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El retorno de Irán
por : Claudia Cinatti

21 Jan 2016 | Con la certificación de que Irán había cumplido con el acuerdo nuclear sellado en Viena, Estados Unidos y la Unión Europea levantaron las sanciones impuestas en 2011. Qué consecuencias tiene el retorno gepolítico y económico de Irán en Medio Oriente.
El retorno de Irán

Con la certificación de que Irán había cumplido con el acuerdo nuclear sellado en Viena, Estados Unidos y la Unión Europea levantaron las sanciones impuestas en 2011. Qué consecuencias tiene el retorno gepolítico y económico de Irán en Medio Oriente.

El 16 de enero la Agencia Internacional de Energía Atómica certificó que la República Islámica de Irán había cumplido con el acuerdo nuclear sellado en Viena en julio pasado entre el régimen iraní y el grupo P5+1 (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China y Alemania). En ese mismo momento, Estados Unidos y la Unión Europea levantaron las sanciones económicas relacionadas con el programa nuclear impuestas en 2011. Las consecuencias del retorno gepolítico y económico de Irán con ambiciones de potencia regional ya se están haciendo sentir. Mientras Obama y Rouhani se atribuyen la victoria, los conservadores iraníes y la derecha republicana anuncia tragedias. Y las tensiones entre Arabia Saudita e Irán alcanzaron un punto de ebullición.

En un tiempo inusualmente breve el régimen iraní cumplió con los compromisos asumidos: envió a Rusia más del 98% de su stock de uranio enriquecido; desmanteló unas 14.000 centrifugadoras (dos tercios de su capacidad para enriquecimiento de uranio), y extrajo el núcleo del reactor nuclear de la planta de agua pesada de Arak, reemplazándolo por concreto. Los gestos de buena voluntad hacia el “Gran Satán” se completaron con el intercambio de prisioneros: 5 americanos por 7 iraníes detenidos en Estados Unidos y la resolución sin consecuencias de la crisis desatada por la detención de 10 marines norteamericanos que “sin querer queriendo” terminaron invadiendo aguas iraníes en el golfo Pérsico, poco antes del llamado “día de implementación” en que se anunció el cumplimiento del acuerdo y el levantamiento de las sanciones económicas.

Obama y Rouhanni se adjudican el triunfo

En su discurso sobre el estado de la Unión, Obama se refirió al acuerdo con Irán como uno de los triunfos de su política exterior, basada en una “estrategia paciente y disciplinada” y en la construcción de una “coalición global” que por medio de “sanciones y diplomacia” evitó que Irán avance en su programa nuclear. “Hemos logrado este progreso histórico a través de la diplomacia, sin recurrir a otra guerra en Medio Oriente”, dijo desafiando a los halcones republicanos (y una minoría demócrata).

Ante el parlamento iraní, el presidente reformista Hassan Rouhani habló de una “página dorada” de la historia y llamó efusivamente a hacer negocios a propios y extraños aprovechando la apertura económica, la reinserción en el sistema financiero mundial y el reanudamiento de las exportaciones de petróleo y gas.

La imposición de nuevas sanciones por parte del gobierno de Estados Unidos a 11 compañías e individuos iraníes relacionadas con dos pruebas de misiles balísticos no cambia el sentido general de la flecha.

Tampoco alcanza para apaciguar a los rabiosos opositores de Obama -la mayoría republicana, un sector importante del complejo militar industrial, Israel y Arabia Saudita- que lo acusan de capitular ante el régimen iraní.

¿Se puede analizar el acuerdo en términos de triunfos y capitulaciones? Parece un poco prematuro hacer definiciones tan categóricas. Con el tiempo se verá cuál es el precio final que cada uno pagará por el acuerdo. Pero hoy por hoy tanto Obama como Rouhani pueden reclamar su porción de victoria.

Estados Unidos consiguió a través de las sanciones económicas, que funcionan como una verdadera arma de guerra, hacer que la teocracia iraní negocie su soberanía nuclear.

Las sanciones relacionadas con el programa nuclear impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea en 2011, que afectaron fundamentalmente al sector energético, tuvieron consecuencias lapidarias para la economía del país y las condiciones de vida de la población. El ahogo económico, las divisiones internas y la amenaza de protestas sociales ejercieron una fuerte presión sobre el régimen que terminó inclinándose mayoritariamente por la estrategia de la negociación tras la elección de Hassan Rouhani en 2013.

