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Venezuela

17 años de la rebelión popular de Febrero, 7 años de gobierno de Chávez

16/03/2006 En Clave Obrera N° 4

Hace pocos días se cumplió un año más del «Caracazo», cuando la rebelión popular abrió un nuevo período de lucha de clases en nuestro país. El descontento y la rabia acumulada tras años de explotación y opresión bajo la represiva «democracia» adeco-copeyano, explotó con extraordinaria fuerza y combatividad, dando un golpe de muerte al puntofijismo y produciendo un giro en la correlación de fuerzas entre el campo de las masas trabajadoras y el de la burguesía nacional y el imperialismo. Desde ese día asistimos a un nuevo período de protagonismo del movimiento de masas en la historia nacional, dificultando, y hasta derrotando los planes de la burguesía y el imperialismo.

Creemos que es importante aprovechar este 17 aniversario de las jornadas que, para nosotros, marcan el inicio de «el proceso» de luchas que hoy sigue abierto, y también el cumplimiento de 7 años de gobierno de Chávez, para que desde la clase obrera, la juventud combativa y el pueblo pobre en general, saquemos algunas lecciones o conclusiones que nos sirvan para llevar hasta la victoria este proceso, es decir, hasta el triunfo de la revolución socialista, coronada con un gobierno directo de los trabajadores y el pueblo pobre.

LA CRISIS, LAS LUCHAS Y EL ASCENSO DE CHáVEZ

Lo que venía incubándose como rechazo a los bajos salarios, el desempleo, el alto costo de los alimentos, las medicinas y el transporte, la falta de viviendas, salud y educación, es decir, contra las condiciones de vida a que el capitalismo condena a las masas trabajadoras, mientras se enriquecen banqueros y empresarios nacionales e imperialistas, reventó en una rebelión semi-espontánea, que, como bien dijo en su momento Luis Brito García, demostró la imposibilidad de la «convivencia pacífica» entre explotados y explotadores. Desde la caída de Pérez Jiménez no se veía tanta convicción de la justeza de adueñase de las calles y desafiar en masa la legalidad de las clases pudientes, lo que fue respondido con una enorme represión con las FFAA.

El «Caracazo» demostró contundentemente el rechazo al paquete de CAP y el hastío contra el régimen económico y político de entonces, aunque constituyó una acción defensiva, que no llevaba como objetivo la lucha por el poder político, no contó con una dirección revolucionaria que se propusiera cambiar de raíz las cosas, impulsando al movimiento a la lucha por un gobierno obrero y popular. Estas jornadas dejaban como tarea pendiente la necesidad de conseguir un programa y una estrategia revolucionaria para que las luchas económicas y reivindicativas se transformaran en una lucha directa por el poder.

Luego de febrero del ‘89 se produjo un importante ascenso en las luchas del pueblo, siendo constantes los paros y huelgas, marchas, cacerolazos, trancas de calles y enfrentamientos con los cuerpos represivos del Estado. Importantes procesos antiburocráticos se daban en el seno de los trabajadores, desplazando a dirigentes patronales y conciliadores, sirviéndose del método de las asambleas, así como intentos de coordinación nacional de las luchas desde las bases.

Es en medio de este ascenso que se dan los intentos de golpe de Estado del 4-F y 27-N del ‘92, demostrando que la crisis llegaba hasta las FFAA -esas mismas que habían derrotado la rebelión a fuerza de fusiles-, así como el desplazamiento «por arriba» de Carlos Andrés de la presidencia, mediante un acuerdo entre sectores de la burguesía e intelectuales «progresistas», antes de que «desde abajo» el descontento popular lo despojara del poder por la fuerza de la movilización, lo que hubiera agudizado la crisis. En las elecciones del ‘93 hubo una altísima abstención, y la candidatura de Andrés Velásquez llegó en segundo lugar, desplazando a AD y COPEI. Ante la aplicación del paquete fondomonetarista de Caldera, no se hicieron esperar las acciones y movilizaciones de resistencia de la clase obrera y el pueblo pobre.

