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Sarkozy y Cameron llegan a Libia
por : Media

15 Sep 2011 |

Los gobiernos de Francia y Reino Unido impulsaron el apoyo a los rebeldes en la UE y la operación de la OTAN
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA / AGENCIAS - París / Trípoli - 14/09/2011

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro británico, David Cameron, han aterrizado ya en el aeropuerto de Trípoli, la capital libia. Los dos mandatarios europeos son los primeros que pisan tierra libia desde la caída del otrora máximo dirigente del país, el coronel Muamar el Gadafi. Sarkozy y Cameron se adelantarán previsiblemente y por un cuerpo al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, que ha anunciado también para mañana su visita a Libia. Una portavoz británica ha informado de que Cameron anunciará desde el terreno un paquete de asistencia al Gobierno de transición libio.

"Deseo trabajar para una Libia mejor, libre y democrática", ha manifestado Cameron a BBC desde el aeródromo de la capital libia. El presidente francés,que viaja junto a su ministro de Exteriores, Alain Juppé, y el filósofo y activista Bernard-Henri Lévy, ha llegado poco después que el premier británico y ha sido recibidopor un grupo de personas que portaban una pancarta con el lema "Gracias, Sarkozy". Cameron se ha desplazado acompañado también de su titular de Exteriores, William Hague.

Tras aterrizar, los dos dirigentes se han trasladado en un helicóptero francés hasta un hospital de Trípoli. Tras esta visita, se verán con el presidente del Gobierno transitorio libio, Mahmud Yibril, y el primer ministro, Mustafá Abdel Yalil. La segunda escala del viaje les llevará hasta el bastión rebelde de Bengasi, desde donde se dirigirán a los ciudadanos.

El liderazgo de Sarkozy

Hace casi seis meses, el sábado 19 de marzo, un solemne Sarkozy anunciaba desde el palacio del Elíseo al mundo entero la operación militar diseñada para neutralizar la fuerza militar de Gadafi y defender a la población civil y a las tropas rebeldes acantonadas en Bengasi. "En este momento, aviones de la coalición están atacando posiciones de Gadafi", proclamó entonces. El jefe del Estado francés se convirtió en el primer mandatario que recibió -también en El Elíseo- a los miembros del Consejo Nacional de Transición libio, el órgano político de la insurgencia.

Con el reconocimiento del Consejo Nacional Libio, Sarkozy dejaba claro que Francia abandonaba los tanteos iniciales respecto de la primavera árabe, retomaba la iniciativa internacional -que no ha vuelto a abandonar- y recobraba una estatura internacional a un año de unas decisivas e inciertas elecciones presidenciales.

Todo comenzó a finales de febrero, cuando sustituyó a la ministra de Asuntos Exteriores, Michèle Alliot-Marie, cuestionada por unas sospechosas vacaciones navideñas en Túnez gozando de privilegios reservados a los amigos del dictador Ben Ali. Un miembro del clan del dictador tunecino puso a disposición de Alliot-Marie, su marido y sus padres un avión privado para que se desplazaran hasta su lugar de vacaciones en la costa tunecina.

Por si fuera poco, semanas después, en la Asamblea Nacional, la ministra aconsejaba a la policía tunecina pedir ayuda e información a la policía francesa para reprimir las revueltas de una manera profesional e incruenta. Así, mientras la revolución de los jóvenes del mundo árabe ganaba adeptos en todo un planeta que miraba hacia allí expectante, Francia languidecía con viejas maneras paternalistas de república neocolonialista aquejada de una miopía diplomática alarmante.

Tras el nombramiento de Alain Juppé, Sarkozy, al que nunca le han gustado nada las medias tintas, decidió pasar de último de la clase a primero de la lista. Reconoció al Consejo Nacional de Transición libio y se convirtió en el líder occidental más decidido a expulsar a Gadafi costara lo que costara. Se embarcó en una guerra imprevisible de la que ahora espera sacar réditos políticos, económicos y electorales. Los políticos están claros y se comprobarán hoy, cuando él y Cameron den un discurso retrasmitido a todo el mundo en la plaza de la Libertad de la liberada Bengasi.

Los económicos se vislumbraron el pasado 2 de septiembre, cuando -de nuevo- El Elíseo acogió una gran conferencia internacional, con más de 70 delegaciones, concebida para preparar la nueva Libia después de Gadafi. Fue sintomática la intervención de Juppé esa mañana en una radio francesa. Desmintió con una sonrisa la noticia de la existencia de un acuerdo por el que el Consejo Nacional de Transición libio concedía a Francia el 35% de la explotación del petróleo libio. Pero luego añadía: "Claro que a nadie puede extrañar -y es lo justo- que los países que han estado en la primera línea a la hora de defender a los rebeldes no gocen ahora de determinadas ventajas".

Para calibrar los réditos electorales de esta operación internacional habrá que esperar a las elecciones del año que viene. Por lo pronto, Sarkozy sigue arrastrándose en los sondeos, lastrado por una crisis económica que ahoga y cerca cada vez más a Francia y los socialistas, hoy por hoy, aún sin un líder, le superan en las encuestas

 

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