El gobierno de Estados Unidos, como es lógico, intenta hacer de la necesidad virtud. Pero este triunfo de la “doctrina Obama” surge de la debilidad del liderazgo norteamericano. Puestos en la balanza, la derrota de la estrategia militarista de Bush, los desastres de Irak y Afganistán, el surgimiento del Estado Islámico y la reactivación del conflicto intra musulmán, subieron el precio de la colaboración de Irán para lograr algún grado de estabilidad regional.

Desde el punto de vista de Irán, el acuerdo es considerado un triunfo al menos para el sector reformista de la teocracia, que prefiere resaltar las promesas económicas y dejar de lado las importantes concesiones en materia militar y de soberanía nacional. Aunque no hay una visión unánime del impacto del levantamiento de las sanciones, de manera más o menos inmediata el régimen iraní recuperaría el control de entre 55.000 y 150.000 millones de dólares en activos en cuentas congeladas en el exterior. Además de reintegrarse al sistema financiero internacional. Irán estaría en condiciones de aumentar sus exportaciones de petróleo en unos 500.000 bpd. Su producción actual es de 1,2 millones bpd (comparado con 10-11 millones que produce Arabia Saudita) y se exporta fundamentalmente a Asia.

La zanahoria es que pruebe suerte en el mercado internacional aprovechando su principal ventaja comparativa: ser uno de los pocos mercados atractivos no explotados en las últimas dos décadas, como lo definen varios analistas. Con sus casi 80 millones de habitantes, vastos recursos naturales y una disposición de la burocracia gobernante a hacer negocios, varias empresas multinacionales europeas se están frotando las manos buscando oportunidades. Y ya anunciaron su visita jefes de estado y funcionarios, entre ellos el presidente chino Xi Jinping, y los ministros de economía de Gran Bretaña y Alemania.

Sin embargo, la baja de los precios del petróleo y la situación crítica de la economía internacional abren un gran interrogante sobre las posibildades de capitalizar el fin del aislamiento.

La vuelta de Irán al mercado petrolero ya está contribuyendo a la baja del precio del crudo, que se anticipó a este retorno anunciado y registró nuevas caídas desde el anuncio del fin de las sanciones. También podría darle razones adicionales la política del núcleo de la OPEP –Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos- de no recortar la producción de petróleo: la competencia con Irán (también miembro de la OPEP) sería otro fundamento para mantener sus niveles actuales y no regalarle ningún mercado, perjudicando aún más la situación de otros miembros del cartel petrolero, principalmente Rusia y Venezuela.

El fin de las sanciones a Irán agudiza las tensiones regionales

La proyección de Irán como potencia regional está en la base de la guerra fría con puntos calientes –como Siria y Yemen- entre el país persa y su principal rival, Arabia Saudita, que teme que la influencia iraní -amplificada hacia el mundo árabe por la alianza con Irak-, penetre en sus fronteras y llegue al corazón petrolero donde se concentra la minoría chiita.

Este enfrentamiento tuvo un pico de tensión a principios de enero con la ejecución de un clérigo chiita en Arabia Saudita, junto con otros 47 prisioneros, acusados de cargos de terrorismo, que fue respondido en Irán con el asalto a la embajada saudita.

La puja entre Arabia Saudita e Irán, como expresión estatal del conflicto regional entre chiitas y sunitas y tras los cuales actúan Estados Unidos y Rusia, complica los planes de estabilización de Obama, que intentará el próximo 25 de enero una nueva negociación para encontrar una salida a la guerra civil en Siria.

En el plano interno, los factores decisivos de poder iraníes por ahora están alineados detrás del acuerdo. Tanto el líder supremo, el ayatola Alí Khamenei, como la Guardia Republicana (la principal organización militar con gran poder económico y político) han dado su visto bueno. Sin embargo, la puja entre conservadores y reformistas se ha intensificado. En febrero Irán enfrenta dos elecciones cruciales: las elecciones parlamentarias y las elecciones para la Asamblea de Expertos, el cuerpo que tiene la facultad de elegir al líder supremo. A poco de anunciado el acuerdo, ya se conoció que el concejo que autoriza la presentación de candidatos había vetado a la mayoría de los candidatos referenciados en el ala reformista del régimen.

Mientras tanto la mayoría de la población sufre no solo la explotación económica sino también una brutal opresión política. Según datos del Banco Mundial de 2014, la tasa de desocupación es de 17.9 % para los varones y 39 % para las mujeres de entre 15 y 29 años (el 60 % de la población tiene menos de 30 años). La desocupación asciende a casi 12 % para el conjunto de la población, a lo que se suma un 9,5 % de tasa de subempleo. Pocos creen que el levantamiento de las sanciones vaya a mejorar sus condiciones de vida, quizás por eso esta vez no hubo festejos en las calles por el anuncio del acuerdo.

 

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