Esta disposición de pelea que impidió a la burguesía seguir gobernando sin traumas, no encontró canalización revolucionaria en los partidos de la «izquierda», acostumbrados a la labor parlamentaria y a ser «oposición» sin cuestionar de fondo la «democracia para ricos» ni pelear por la revolución social. Es esta situación la que hace posible que la figura de Chávez, salido de los estratos medios de las FFAA y con un programa nacionalista, cobre tanta fuerza sin ninguna alternativa obrera y popular por la izquierda.

Luego de los primeros años de tranquilidad del gobierno de Chávez vendrá la ofensiva de la reacción pro-imperialista con el golpe de abril y el paro sabotaje petrolero.

LAS MASAS TRABAJADORAS NO HAN DEJADO DE LUCHAR

Todos sabemos que cuando el golpe de abril del 2002, ante la conspiración burguesa y de la cúpula militar, a pesar de la disposición de lucha de las masas, el gobierno no dio mayor pelea ni se apoyó en la movilización combativa y el armamento del pueblo, sino que confió en las FFAA, dando como resultado que hicieron preso al Presidente y, de hecho, cayó el gobierno. Fue la movilización masiva y combativa del pueblo trabajador la que «salvó el proceso», al derrotar al gobierno empresarial, dictatorial y pro imperialista de Carmona [1]. Pero luego de repuesto por el pueblo el gobierno no expropió a los capitalistas imperialistas y nacionales comprometidos con el golpe, con lo que se hubiera disminuido sus fuerzas y se hubiese avanzado realmente en el camino de la independencia nacional, al contrario, el Presidente pidió perdón y mandó al pueblo a sus casas, calmando la situación.

Esto lo aprovechó la reacción para reponer fuerzas y arremeter de nuevo con el paro patronal y saboteo a PDVSA, pero nuevamente el pueblo los derrotó, en 63 días de dura lucha y movilización de calle, incluyendo muertos del lado popular. Esta vez jugaron un papel destacado, la clase obrera en general, y en particular los trabajadores petroleros, estableciendo incluso experiencias de control obrero en dos importantes refinerías del país (Puerto La Cruz y El Palito). Pero luego de derrotado el paro patronal el gobierno tampoco hizo nada contra la burguesía golpista, sino que se sentó en una mesa de negociaciones con esta, donde se acordó la realización del referendo revocatorio.

De esta manera hay una dinámica en la que las masas trabajadoras son la fuerza determinante para derrotar los planes de la burguesía pro imperialista, pero cada victoria obrera y popular es administrada por el gobierno, precisamente para negociar con los enemigos del pueblo, quienes quedan con sus bienes y poder económico intactos. Cuando la reacción estuvo derrotada y desorientada por la acción de masas, el gobierno lejos de avanzar para terminar de derrotarla, mandaba a calmarse al pueblo trabajador y dejaba «en paz» los negocios de los capitalistas nacionales y extranjeros comprometidos con las conspiraciones. El poder económico de los empresarios no estuvo en discusión en las negociaciones, sólo se negoció en el «plano político» una «salida pacífica y democrática»: el referéndum que ratificó a Chávez.

Muchos compañeros trabajadores dicen lo mismo que muchos funcionarios del gobierno, que «era necesario negociar» y que todo se hizo para «no hacerles el juego y traerlos a nuestro terreno», mediante el referendo, y que «al fin y al cabo les ganamos». Pero es un razonamiento que oculta cuestiones de fondo. El referéndum fue precisamente una manera de «resolver» la crisis por una vía que no fuera la lucha directa en la calles y en las fábricas, sino en las elecciones, una manera de evitar que en la lucha abierta los trabajadores y pobres llegaran a afectar la propiedad capitalista, que es la verdadera raíz de la explotación y la pobreza de nuestro pueblo. Fue una salida para «normalizar» al país y poder llegar a entendimientos entre el gobierno y los empresarios nacionales y extranjeros. Si no fuera así, ¿por qué es precisamente luego del referendo que el gobierno se ha sentado a negociar con los representantes de los capitalitas nacionales, incluso dándoles créditos, así como también haciendo negocios con las transnacionales petroleras? ¿Cuál es la gracia de que hayamos «ganado» cuando ningunos de nuestros problemas están resueltos, mientras los capitales imperialistas siguen haciendo sus jugosos negocios y los empresarios nacionales siguen disfrutando de sus bienes y ganancias? En las fábricas y en las calles los capitalistas fueron derrotados por el pueblo, pero gracias a las negociaciones y salidas «pacíficas», siguen impunes como si nada hubiese pasado.

