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6000 mineros paran por mejoras salariales en Chile
por : Juan Valenzuela

07 Jan 2010 | De especial importancia ha sido la continuidad de la tendencia a la recuperación de métodos históricos, particularmente la toma de los lugares de trabajo. La recién concluida huelga de los trabajadores de Chuquicamata, se inscribe en esta serie de huelgas y plantea una serie de discusiones que la (...)

El alarde patronal en torno a los “signos de recuperación” de la economía y el ciclo electoral, han contribuido a que se desarrollen durante los últimos meses una serie de procesos huelguísticos, aislados entre sí, pero significativos objetivamente. Diversos sectores han ingresado en la escena: los trabajadores públicos, los profesores, los subcontratados de la industria forestal, y los trabajadores del cobre. De especial importancia ha sido la continuidad de la tendencia a la recuperación de métodos históricos, particularmente la toma de los lugares de trabajo. La recién concluida huelga de los trabajadores de Chuquicamata, se inscribe en esta serie de huelgas y plantea una serie de discusiones que la exceden.

Entre los “signos de recuperación” en torno a los cuales alardea la patronal, encontramos el promedio anual del precio del cobre, que llegaría a US$2,30 por libra, por encima de lo pronosticado a fines del 2008: US$1,62. Lo cierto es que al no resolverse los factores estructurales de la crisis capitalista internacional, cualquier índice aislado no demuestra de por sí el fin de la contracción económica. De conjunto, la economía chilena habría experimentado en 2009 un decrecimiento de un 1,9%. Y las consecuencias sociales de las repercusiones de la crisis capitalista internacional, saltan a la vista: el aumento del salario mínimo el 2009 fue miserable de un 2,5%, es decir, de $159.000 a $165.000 – la mitad de lo que se necesita para vivir – y los índices de cesantía se han mantenido en lo grueso. La cifra oficial es de 9,2%, es decir, habrían en Chile alrededor de 700.000 desempleados – la fuerza de trabajo es de 6 millones – pero estudios alternativos revelan que en realidad serían un millón los trabajadores desempleados. En Chile, como en el mundo, los analistas a sueldo de la patronal coinciden en que la posible “recuperación”, no irá de la mano de una disminución del flagelo del desempleo…como si fuese un hecho inevitable. Lo cierto es que esta situación ha implicado que los grados de intransigencia patronal y los niveles de explotación aumenten para los obreros que se han mantenido ocupados.

Por ello resulta relevante que hayan salido a la pelea los mineros de Codelco Norte, que produce alrededor de la mitad del cobre de Codelco. Los trabajadores de planta de la estatal, no luchaban desde 1996. Al exigir aumentos salariales, cuestionaron objetivamente el argumento patronal de que no sería posible, por la crisis, darle concesiones a los trabajadores sin quitarles los beneficios sociales sobre los que hace tiempo quieren avanzar y desafiaron la consigna de la derecha de atar el salario a la productividad.

No sólo la derecha, ante esta huelga, reveló su ligazón directa con los intereses patronales, por ejemplo con las declaraciones del asesor económico del candidato presidencial Sebastián Piñera, Felipe Larraín, quien dijo que “Codelco es una empresa que pertenece y seguirá perteneciendo a todos los chilenos, por lo que cualquier salida a este conflicto debe tomar en consideración la competitividad de largo plazo de la empresa y la importancia de Codelco para financiar las políticas sociales” (El Mostrador, 6 de enero). También lo hizo el gobierno concertacionista (coalición que gobierna desde la salida de la dictadura), y su candidato Eduardo Frei, que demagógicamente, ante la posibilidad cierta de perder las elecciones presidenciales, viene planteando una serie de “discursos” sobre los derechos de los trabajadores. Bachelet planteó que “la huelga no le hace bien al país”, y Eduardo Frei suspendió una gira a Calama – la ciudad donde habitan los mineros de Chuquicamata – claramente para evitar cualquier compromiso con éstos.

La huelga ha concluido con un triunfo sindical parcial. La empresa aumentó el bono de $11,5 millones a $12 millones 140 mil pesos (cerca de 2500 dólares), de los cuales 6 millones y medio fueron condicionados a un rápido fin del conflicto – que efectivamente duró sólo dos días. Del mismo modo, aumentó su propuesta de aumento salarial, de 3,8% por sobre el IPC a 4%. Del total de 5.600 trabajadores, 2.587 aprobaron el ofrecimiento y 1.232 lo rechazaron. El resto no concurrió a votar. La directiva sindical se sirvió del Código del Trabajo, del artículo 378 para levantar la huelga sin que la mayoría de los trabajadores votara por aquél camino, siendo que previamente – cuando se posicionó abiertamente contra la huelga, pues no quería perjudicar ni al gobierno ni a Eduardo Frei – habían exigido que el 50% + 1 votara a favor de la huelga para hacerla efectiva. Tanto ese hecho como su maniobra para bajar la huelga, acarrearon el descontento de un sector de los trabajadores. Si durante la asamblea que decidió la huelga recibieron abucheos, huevos y tomates por su postura, al bajarse la huelga, un sector de trabajadores no dudó en gritarles vendidos. El asunto de fondo es que con las fuerza de este sector de la clase obrera –ubicado en la rama central de la economía nacional – se derrotó por ahora la recurrente campaña por la productividad de la patronal chilena, e incluso quedó planteado que se podría haber ido a más, exigir un bono como el de la minera privada La Escondida (de 14 millones) y comenzar a instalar debates que cuestionen la obra neoliberal, por ejemplo la subcontratación de la mayoría de los mineros de Codelco. Esta es la posibilidad que abortó la directiva sindical concertacionista.

Las principales direcciones de la clase obrera, organizadas en la CUT, no impulsaron absolutamente ninguna acción de solidaridad. Se limitaron a “declarar” su apoyo. Esto no es casual: no sólo los dirigentes de la CUT ligados a la Concertación, sino también los que están ligados al PC – como el dirigente de los subcontratados mineros, Cristián Cuevas – están haciendo campaña por el oficialista Eduardo Frei. Están subordinados políticamente a la Concertación y “mover las aguas”, impulsando por ejemplo, un paro en solidaridad de los mineros de la segunda región, incluyendo a los subcontratados que dirige C. Cuevas, podría haberle “complicado el escenario” al gobierno y a su candidato.

Todo esto demuestra que no hay que confiar en la demagogia de Eduardo Frei ante los trabajadores y que es necesario luchar por una política obrera independiente de toda variante patronal. Por ello, quienes militamos en Clase contra Clase, llamamos a anular en segunda vuelta, a fortalecer las organizaciones del pueblo trabajador –constituyendo cuerpos de delegados en cada lugar de trabajo, para acabar con los métodos burocráticos en los sindicatos – y a conformar la unidad de explotados y oprimidos. Y también a iniciar una discusión nacional para construir una Izquierda Obrera y Socialista, que se proponga acabar con esta sociedad miserable de explotación.

6 de enero de 2010

 

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