FT-CI

Italia

¿Será caliente el otoño este año?

28/10/2008

Estas últimas semanas, como todos pudimos constatar mirando las tradicionales fotos tomadas luego de los múltiples encuentros y diversas cumbres que se sucedieron casi a diario, los representantes de la burguesía internacional ponen cara seria y han perdido mucho de su soberbia mientras observan con preocupación los altibajos de las principales bolsas y se prevé cada vez más la perspectiva de una recesión mundial.

Según Berlusconi “l’Italia sta bene”, mientras 15 millones de Italianos viven en la pobreza

El único que en aquellas fotos seguía con su sonrisa perpetua era Berlusconi. Hasta tuvo el increíble “mérito” de afirmar que Italia, furgón de cola de la economía europea en la última década y media, “era el país mejor preparado para enfrentar la crisis”...
Hubiera sido más honesto plantear que el tercer gobierno de Berlusconi se está preparando para enfrentar la crisis descargándola brutalmente sobre el proletariado y las clases explotadas de la península. Pero bien se sabe que la honestidad no es un valor cardinal para “el Cavaliere”, menos aún la honestidad intelectual.
Desde su llegada al poder en mayo de este año, el centro derecha italiano se caracterizó por una frenética y reaccionaria actividad legislativa, en plena continuidad, es menester reconocerlo, con la orientación del anterior gobierno de Prodi.
Por más que, desde el punto de vista de los intereses de la gran burguesía italiana, la ofensiva que está llevando adelante Berlusconi tal vez no esté a las alturas de las incógnitas que pesan hoy más que nunca sobre la economía italiana, a raíz de la aceleración de la crisis, sus blancos principales siguen siendo los mismos que los del precedente gabinete de centro izquierda que gobernó durante casi dos años, entre 2006 y 2008, con el apoyo de Refundación Comunista (PRC) y los Comunistas italianos (PdCI): atomizar cada vez más, en el plano social y económico, al asalariado, para acolchonar los efectos de la crisis solapada que ya venía manifestándose en Italia desde hace tiempo.
Para dar unos pocos ejemplos en materia de política interna, “el Cavaliere” retomó con todo la política racista que defendió Prodi y sus ministros entre 2006 y 2008, incluso la profundizó para satisfacer su base social y responder a las presiones de la racista Liga Norte y los pos fascistas de Alianza Nacional. Por ejemplo, extendió a escala nacional el estado de emergencia para “resolver” el “problema de la inmigración clandestina” e hizo votar una serie de leyes llamadas “paquete seguridad”, copiadas del proyecto que había sido presentado meses atrás por el ex ministro de Interior de centro izquierda, Amato.
En el plano de los ataques más globales a la clase obrera, mientras que su ministra de Educación, Gelmini, está preparando una reforma educativa en perfecta continuidad con el espíritu de las primeras medidas privatizadoras y pro patronales votadas bajo el primer gobierno de Prodi (reforma Berlinguer). El ministro de Función Pública, Brunetta, está desencadenando una brutal campaña contra los trabajadores estatales basada en recortes presupuestarios y mayor precarización. Paralelamente, Confindustria, la gran patronal, viene negociando desde hace meses una reforma de los Convenios colectivos de trabajo a nivel nacional, que ya alentaba el centro izquierda cuando estaba en el gobierno.