MUCHA LUCHA,POCOS CAMBIOS REALES

Luego de todos estos años de confrontación con los empresarios, terratenientes, banqueros y empresas trasnacionales, es un contrasentido que sean precisamente estos los más favorecidos con el crecimiento económico y la estabilidad política, más no así los trabajadores, campesinos pobres y sectores populares.

Podemos mencionar las Misiones implementadas por el gobierno, sobre todo en el área educativa y de atención primaria en salud, el aumento del gasto público, la destinación de parte de la renta nacional al financiamiento de cooperativas y microempresas. No hay duda de que estas políticas son positivas para la población, pero debemos ser claros y partir de la realidad tal cual es, y es que esto no resuelve de fondo ninguno de los problemas más acuciantes del pueblo venezolano. Los salarios siguen siendo bajos en relación al costo de la vida, además de que continúan los aumentos de precios, a pesar de las regulaciones, y otras veces autorizados por el mismo gobierno: el salario mínimo acaba de ser aumentado a 465 mil bolívares, pero la Canasta Básica Familiar llega a 1.500.000 Bs., mientras aún hay más de 1 millón y medio de trabajadores desempleados y del total de trabajadores ocupados, casi la mitad está en el sector informal, sin ingresos fijos ni seguridad social. En cuanto a la vivienda las cifras oficiales indican que continúa el déficit de más de 2 millones de «soluciones habitacionales», que los planes del gobierno junto a la empresa privada y la banca no logran resolver siquiera en parte. Aún con Barrio Adentro I y II, la red de hospitales públicos sigue en crisis. La tierra no está en manos de los miles de campesinos pobres y continúan los asesinatos en el campo.

Pero en el otro lado de la acera los banqueros y demás empresarios han visto crecer sus ganancias, incluso recibiendo créditos del Estado, y también empresas como la Chevron-Texaco, la española Repsol, y otras trasnacionales vienen haciendo jugosos negocios en el área del petróleo y el gas. El gobierno no sólo sigue pagando la deuda externa, sino que ha anunciado que con los excedentes de las Reservas Internacionales va a pagar, además de los intereses, una cuarta parte del monto de la deuda, una excelente noticia para los banqueros imperialistas que siguen recibiendo nuestro dinero. Gracias a la política del gobierno con el «método Chaz», los terratenientes están «cediendo» sólo una parte de las tierras y quedándose con el resto.

Según las cifras oficiales, a pesar de la mejora económica y de las ganancias, no ha habido un crecimiento importante de la inversión privada ni se han dado grandes inversiones en innovaciones de maquinaria y tecnología, y el aumento del empleo es menor que el aumento de la producción. Eso quiere decir, sencillamente, que además de los altos precios del petróleo, esta mejora en la producción y las ganancias de los capitalistas tiene que ver con una intensificación de la explotación de la clase trabajadora, pues se está produciendo más con la misma maquinaria y casi la misma cantidad de trabajadores.

Puede sorprendernos este cuadro, sobre todo cuando desde el gobierno se habla mucho de los aspectos positivos de la situación nacional y además el Presidente Chávez habla del «socialismo del siglo XXI» y el «poder para los pobres». No hay duda de que es «trascendiendo el capitalismo», como dice Chávez, como se pueden resolver de fondo los problemas de las mayorías nacionales, pero es justamente eso lo que ponemos a la discusión de la vanguardia obrera y juvenil: las acciones concretas del gobierno no apuntan hacia la superación de la explotación capitalista.

