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Histórica derrota electoral del Partido Colorado
por : Gustavo Dunga

24 Apr 2008 | Escenas de alegría se pudieron observar por las calles de Asunción luego de conocidos los primeros resultados...
Histórica derrota electoral del Partido Colorado

Escenas de alegría se pudieron observar por las calles de Asunción luego de conocidos los primeros resultados que daban por ganador en la contienda presidencial al ex obispo Fernando Lugo. Incluso en el Obelisco de Buenos Aires cientos de ciudadanos paraguayos agitaban sus banderas a tono con sus compatriotas.

Los festejos tienen su fuente en que después de 61 años el Partido Colorado pierde una elección. A lo largo de seis décadas el coloradismo hegemonizó el Estado y el gobierno bajo distintas formas. Así, desde 1954 hasta 1989 con la feroz dictadura del general Stroessner y desde entonces, el Partido Colorado, gobierna a través del fraude electoral y sus representantes en el poder no han hecho más que entregar el país al imperialismo y hundir en la miseria a los sectores populares.

La derrota de los colorados despertó las expectativas de muchos compañeros, tanto en Paraguay como Argentina, que ven en un futuro gobierno del ex obispo la vía de un cambio político en el país. Aunque algunos periodistas presenten el triunfo de Lugo como el de un progresista, lo cierto es que su gobierno no será un gobierno de los trabajadores, ni representará los intereses de los campesinos pobres y los pueblos originarios.

Fernando Lugo y su Alianza Patriótica para el Cambio (APC) vienen a tratar de recauchutar y, en lo posible, limpiar la administración estatal y del régimen de los elementos que en los últimos años hicieron del Estado paraguayo un instrumento nada eficaz para los negocios de la burguesía en su conjunto.

El Estado paraguayo bajo la tutela de los colorados ya no puede representar los intereses de los agroexportadores latifundistas, la burocracia partidaria enquistada en el Estado y las FF.AA. y el empresariado proveedor del Estado. Al no poder cobijar estos intereses es que las diferencias entre estos sectores se han ido resolviendo mediante magnicidios, secuestros extorsivos y altos grados de corrupción.

Al mismo tiempo, Lugo intenta capitalizar y encauzar un profundo y extendido descontento social que abarca no sólo a los sectores populares, sino también a amplios sectores de clase media profesional que ven frustradas sus expectativas de ascenso social.

Para ello Lugo ha prometido llevar adelante una “Gran Pacto Social, Económico y Nacional”, es decir la conciliación entre los sectores latifundistas e industriales y de campesinos y trabajadores para sacar a Paraguay de la crisis.

Con este pacto -propuesto por Lugo- lejos estarán los campesinos sin tierra, los pueblos originarios y los trabajadores de satisfacer sus demandas más elementales como tierra, territorio y trabajo genuino para todos.

Lugo y sus aliados

Lugo ganó su prestigio entre los sectores populares por cumplir sus funciones eclesiales en el departamento de San Pedro, uno de los más pobres del país. Su discurso pro reforma agraria consolidó esta simpatía. En el ámbito urbano calaron hondo sus denuncias contra la corrupción y los integrantes del Poder Judicial como adictos al régimen. Movimientos campesinos y de la sociedad civil, así como tres de las centrales sindicales, forman parte de su coalición. Ante esto, desde el oficialismo y su prensa, Lugo ha sido demonizado como “izquierdista” y señalado como “amigo de Chávez”.

Sin embargo, el eje de su coalición es un partido burgués proimperialista: el Partido Liberal Radical Autentico (PLRA). El candidato a vicepresidente de Lugo, Federico Franco, es de esta formación y es un admirador confeso del conservador español José María Aznar. El PRLA fue el partido que se opuso a Stroessner, aunque siempre buscando una salida negociada con la dictadura. Está integrado por algunas de las más tradicionales familias de la oligarquía terrateniente y en los municipios donde gobierna ha sido privatizador y profundamente antiobrero. El PLRA cogobernó con el Partido Colorado luego del magnicidio del vicepresidente Argaña en 1999, aplicando una política neoliberal.