Desde mediados de septiembre, el retorno de las luchas sociales

La gran discontinuidad en relación a los primeros meses de gobierno de centro derecha y de “anestesia social” que bloqueó a la clase obrera bajo el gobierno de Prodi, está en el hecho de que algunos batallones de la clase obrera y de la juventud están empezando a entrar en acción, azotados por los efectos de una crisis económica que recién ahora están mostrando los telediarios de la península, pero cuyos efectos ya venían golpeando desde hace tiempo a las clases populares [1].
Inmediatamente después de la victoria del centro derecha, indirectamente empujada por el rotundo fracaso del centro izquierda y de sus ex aliados “comunistas”, fruto de casi dos años de política antiobrera y antipopular, la vanguardia de clase no supo reaccionar ante la arrogancia de las primeras medidas adoptadas por “el Cavaliere”. En cuanto a las principales confederaciones sindicales, CGIL, CISL y UIL, después de haber apoyado con todo la orientación antipopular del gobierno de la Unión, adoptaban una orientación abiertamente pro patronal en perfecta sintonía con el “dialoguismo constructivo” pregonado por Veltroni, líder del Partido Demócrata (la “oposición” de centro izquierda), en relación al gobierno. Respecto a la reforma del de los Convenios Colectivos, las tres organizaciones estaban dispuestas a firmar cualquier reforma. En relación al plan de reestructuración de Alitalia, la compañía aérea nacional que amenazaba con quebrar, estaban de acuerdo en descargar el precio de la privatización en las espaldas de los trabajadores aeroportuarios [2]. En fin, a las tres confederaciones no les parecía nada escandaloso el proyecto de reforma Gelmini.
Sin embargo, por una combinación hastío pasivo en relación al gobierno Berlusconi, de presión de la base y determinación de algunos sectores, cambió el clima social en el país, forzando al mismo tiempo a la CGIL a reconsiderar sus posiciones, sin romper obviamente en última instancia con su estrategia dialoguista.

La heróica resistencia de los trabajadores de Alitalia

Todo empezó en septiembre cuando, amenazados con terminar siendo lisa y llanamente despedidos si no aceptaban un empeoramiento de sus condiciones de trabajo y de salarios, los trabajadores de Alitalia en lucha rechazaron en primera instancia la oferta de los compradores de la compañía. Por más que no hayan podido triunfar, la heroica resistencia de los trabajadores aeroportuarios, que la criminal política de la CGIL en particular mantuvo completamente aislada, demostró que el estado de ánimo en algunos sectores obreros podía comenzar a cambiar.

Por primera vez empiezan a movilizarse las “banlieues” italianas

En aquellos mismos días se multiplicaron las agresiones y crímenes racistas perpetradas por los distintos brazos armados de la burguesía italiana: asesinato de un ítalo-africano en Milán a manos de comerciantes, agresión a un estudiante africano en Parma por la policía municipal, y brutal ataque contra seis inmigrantes africanos que terminaron baleados a mansalva por sicarios mafiosos en Castelvolturno, en la zona de Nápoles, por el brazo armado de un sector de la burguesía del Sur que controla, entre otras cosas, el mercado agroindustrial, basado en la sobreexplotación de los inmigrantes sin papeles. En un clima de exacerbada xenofobia, alentado por la política del gobierno y sus leyes racistas, los trabajadores inmigrantes tuvieron el coraje de decir “¡basta!”. Alzaron barricadas y se enfrentaron con la policía en Castelvolturno mientras que en el Norte del país los “Italianos de segunda generación” (hijos y nietos de inmigrantes, nacidos en Italia), discriminados y marginados, hicieron aparición por primera vez en forma masiva. Después de una imponente movilización de la “banlieue” de Milán en protesta contra el asesinato del joven Abdul, las manifestaciones anti racistas del 4 de octubre en Roma y Caserta (Nápoles) demostraron también cierta disposición a la lucha en importantes sectores de vanguardia.

Crecen las protestas entre docentes, secundarios y universitarios

En fin, mientras iba aumentando el malhumor en la administración pública, se empezó a difundir el descontento en las escuelas de todo el país. En las últimas semanas, fue creciendo la movilización a la cual empezaron a sumarse los secundarios y universitarios, para protestar contra la reforma Gelmini. Boloña, Turín, Roma, Milán, todas las grandes ciudades italianas fueron escenario de marchas de padres de alumnos con sus hijos al lado del magisterio mientras aumentaban las ocupaciones de escuelas. En los últimos días, son las universidades las que se empiezan a movilizar paulatinamente.

Las movilizaciones de la primera quincena de octubre podrían marcar una nueva etapa

Este nuevo clima social tuvo dos impactos inmediatos. Forzó por una parte a sectores de la burocracia sindical a cambiar de orientación para no perder la iniciativa y terminar rebasados por las movilizaciones. Por otra parte, llenó de un contenido distinto las manifestaciones que tuvieron lugar en octubre y que habían sido programadas tiempo atrás, antes de que cambiase el panorama de las luchas.

