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Un primer balance de la crisis política y las perspectivas para los trabajadores y la izquierda
por : Paulo Matos

08 Nov 2005 | Palavra Operária número 19 - Novembro/2005

La crisis política vivió su momento más álgido cuando el marketinero Duda Mendonça reveló la existencia de la “caja 2” (fondos de campaña no declarados - NdT) en la campaña electoral que puso a Lula en la presidencia. En este momento, el PSDB y el PFL evaluarían la posibilidad de abrir un proceso de impeachment. Aunque el carácter de la denuncia no fuese suficiente para revocar de hecho el mandato del presidente, los tucanos y pefelistas rabiosos buscaban por lo menos reducir la relativa separación que Lula logró generar entre su figura y la “crisis del mensalào” (coimas mensuales - NdT) y la crisis de su partido, el PT. Con eso, podrían conquistar su sueño de sacar a Lula del centro de la disputa electoral del 2006.

La decisión de los presidenciables del PSDB (Serra, FHC y Alckmin) de articular “en los bastidores” un “blindaje” del presidente, expresa el poder de control del capital financiero sobre los dos principales partidos políticos del país y el recelo del imperialismo de que la crisis contamine la economía o contribuya al impulso de nuevos fenómenos de lucha de clases como podría ser si la CUT y el MST perdiesen el control de los llamados que hacían para la “defensa de Lula contra el intento de golpe de la derecha”, como decían.

Desde entonces la crisis pasó a una nueva fase, de reflujo, en la cual lo que predominaba no era ya el alto grado de pronósticos inciertos y desestabilizantes que se hacían de la crisis, y sí el control de los acontecimientos, aunque los escándalos de corrupción siguieran ocupando las páginas centrales de los diarios y permaneciese el desgaste de los partidos dominantes y de las instituciones involucradas con el “mensalào”, principalmente el Congreso.

La elección de Aldo Rebelo del PcdoB para Presidente de la Cámara de diputados, aunque haya sido atravesada por los mismos métodos de corrupción que fueron motores en la crisis actual, fue un triunfo del gobierno que marcó una nueva inflexión en la crisis. Además del hecho de que el presidente de la Cámara cumple un papel clave frente a una posible amenaza de impeachment, la elección de Aldo dio inicio a una dinámica de estabilización, que culminó con el gobierno retomando la iniciativa a partir de la aprobación de la “MP del Bien” (medida provisoria que ofrece incentivos fiscales a la producción).

Sin embargo, en los últimos días, la crisis amenaza nuevamente volver a la superficie con las embestidas de tucanos y pefelistas para investigar el financiamiento de la campaña electoral de los petistas en el 2002, alentadas por el surgimiento de denuncias de que Cuba habría ayudado al PT con dinero para la elección de Lula.

La relación entre el grado de intensidad de la crisis y la “elegibilidad” de Lula

Los tucanos y pefelistas retomaron una nueva ofensiva contra el gobierno y el PT, trabajando para reabrir la crisis de manera tal de provocar un desgaste mayor en Lula, justamente porque percibieron que la crisis empezaba a salir de la escena al mismo tiempo que Lula mantenía todavía una alta aprobación popular y una fuerte probabilidad de ser reelecto en el 2006.

De hecho, las encuestas estadísticas han mostrado que el gobierno, aunque haya perdido masivamente el apoyo entre las clases medias en función de la corrosión del pilar “ético” del PT, mantiene un fuerte apoyo de los sectores más pobres de la población, principalmente en el interior del país, cumpliendo para eso un papel clave el asistencialismo promocionado por el estado a través de la Bolsa Familia, que dicen, alcanza a 8 millones de familias.

Dentro de la clase trabajadora, aún está indefinido el nivel de desgaste que Lula sufrió. Aunque la continuidad de la política neoliberal de FHC combinada con los escándalos de corrupción contribuya para transformar las ilusiones y esperanzas en desilusión y descontento de amplios sectores, está abierta la posibilidad de que la burocracia sindical consiga convencer a sus bases de que Lula es víctima de una “conspiración de fuerzas de la dereha” y de que será necesario un nuevo mandato para que comiencen a ser sentidos los prometidos “cambios”. Demuestra esa indefinición por ejemplo el hecho de que a la vez que el plebiscito contra la comercialización de armas mostró el desgaste del gobierno, la participación récord de 300 mil personas en las elecciones internas del PT (PED) muestran que este partido no está muerto.

Pero lo que por sobre todo demuestra la fuerza que aún tiene el gobierno y el PT es el hecho de que, frente a toda la crisis que se desarrolló en las alturas en los últimos meses, frente al desgaste y al descontento con los partidos dominantes que ocurrió en ese período, ningún sector de las masas se radicalizó políticamente para dar algún tipo de respuesta independiente de la burguesía a la crisis. Eso demuestra el poder de contención y amortiguación de la lucha de clases que aún detiene no solo la burocracia cutista, sino también las direcciones petistas y oficialistas del MST y de la UNE.