Aunque parezca complicado, es sencillo de entender la situación planteada. El capitalismo funciona sobre la base de la explotación de la fuerza de trabajo asalariada, de ahí obtiene la ganancia. El socialismo consiste en hacer que toda esa ganancia que hoy va a un puñado de capitalistas, pase a manos de las verdaderas productoras de riquezas, las mayorías trabajadoras, mediante la socialización de los medios de producción. Decir que vamos al socialismo es decidirse a expropiar a los «ladrones nacionales y extranjeros», haciendo que las empresas, bancos y tierras pasen a manos de los trabajadores y el pueblo pobre. Sólo así se puede lograr que todos esos recursos que hoy van a engordar las cuentas de las empresas y bancos nacionales y extranjeros, se destinen a la construcción de viviendas, hospitales y escuelas, a un aumento de salarios que cubra las necesidades de las familias trabajadoras, al impulso de un moderno y dotado sistema público de salud y de educación, así como un fuerte impulso a la producción agrícola nacional con la tierra en manos de los campesinos pobres.

Pero nada de esto se asoma en la política concreta del gobierno, y como dice el refrán popular, de buenas intenciones está lleno el mundo, pero no basta, son las acciones concretas las que valen a la hora de definir el destino de millones de personas. Por eso, cuando tenemos esta situación en medio de un crecimiento grande del Producto Interno Bruto (PIB), de 14% en 2004 y 9% en 2005, junto a altos y sostenidos precios del petróleo, junto al pueblo trabajador nos preguntamos: ¿Acaso después de tanta combatividad y disposición de lucha demostrada en la derrota de los planes de la burguesía y el imperialismo, y después de 7 años de «gobierno revolucionario», es justo que la mejor tajada se la sigan llevando los mismos de siempre?

— 

- Las reformas de «lo posible»

El proyecto de Chávez, la oficialidad y los partidos de izquierda que lo acompañan -que vienen de esa izquierda parlamentaria y reformista- es un proyecto nacionalista burgués, en el sentido de que busca una mayor independencia del país respecto al imperialismo yanqui, pero sin atacar las bases mismas de la dominación burguesa e imperialista en nuestro país.

Podemos decir que hay tres aspectos fundamentales a destacar. El más importante es que tras la figura de Chávez se encuentra ese movimiento de masas que irrumpió con fuerzas en el ‘89 y que espera respuestas a sus problemas fundamentales. Luego tenemos que el centro del proyecto del gobierno es «el desarrollo del país», de la «industria nacional», lo cual implica cambiar las relaciones con los capitales imperialistas, en términos de reclamar para el Estado venezolano parte de las riquezas y ganancias producidas en el país, y que estos están acostumbrados a llevarse. En fin, no permitir un saqueo imperialista tan desmesurado. Esto se expresa en la necesidad de controlar la administración de PDVSA, que hasta entonces venía siendo manejada al antojo de las compañías petroleras trasnacionales y en la elevación de los impuestos a las petroleras extranjeras. Y por último, el torrente que lleva a Chávez al gobierno implicó un desplazamiento de los sectores que tradicionalmente habían venido ocupando la conducción política del país, de los que los capitalistas nacionales y extranjeros se habían venido sirviendo para gobernar.

Por eso, a pesar de que esta propuesta se plantea lograr el «desarrollo de la industria nacional» de la mano de los empresarios, con base a los recursos que ya no se llevaría el imperialismo y con la ayuda del Estado, la burguesía nacional se opone al gobierno. Es porque en nuestros días la lucha contra la dominación de los capitalistas imperialistas pasa también por luchar contra los capitalistas nacionales, que son socios y cómplices de estos, y la burguesía venezolana teme que el movimiento obrero y popular sobre el que se apoya Chávez, en el transcurso de su lucha por salarios dignos, empleo para todos, vivienda, salud, educación y tierras, termine luchando directamente contra ella, es decir, no sólo contra el «ladrón extranjero» sino también contra el «ladrón nacional». Por eso intentaron derrocarlo, para colocar un gobierno títere, que esté completamente a sus órdenes, y que a diferencia de éste, no dependa del apoyo de las masas sino que se apoye en la oligarquía, el imperialismo y la represión.