Cuando la justicia paraguaya dejó libre a Oviedo, Lugo en su afán de consolidar un “frente anticolorado”, lo llamó a integrar su coalición. El ex golpista tratando de convertirse en árbitro de la política nacional desechó la invitación.

En la coalición de Lugo los trabajadores y sectores campesinos no tienen ningún peso, están subordinados a los politiqueros profesionales que fueron funcionales a los colorados en las últimas décadas.

Su plan de gobierno

Paraguay es uno de los países más pobres del continente y con gran parte de su renta nacional proveniente del mercado informal.

Apenas conocido su triunfo ya se baraja quien será el ministro de Economía de Lugo. Su nombre es Dionisio Borda. Este economista que se presenta como “independiente” ha sido ministro de Hacienda del actual presidente colorado Duarte Frutos. Borda es cultor de la llamada “economía de mercado con equidad social” y propone para sanear las empresas estatales de teléfonos y provisión de agua potable un plan de capitalización con inversión extranjera (privatización) y despidos de empleados públicos.
Lugo siempre se encargó de aclarar que la reforma agraria será dentro de los marcos de la actual Constitución.
Minutos después de conocerse los resultados, el diario Última Hora indicó que Lugo, “Tranquilizó a los empresarios (sojeros, agricultores) al indicar que será presidente de todos los paraguayos y que está dispuesto a conversar con dichos sectores para ‘consensuar un país que todos nos merecemos’” (22/04/08).

Como vemos las aspiraciones de tierra de miles de campesinos y la ilusión de que de la mano de Lugo se podría obtener esta demanda esta seriamente cuestionada.


 Por una política independiente de los trabajadores y explotados

Casi todos los analistas políticos coinciden en que le será difícil gobernar a Lugo con la oposición frontal del Partido Colorado (ganó 10 de las 17 gobernaciones en juego), y las expectativas que ha sembrado alrededor de la reforma agraria, cuando su principal aliado, el PLRA, es un partido de terratenientes. Al mismo tiempo no se descartan fricciones con Brasil por la renegociación del Tratado de Itaipú para conseguir un precio más favorable de la provisión de energía hidroeléctrica paraguaya a Brasil.

De no prosperar el “Gran Pacto Social, Económico y Nacional”, el gobierno de Lugo, seguramente estará tironeado y no pocas crisis caracterizarán a su gestión.
Estas brechas que pueden llegar a abrirse una gran oportunidad para que los trabajadores y pobres del campo se comiencen a organizar por sus demandas más sentidas de forma independiente. En primer lugar para romper los pactos que atan y subordinan a Paraguay al imperialismo norteamericano, como la inmunidad para las tropas yanquis en suelo paraguayo y el cese inmediato del pago de la deuda externa.

En segundo lugar, preparar la movilización y ocupación de tierras por una verdadera reforma agraria que satisfaga a los pequeños campesinos y sin tierra. Para atacar los intereses de los terratenientes de los agronegocios y luchar por la estatización de estos pulpos. En esa movilización será fundamental preparar la autodefensa campesina frente a los seguros ataques de los latifundistas.

El legítimo sentimiento de democracia política luego de décadas de régimen colorado podría ser motor de la lucha por el juicio y castigo a los militares asesinos de la dictadura y mentores del Plan Cóndor. Por la disolución de los servicios de inteligencia y fuerzas paramilitares del coloradismo.

Los trabajadores deben exigirles a sus centrales sindicales la ruptura de toda alianza con los partidos patronales y convocar a la movilización para imponer trabajo genuino para todos y un verdadero plan de obras públicas que solucione para siempre el problema de la vivienda y la infraestructura para el desarrollo del país.
Los aliados de los trabajadores y campesinos paraguayos no son ni la OEA, la Iglesia ni Chávez ni los Kirchner.

Millones de exiliados económicos paraguayos a través de tres generaciones forman parte de los batallones de la clase trabajadora argentina y brasileña. Es ahí donde encontrarán apoyo y solidaridad para darle a Paraguay una salida obrera a la crisis, que sólo podrá venir de la mano de un gobierno de los trabajadores y el pueblo.

 

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