Para evaluar la capacidad que tendrá o no el gobierno de retomar la iniciativa política, y en ese marco el grado de “elegibilidad” que Lula tendrá en el próximo año, es necesario considerar también los distintos escenarios posibles para la dinámica de la economía. En caso de que se mantengan en el 2006 las condiciones internacionales favorables (bajas tasas de intereses y alto consumo en los EEUU combinados con inversiones chinas) que han prevalecido desde el 2003, es probable que la economía brasileña mantenga su crecimiento alrededor de 4%. Por otro lado, de deteriorarse las condiciones internacionales (como parecen amenazar las recientes declaraciones de las autoridades económicas norteamericanas), es más probable que Brasil crezca menos, pero aún fuera de los marcos de una crisis recesiva.

Es en ese marco que tucanos y pefelistas temen la posibilidad de que, terminando la crisis, el gobierno Lula consiga recuperarse al punto de que Lula vuelva a ser el candidato preferido en el 2006. Por eso, es muy difícil que la crisis se vuelva una cosa del pasado antes de concluidas las próximas elecciones. El PSDB y el PFL van a seguir “apretando la herida” del PT de manera de “desangrar” la candidatura de Lula lo máximo que puedan.

Está por verse si lo que va a suceder son crisis recurrentes de baja intensidad hasta las elecciones, lo que hará que la corrupción permanezca como un elemento importante de la política nacional, aunque no sea el elemento central como fue en los primeros cuatro meses de crisis; o si surgirá alguna denuncia más sostenible capaz de abrir un proceso de impeachment.

Lo que va a determinar la posibilidad o no de que se abra este último escenario será no solo la existencia o no de una denuncia más sólida para hacer contra Lula sino también los cálculos que el PSDB y el PFL harán de la posibilidad de que un nuevo pico agudo de la crisis contamine la economía o la lucha de clases.

¿Pero la crisis se reduce a una disputa electoral?

Más allá de la disputa electoral del 2006, esta crisis puso en el tapete un problema central tanto para la dominación burguesa en el país como para las tortuosas vías de emancipación de la clase trabajadora: la experiencia del movimiento de masas con el PT.

Por más que la burguesía se recuse a aceptarlo, la transformación del PT de “pata izquierda” del régimen de dominio en principal implementador de la ofensiva neoliberal es un subproducto de la crisis de esa misma ofensiva, que al final del gobierno de FHC tomó forma a partir de una división entre el bloque del PSDB-PFL-PMDB y de una insatisfacción de masas en relación al continuismo neoliberal.

La burguesía solo ha podido discutir todas sus podredumbres con el nivel de apertura con que lo ha hecho - utilizando denuncias de corrupción para su disputa de poder - porque no tiene el “aliento” del movimiento de masas detrás suyo. Sin embargo, el ciclo de crecimiento económico que vive no solo Brasil sino el conjunto de los países Latinoamericanos ha sido un componente clave para permitirle ese “lujo”. En la medida que ese ciclo se agote o muestre sus límites, el descontento de masas en relación a sus condiciones de vida ahora combinados con los desgastes provocados por los escándalos de corrupción van a cobrar su precio; y los conflictos entre las clases dominantes alrededor de la política económica van a adquirir nuevamente un tinte dramático.

Es en ese marco que los sectores más concentrados de la burguesía brasileña revelan sus preocupaciones más estratégicas. Algunos barajan la posibilidad de fortalecimiento de un populismo de derecha “a la Garotinho”. Otros se preguntan si la violencia urbana en el país - una de las más graves del mundo - no puede venir a asumir contornos de lucha de clases, como en los últimos días han anticipado las batallas campales en los barrios periféricos de París.

Lo que de hecho está en cuestión en esas “reflexiones” es en qué se transformará el país con el debilitamiento del PT como instrumento de contención y amortiguación de la lucha de clases.

Decanta un sector de masas a la izquierda del gobierno Lula y del PT

A pesar de que el PSDB ha sido el principal beneficiado con la crisis a partir del fortalecimiento de la candidatura de sus presidenciables, a tres años del gobierno Lula se ha desarrollado un aún pequeño, pero importante sector de las masas que pasan a cuestionar el gobierno Lula y el PT pero no necesariamente ven como alternativa confiar en el bloque PSDB-PFL.

Ese sector de masas se expresa en los 5 a 6% (millones) que barajan votar a Heloísa Helena en el 2006, en los 30 a 40% de trabajadores que han votado a Conlutas en las elecciones sindicales que ocurrieron en las principales categorías del país este año.

El hecho de que ese sector de masas exista no significa en si mismo que el proceso histórico de rupturas con el gobierno Lula y el PT se va a trasformar en un nuevo proceso de militancia orgánica de la clase trabajadora con un programa independiente de la burguesía. Para eso, es necesario que los sectores más concientes de la clase trabajadora levanten políticas capaces de canalizar las energías de las masas en ese sentido.

El papel de la consigna de Asamblea Constituyente Libre y Soberana

Es necesario levantar una política capaz de transformar el descontento y la indignación política de amplios sectores de las masas con la podredumbre de los partidos y de las instituciones dominantes, en una militancia orgánica de la clase trabajadora para imponer una salida independiente de la burguesía para la crisis provocada por los escándalos de corrupción, ligando esa corrupción de los de arriba a los problemas más sentidos por las masas.