Por eso afirmamos que la disposición de lucha demostrada por los trabajadores y el pueblo es el elemento central en esta pelea política, porque a pesar de los discursos fuertes y los roces con el gobierno guerrerista de Bush, las bases del proyecto de gobierno no son tan radicales como pareciera. En la Asamblea Constituyente se proclamó el «respeto a todos los compromisos internacionales» adquiridos por los gobiernos anteriores, es decir, que no habría cambios bruscos en la relación con el imperialismo, que es sobre todo económica. En la nueva Constitución quedó establecido el respeto a la propiedad privada capitalista y el «libre comercio» (Art. 112 y 115), es decir, que no habría ningún cambio revolucionario en la estructura económica del país.

Repasando los hechos más importantes de los últimos años y la situación de hoy se puede ver cómo lo que decimos se refleja en la realidad, porque son las acciones concretas las que definen, y no sólo los discursos «revolucionarios».

— 

- En 7 años se han pagado 24 mil millones de dólares en Deuda Externa*

Para poder pagar la deuda social con el pueblo (vivienda, educación, salud, trabajo, seguridad social, recreación, cultura), negada sistemáticamente por el imperialismo y sus aliados nacionales, que gobernaron en función de los intereses de la burguesía y en desmedro de las necesidades populares, es necesario no continuar pagando una deuda externa ilegal, contraída fraudulentamente por los mismos empresarios y corruptos que durante 40 años disfrutaron de las mieles del poder, gracias a los buenos oficios de adecos y copeyanos, y que luego organizaron el golpe de abril de 2002 y el paro-sabotaje contra PDVSA.

Lamentablemente, todavía hoy, después de la lucha encarnizada de los trabajadores venezolanos contra los partidos de la burguesía y el imperialismo, en defensa del proceso revolucionario, el Estado venezolano, más específicamente, el gobierno del presidente Chávez, continúa pagando fielmente y sin retrasos esta deuda ilegal.

EL GOBIERNO HABLA CONTRA LA DEUDA «ETERNA» PERO PAGA PUNTUALMENTE

En este momento -al cierre de 2005- la deuda externa venezolana asciende a 31 mil 63 millones de dólares, mientras que al cierre de 2004 era de 27 mil 475 millones de dólares, lo cual significa que se incrementó en 3 mil 588 millones de dólares con respecto al pasado año. (...) Pero no sólo ha aumentado la deuda externa durante el actual gobierno, sino que además se ha pagado puntualmente, una cantidad ingente de recursos, los cuales podrían haber sido empleados para el bienestar del pueblo. Entre 1999 y el pasado año se han pagado a los acreedores externos un total de 24 mil 835 millones de dólares, una cantidad similar al monto total de la deuda en 1997. Es decir, se sigue pagando y la deuda no se reduce, por el contrario, aumenta significativamente.

Por otra parte, durante el presente año nuestro país debe pagar por amortización e intereses de deuda (interna y externa) un total de 14 mil millones de bolívares, una cantidad superior tanto al presupuesto del Ministerio de Educación (Bs. 11,7 billones) como al de Salud (Bs. 4,4 billones).

Pero seguir pagando la deuda externa no sólo significa desviar recursos a bancos y organismos financieros internacionales en lugar de utilizarlos para pagar la deuda social. No sólo es un problema moral en la medida que se sigue pagando una deuda ilegal y fraudulenta contraída por los gobiernos de la IV República y por empresarios golpistas enemigos del proceso revolucionario. También es un asunto que afecta la independencia y soberanía del país frente al imperialismo.

