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Italia: El terremoto retrata la crisis economía y social
por : Ciro Tappeste

09 Apr 2009 | El trágico terremoto que golpeó estos últimos días el centro de Italia pinta de cuerpo entero el clima social que vive el país.

El trágico terremoto que golpeó estos últimos días el centro de Italia pinta de cuerpo entero el clima social que vive el país. Aunque las principales fuentes científicas aseguran que los terremotos no pueden preverse, el sismo que sacudió Abruzzo mostró la negligencia de los empresarios de la construcción al ignorar las normas anti-sísmicas que rigen para edificios públicos y privados. Las pingües ganancias acumuladas por los constructores se tradujeron en los más de 235 muertos registrados hasta ahora, sin contar las decenas de desaparecidos. Mientras tanto, Berlusconi se elogia la calidad de los primeros auxilios, liderados por su amigo Guido Bertolaso, implicado en el escándalo de la basura en Nápoles. Los ministros de centro derecha declaran por televisión que todo está bajo control mientras decenas de miles damnificados aún no saben dónde vivirán los próximos meses.

Abruzzo retrata la situación de la economía italiana

Nadie es capaz de evaluar “científicamente” la profundidad de la crisis ni tampoco plantear si la economía italiana colapsará a mediano plazo. Sin embargo, los analistas burgueses más perspicaces no descartan esta posibilidad, sobre todo si se consideran los precarios fundamentos de la economía nacional, carcomidos por el déficit público –el más elevado de Europa-, una recesión brutal que golpea la producción que ya venía siendo el furgón de cola de la zona euro en los últimos 15 años. El factor catastrófico que más preocupa a los analistas es la fuerte exposición del capital bancario e industrial italiano en Europa del Este, una zona en que la crisis golpea duramente. Incapaces de lidiar con la competencia francesa o alemana, los capitalistas italianos –como los de otros imperialismos de segunda categoría- invirtieron en el Este en la última década y media, generando grandes ganancias mientras Europa oriental sufría un proceso de semicolonización profundo. Hoy en día, el alto riesgo de colapso económico en algunos países de la región (como Rumania o Bulgaria) podría tener brutales repercusiones en la península. Mientras tanto, Berlusconi dice que Italia está bien y que pronto se recuperará su economía. Sin embargo, un brusco quiebre o una explosión social de envergadura podría desmentir rápidamente las declaraciones del Cavaliere.

Existe descontento y una fuerte bronca latente entre los trabajadores y las clases populares. Así lo muestra la enorme manifestación del sábado 4/4 convocada por C-GIL, principal sindicato del país, en la que participaron miles de personas: la más importante desde las movilizaciones contra la reforma del Artículo 18 de 2002.

La crisis de la centro izquierda y el papel “opositor” de la CGIL

Una de las mayores ventajas con que cuenta Berlusconi por ahora es la ausencia casi absoluta de la oposición política de centro izquierda que, aunque se haya recuperado un poco en las últimas semanas, está totalmente desdibujada. El Partido Demócrata (PD) dirigido por Veltroni, que perdió las últimas elecciones legislativas e impulsaba un dialogismo responsable con Berlusconi, sufrió otras dos tremendas palizas electorales en los últimos meses (Abrruzo y Cerdeña), llevando a la renuncia de su líder a pocos meses de las elecciones europeas. Más a la izquierda, los “comunistas”, los verdes y los socialdemócratas aún no se recuperaron de su derrota electoral de la primavera y se escindieron más aún cuyo caso más llamativo fue el estallido de Refundación Comunista, otrora presentado por la izquierda reformista como el modelo a seguir en Europa. Esta crisis de la centro izquierda refleja una crisis profunda de las fuerzas políticas burguesas que responden a la patronal más concentrada en el caso del PD y de sus socios de “izquierda”. Es en este marco que la CGIL debe asumir un papel opositor al gobierno cuando el descontento obrero y popular crece a medida que avanzan las suspensiones y despidos como resultado de la crisis.

Ataques gubernamentales y ofensiva patronal

Aunque esto no signifique mecánicamente que asistiremos a corto plazo a explosiones sociales, el gobierno italiano no descarta esta hipótesis. En el último período, se adoptaron en forma preventiva una serie de decretos antiobreros y xenófobos con el objetivo de reducir los márgenes legales de movilización. Al mismo tiempo, por si no fuera suficiente, el gobierno no vaciló en reprimir con una violencia inaudita a los sectores de vanguardia que se movilizaron en el último período como los obreros Fiat de Pomigliano (Nápoles) a inicios de febrero o los estudiantes romanos de La Sapienza en marzo.