La CGIL de Epifani forzada a ubicarse algo más la izquierda

Por un lado, la misma dirección de la CGIL tuvo que reposicionarse para no quedar desenganchada del proceso actual de movilizaciones entre los sectores más dinámicos. Por más que deje entreabierta la puerta de las negociaciones y pueda llamar a suspender las medidas de fuerza previstas o agitadas (sobre todo en el sector de la educación), en caso de que “el gobierno quiera reabrir el diálogo”, líder de la CGIL, Epifani, tuvo que radicalizar sus posiciones. Tomando en cuenta la movilización cada vez más activa de las escuelas y colegios, la CGIL tuvo que llamar a un paro el 30 de octubre que a su vez tuvieron que tomar en consideración tanto la CISL como la UIL. En otros sectores, como en el caso de la investigación científica o de la administración pública, la presión no es aún lo suficientemente fuerte como para forzar a la burocracia a llamar decisivamente a parar, aunque no se pueda excluir de antemano, en caso de una mayor radicalización de la situación social, que se llame a huelgas sectoriales.

La manifestación del 11 de octubre

En relación a la agenda de movilizaciones que ya había sido programada con antelación para la primera mitad del mes de octubre desde las más variadas perspectivas políticas, se vio a su vez trasformada desde dentro por el clima social imperante. Lo más llamativo fue el caso de la manifestación del 11 de octubre convocada en Roma por los integrantes de la ex “Izquierda arcoiris” (Sinistra Arcobaleno, SinArc), que salió fuertemente golpeada de las últimas elecciones [3].
Partiendo de un llamado genéricamente moderado (“por otra Italia, por otra política”), la movilización del 11 tenía como objetivo original para sus organizadores (burócratas y ex ministros que hasta hace pocos meses atrás apoyaban la política antiobrera de Prodi y votaban los créditos de guerra), recuperar cierto consenso perdido, llamando a manifestar contra el centro derecha. La movilización, en el clima actual, se llenó de otro contenido, sirviendo de canal de expresión para decenas de miles de jóvenes y trabajadores que manifestaron su hastío con la política del gobierno, sin que se pueda reducir la marcha a una mera operación instrumental como había sido prevista por la cúpula dirigente de la ex SinArc.

La huelga general del 17 de octubre convocada por el sindicalismo de base

La huelga general convocada por las principales organizaciones del sindicalismo de base (RdB-CUB, Cobas y SdL), en base a una asamblea de delegados organizada en Milán el 17 de mayo pasado, vivió un proceso similar. Lo que había sido programado como la principal manifestación opositora del otoño, terminó siendo una de las etapas de un proceso más amplio que rebasa los sectores de vanguardia influenciados por el sindicalismo de base. Se transformó al mismo tiempo en una ocasión de confluencia objetiva con los sectores movilizados del magisterio y del movimiento estudiantil.

¡Llamar a coordinar las luchas actuales y extenderlas, la única forma para torcerle el brazo al gobierno y a Confindustria!

Este nuevo clima social obliga a la vanguardia italiana a pronunciarse ante una disyuntiva fundamental. No hay lugar a dudas de que Epifani está proponiendo nuevamente, en una etapa menos avanzada aún, la estrategia de su predecesor, Cofferati, entre 2001 y 2004, bajo el segundo gobierno Berlusconi. Esta estrategia consistía en llamar a movilizar, incluso mediante huelgas generales, para no perder la capacidad de control sobre los sectores más dinámicos, haciendo todo lo posible para que no se cree un movimiento coordinado que supere la fragmentación de las luchas y la camisa de fuerza impuesta por la burocracia sindical.
La capacidad de los trabajadores de la península, italianos e inmigrantes, precarios y efectivos, jóvenes proletarios y estudiantes, de torcer el brazo al gobierno derechista de Berlusconi y a la gran patronal, no depende sólo del desarrollo de las movilizaciones actuales y de su extensión. Depende también de su capacidad de superar la estrategia de la burocracia sindical que sabe ubicarse como interlocutor “responsable” de la burguesía e instrumentar al mismo tiempo las movilizaciones para no perder su control cuando se vuelva necesario. Esta capacidad de superación de una eventual “radicalización cofferattiana” de Epifani y de la dirección de la CGIL, dependerá en gran parte de la orientación del sindicalismo de base, y a su vez de las corrientes de extrema izquierda que actúan en su seno. El sindicalismo de base no puede seguir adelante considerando únicamente su propia agenda política como si nada nuevo estuviera ocurriendo en el panorama social, por más que las movilizaciones actuales, en el magisterio en particular, estén hegemonizadas por la burocracia confederal. Es preciso romper con cierto sectarismo autoproclamatorio, por más radicales que parezcan las acciones de fuerza del 17 de octubre, para que las organizaciones combativas y el sindicalismo de base exijan el frente único entre todos aquellos que pretenden oponerse al curso actual de la política del gobierno, para unificar las luchas en curso y coordinarlas. Esta sería la única manera de sentar las bases de un proceso de lucha, democrático y coordinado. Sería el único camino para hacer posible la perspectiva de contrarrestar la ofensiva del gobierno y de Confindustria, que prosigue más rabiosa que nunca. Sería la única forma para disputarle la dirección de los sectores en lucha y de los grandes batallones de la clase obrera que aún no empezaron a movilizarse, ya no para negociar “en mejores condiciones” o “sobre otras bases” con Berlusconi y Marcegaglia como dice Epifani, sino para doblegar el gobierno y Confindustria.