ENFRENTAR AL IMPERIALISMO PASA POR NO PAGAR LA DEUDA

La deuda externa es un mecanismo económico de dominación e injerencia política del imperialismo en los asuntos internos de los países, en la medida que, mediante la presión y el chantaje de los bancos transnacionales y los organismos financieros internacionales, como el Banco Mundial o el FMI, se determinan y condicionan las políticas públicas que en el ámbito económico, formulan las naciones.
*Extractos del artículo de Miguel A. Hernández

— 
- La necesidad de un programa político propio de la clase trabajadora

Como queda de manifiesto, nada puede cuestionársele a la clase obrera, a los campesinos pobres y sectores populares, que han dado todo de sí en la batalla contra la clase capitalista venezolana y el imperialismo, pero la principal debilidad que ha mostrado la clase trabajadora en todo este proceso, es la de no haber logrado articular un proyecto político propio, con sus demandas y exigencias de clase bien claras, para que después de poner todas sus fuerzas y energías para derrotar a la reacción, no fuera el gobierno con su programa de conciliación de clases el que «administrara» las victorias, para dejar todo sin mayores cambios. Las organizaciones que se reclaman obreras y revolucionarias, como la UNT, tienen la responsabilidad de luchar por un programa propio de la clase trabajadora.

Por esto creemos que es desde la perspectiva de los intereses inmediatos e históricos de la clase trabajadora de donde se debe partir para tener una orientación y actuación política verdaderamente revolucionaria, y es lo que fraternalmente exponemos y presentamos a la discusión con todos aquellos compañeros y compañeras con quienes hemos compartido la misma trinchera de lucha todos estos años (contra el golpe, contra el paro patronal en la calles y en la universidad, contra las «guarimbas», etc.) y que sabemos que confían en Chávez y el gobierno. Nosotros les decimos que respetamos su posición, aunque no la compartimos, porque el proyecto del gobierno no lleva a resolver los problemas que planteó la rebelión del ‘89, pues en lo fundamental es de conciliación de clases, conciliación con nuestros enemigos, y no de lucha firme contra la explotación capitalista, como hemos mostrado en este artículo.

En el transcurso de las luchas comunes que seguimos y seguiremos dando, nos proponemos continuar el debate, seguros de que la misma lucha de clases haga más evidente lo que insistimos una y otra vez, la necesidad de que la clase trabajadora confíe solo en sus propias fuerzas y métodos, de que se dote de un programa y una organización revolucionaria independientes de la burguesía y de toda variante de colaboración de clases, aunque se diga «revolucionaria».

No es la primera vez que eso ocurre en el mundo y especialmente en América Latina: durante todo el siglo pasado vimos grandes gestas de lucha de las masas trabajadoras, como los cordones industriales chilenos, la Asamblea Popular y las milicias obreras en Bolivia o la victoria obrera y campesina en Nicaragua, pero nada de esto condujo a verdaderas revoluciones sociales, porque fueron movimientos cuyos dirigentes, aunque hablaban de «revolución» y de «socialismo», siempre planteaban negociaciones y acuerdos con los capitalistas.

Para nosotros es claro que no podemos repetir los mismos errores del pasado, que es necesario que la clase trabajadora tenga plena independencia política y que trabaje para forjar su propio programa de lucha y su propia organización y dirección clasista revolucionaria, es decir, la conformación de un partido obrero revolucionario que luche claramente por el poder obrero, por la expropiación de los capitalistas y el imperialismo, para planificar toda la economía y la vida nacional de acuerdo a los intereses de las mayorías, con un gobierno ejercido directamente a través de las organizaciones de masas de los trabajadores, campesinos y el pueblo pobre. Sólo así se puede iniciar realmente el camino hacia el socialismo.

Es en ese camino que junto a decenas de trabajadores, trabajadoras y militantes de otras organizaciones marxistas venimos trabajando en la construcción del Partido Revolución y Socialismo (PRS), como escenario para el debate de estas cuestiones y como herramienta de intervención política para ir fortaleciendo las fuerzas de la clase trabajadora para pelear por una verdadera revolución social.

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  • [1El llamado de García Carneiro a que la gente no se alejara del Fuerte Tiuna porque esa movilización era decisiva para inclinar la balanza a favor del gobierno a lo interno de los cuarteles, demuestra que fue ese el elemento central de las jornadas del 13 de abril.

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