierno se vea sobrepasado por este tipo de acciones si las avala por completo. Por esta razón sólo se limita a llamar a acciones pacíficas, desacreditando cualquier tipo de radicalización de las movilizaciones.

Una salida independiente

La gran popularidad de Correa está íntimamente ligada a la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Desde la caída de Lucio Gutiérrez en 2005, los trabajadores y el pueblo ecuatoriano vienen reclamando una Constituyente que además de acabar con los viejos partidos y sus políticas, le de respuesta a sus más sentidas reivindicaciones.
Sin embargo, los acontecimientos de los últimos meses demostraron que una Constituyente de estas características es imposible en el marco del actual régimen.
La política de Correa en estos dos meses, que por un lado apela a las masas para que se movilicen mientras utiliza estas acciones para terminar negociando con la partidocracia, como ya lo hizo con Gutiérrez [1], es una muestra de que en caso de llegar a una Constituyente ésta no sería ni libre ni soberana.

Las grandes aspiraciones de las masas ecuatorianas, como la independencia nacional, tierra para los campesinos, libertades democráticas y autonomía para los pueblos originarios, entre otras, no tendrán solución sin romper con el imperialismo que es la fuente de toda opresión y explotación para Ecuador y los pueblos latinoamericanos, algo que tampoco está en los planes de Correa. Sólo un gobierno obrero, campesino e indígena podrá llevar hasta el final estas demandas y llamar a una verdadera Constituyente como la que aspiran las masas sobre las ruinas de la putrefacta partidocracia ecuatoriana.

Los trabajadores y el pueblo vienen de hacer una experiencia con distintos gobiernos en los últimos diez años. Es hora de que confíen en sus propias fuerzas y se doten de una política independiente de todas las variantes patronales o seudonacionalistas.


Diez años de crisis

 1997 En medio de multitudinarias movilizaciones callejeras, paros cívicos y toma de edificios públicos cae el presidente Abdalá Bucaram al ser declarado incompetente por el Congreso.

 2000 Cae el presidente Jamil Mahuad luego de anunciar un plan de dolarización de la economía en medio de un levantamiento indígena y campesino que confluyó con una sublevación militar. Una de las cabezas visibles del levantamiento fue el coronel Lucio Gutiérrez que luego llegó a la presidencia en el año 2003.

 2005 Tras varias jornadas de movilizaciones callejeras en la capital que se dieron en llamar "la rebelión de los forajidos", cae Lucio Gutiérrez asumiendo el vicepresidente un gobierno interino hasta las elecciones de noviembre de 2006 en las que gana Rafael Correa.

 2007 El 15 de enero asume la presidencia Correa.

 

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