Cómo escribíamos en el volante de agitación que sacamos en vistas de la huelga general convocada por el sindcalismo de base el 17 de octubre (ver "Huelga general en Italia"), “sería responsabilidad de todas aquellas corrientes sindicales y políticas que planteaban no tener “gobiernos amigos”, [es decir que declaraban no apoyar al gobierno Prodi y con más razón tendrían que considerar la necesidad de enfrentar globalmente las políticas reaccionarias de Berlusconi], lanzar un llamado para coordinar desde abajo las movilizaciones y coordinarlas en forma democrática, más allá de las afiliaciones partidarias y sindicales. Ésta sería la condición para construir una lucha intransigente contra el gobierno y Confindustria, es decir poner en pie un movimiento que vaya hacia una huelga masiva y continuada contra las política de la burguesía: esto sería el único camino coherente y realizable para crear un frente de lucha capaz de contrarrestar la política de la patronal. Lo que era necesario un año atrás es más necesario aún en esta fase de profundización de la crisis. Es en esta base que pretendemos interveir en el próximo período.

¡Abajo los ataques a los trabajadores!
¡Exijamos el frente único a todas aquellas organizaciones que pretenden oponerse a la política del gobierno y de la patronal, tanto para contrarrestar la ofensiva reaccionaria desencadenada por Berlusconi y Marcegaglia como para reaccionar ante todo ataque de los que quieren descargar en nuestros hombros el costo de la crisis capitalista!
Mientras tanto nos tenemos que unificar y coordinar democráticamente desde abajo, trabajadores efectivizados y precarios, inmigrantes e italianos, jóvenes trabajadores y estudiantes, para discutir de las modalidades de una contraofensiva social y para que la crisis la paguen los capitalistas.

Roma, 19/10/08

  • NOTAS
    ADICIONALES
  • [1Según un informe publicado el 15/10 por Caritas, la principal ONG católica italiana, en base a datos oficiales, el 15% de los Italianos, la mitad de los cuales son habitantes del Mezzogiorno, el Sur de la península, viven con 500-600 euros al mes (670-800 dólares). El país tiene 15 millones de pobres, mitad de los cuales están al límite de la pobreza extrema

    [2El plan de salvataje original, que terminó pasando a pesar de la heroica resistencia de los trabajadores aeroportuarios, consistía en que el Estado se hiciera cargo de las pérdidas del grupo, permitir su compra a precio regalado por parte de un grupo de “patrones patrióticos” para que la compañía no cayera en “manos extranjeras” (lo que suscitó no pocas perplejidades en Bruselas y roces con la Comisión europea), para luego mejor poder privatizar definitivamente las ganancias. Obviamente el plan de salvataje preveía recortes a la plantilla laboral, despidos en las empresas tercerizadas, y una reestructuración desventajosa desde el punto de vista salarial para los trabajadores que quedaban.

    [3El frente electoral conformado fundamentalmente por Refundación (PRC), el PdCI y los Verdes, no logró obtener escaño alguno en el Parlamento ni en el Senado

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