Por otro lado, ante la escasez de fondos del gobierno, Berlusconi se limitó a anunciar un mezquino plan de reactivación económica comparado con los que adoptaron sus colegas europeos: una mezcla de limosna para los más pobres, escasas medidas de contención social y regalos a sus amigos constructores y mafiosos a través un plan de grandes obras públicas, con poco impacto en términos laborales y nefastos impactos ecológicos. Esto generó no pocos roces con la gran patronal que reclamó “dinero real” para “enfrentar la crisis”. El problema de Berlusconi es que las arcas del Estado están totalmente vacías. Confindustria, la gran patronal italiana, avanza simultáneamente en dos frentes. El primero, la reforma de los convenios laborales que golpea los ya desastrosos acuerdos de 1993; esta vez la intención es una mayor integración de los sindicatos al sistema y una reducción del poder contractual de los trabajadores, congelando salarios y poder adquisitivo. El segundo, los despidos y los cierres de empresas a medida que se profundiza la recesión económica. Un dato escalofriante: las suspensiones laborales que generalmente preanuncian el despido aumentaron un 525% en diciembre de 2008 con respecto a 2007. En años anteriores, para descargar las crisis sobre los trabajadores, la patronal y el Estado contaban con una “variable” preciada para ellos: el “precariado” (empleados y obreros flexibilizados), que es uno de los más importantes en Europa. Sin embargo, hoy despliegan medidas más contundentes. Están siendo atacadas las grandes concentraciones industriales que representan los hilos de continuidad de más de cien años de movimiento obrero italiano. Es por eso que la patronal teme conflictos, ya no sectoriales o de fábrica por fábrica (como fue la lucha de Fiat en 2002-2003), sino una respuesta colectiva de los trabajadores. Ya empezaron a estallar importantes luchas obreras contra los cierres: Indesit (línea blanca) en Turín, Unilever (metalurgia) en Milán, Fiat Pomigliano (Nápoles), entre otras. Al mismo tiempo, sigue existiendo la rabia que resultó en el pasado otoño de luchas: que culminó con el movimiento estudiantil anti-Gelmini y la huelga general del 12/12 de la CGIL y los sindicatos de base. El éxito del paro general de los metalmecánicos de la FIOM y el sector público de la CGIL el pasado 13/2, la huelga de la universidad y de la investigación del 18/2 y la movilización del 4/4 muestran que perdura entre amplios sectores un fuerte descontento y ánimo de lucha.

Es necesario poner en pie una verdadera respuesta obrera a la crisis

Es indudable que Berlusconi intentará utilizar el terremoto para generar un reaccionario clima de unidad nacional en un momento en el que prosiguen las movilizaciones sociales. Los primeros en caer en la trampa fueron, lamentablemente, los mismos sindicatos de base que decidieron el 7/4 levantar el paro general previsto para el 23/4 por una “cuestión de responsabilidad” ante la catástrofe de Abruzzo. Sin embargo, el sismo no descarta el agravamiento de la situación económica (al contrario), a la que el gobierno intenta responder con márgenes de maniobra más reducidos. La continuidad de luchas actuales y el descontento social reinante podría trasformar radicalmente el panorama.

Un ejemplo, aún en pequeña escala, es la pequeña fábrica metalmecánica de 50 operarios de la periferia de Milán, la Innse-Presse, que demostró durante casi seis meses (hasta el desalojo en febrero pasado) cómo luchar contra los despidos: con la ocupación de y la puesta en producción bajo su propio control. Por otro lado, muchos trabajadores de vanguardia no están satisfechos con las movilizaciones episódicas cada mes y medio sin continuidad, o -como se dice en Italia- “que llame a la huelga pero no a la lucha”.

Ante la nefasta política de la CGIL que consiste en movilizar para canalizar el descontento, en pos de reanudar el diálogo con el gobierno y Confindustria; frente a la impotencia de las direcciones del sindicalismo de base en representar una alternativa de dirección, es hora de plantear, en primer lugar desde las corrientes que se reivindican marxistas revolucionarias, la necesidad de coordinación de base de las luchas; retomando sus lecciones más avanzadas, para construir una oposición de independencia de clase al gobierno capaz de pelear realmente para que la crisis la paguen los capitalistas.

 

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