La lucha para que las organizaciones de masas de los explotados y oprimidos - los sindicatos, la CUT, el MST, la UNE etc. - rompan con el gobierno e impongan por la fuerza una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, abriría la posibilidad de un amplio debate entre las masas sobre el carácter falsamente democrático de las instituciones como el Congreso y la Presidencia de la República; de la necesidad de atacar la ganancia de los capitalistas y de romper con el imperialismo para garantizar empleo para todos y un salario capaz de satisfacer las necesidades de cada familia, de atacar el gran latifundio para terminar con la miseria en el campo.

En la medida que la burocracia sindical o las direcciones de los movimientos populares se nieguen a movilizar sus bases para imponer por la fuerza una Asamblea Consitiuyente, estaría abierta una posibilidad para que los trabajadores comprueben en la práctica que el discurso de que el gobierno es víctima de un “golpe de la derecha” es una falacia y que en realidad el apoyo de las organizaciones de masas al gobierno es antagónico a los reales intereses de la mayoría de la población, alentando la masificación de un proceso de expulsión de las direcciones oficialistas y burocráticas y de surgimiento de nuevas direcciones combativas.

En el curso de esa lucha, ante los enfrentamientos con la buguesía y en la medida en que ésta utilice su poder económico y militar para impedir la realización de cualquiera de las reivindicaciones que los explotados y oprimidos, estarían dadas las condiciones favorables para que los trabajadores y campesinos pobres noten la necesidad de construir otro tipo de poder, soviético, a través del cual las masas, organizando sus propias milicias, tomen las riendas del país organizando a toda la producción al servicio de los intereses de la mayoría.

Infelizmente, el PSTU, ante la crisis, se limitó a hacer lo que ellos mismos llamaron “ultrapropaganda” como el “que se vayan todos”, “huelga general” y “por un gobierno socialista de trabajadores". No negamos la importancia de propagandizar esos objetivos comunes de los marxistas revolucionarios. Pero la tarea de una organización que pretende orientar a las masas hacia la revolución en Brasil no puede restringirse a hacer propaganda de los objetivos máximos de la revolución. Es necesario levantar políticas que les permitan a las masas avanzar de su nivel de conciencia atrasado hacia un nivel de conciencia revolucionario, proporcionando experiencias concretas que las ayude a liberarse de la influencia de la burocracia y del reformismo.

El PSOL, a su vez, con su política de “plebiscito” y “elecciones generales”, no podría más que ayudar al régimen de dominio de la burguesía a recomponerse y recuperar su prestigio entre las masas.

El papel de un Encuentro Unificado de los trabajadores y la izquierda combativa

A lo largo de toda la crisis, el Psol y el PSTU se negaron a organizar un encuentro que buscara unificar al conjunto de los trabajadores que hoy cuestionan al gobierno Lula y el PT, trayendo no solo a la periferia que cada uno influencia, sino también sirviendo como estímulo para atraer a aquellos que aún no se ubican en una perspectiva militante. Realizaron encuentros nacionales separados, en el de Conlutas el día 18 de agosto, el PSTU se negó a poner en debate la política con la cual Conlutas debería luchar para responder a la crisis nacional, así como el PSOL se negó a hacerlo en el encuentro de la Asamblea Popular.

Entretanto, por increíble que pueda parecer, tanto el PSTU como el PSOL, cuando proponen el programa por el cual Conlutas o la Asamblea Constituyente debe luchar, aún por separado, llegan al corolario máximo común del ataque a la política económica del gobierno. Algunos dicen “abajo”, otros dicen “cambio”, en el fondo, unos con una verborragia más de izquierda y otros más de derecha, ambos tienen acuerdo en ponerle a los trabajadores, sindicatos y movimientos sociales más avanzados la tarea “máxima” de adaptarse al “neodesarrollismo de izquierda”. El PSTU, para no perjudicar la relación con sus aliados reformistas que les permiten sobrevivir dentro del régimen con relativo peso en el movimiento sindical. PSOL, para no alejar a los petistas y ex-petistas que les permiten sobrevivir en el régimen con relativo peso electoral.

La Liga Estrategia Revolucionaria, con sus pequeñas fuerzas, luchó en el Encuentro Nacional de Conlutas y en la Asamblea Nacional Popular y de Izquierda por un Encuentro Unificado de los trabajadores y de la izquierda combativa para armar a los sectores que empiezan a romper con el gobierno Lula y el PT con una política capaz de ligarlos a las masas en la lucha por imponer una salida clasista a la crisis.

Aún con el reflujo de la crisis, un encuentro de este tipo sigue siendo una necesidad para que la vanguardia pueda unirse alrededor de un polo con una política clasista para combatir al gobierno, al PT y a la burocracia sindical. Es necesario abrir el debate sobre un primer balance de la crisis y de la actuación de la izquierda en ella, de forma de sacar las conclusiones necesarias para intervenir con precisión en las brechas en las alturas que no terminaron de cerrar y que pueden volver a abrirse aún más.

 

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