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Lo que nos dejó el 2015: ante la ofensiva del gobierno, resistencia obrera y popular
por : Pablo Oprinari

01 Jan 2016 | El 2015 finaliza. Marcado por la herida abierta con la desaparición de los 43 normalistas y por la ofensiva reaccionaria contra el magisterio y el conjunto del pueblo trabajador. Como anuncio de lo que puede venir en el 2016, el descontento con el gobierno persistió, y nuevas luchas obreras signaron los últimos meses del (...)
Lo que nos dejó el 2015: ante la ofensiva del gobierno, resistencia obrera y popular

El 2015 finaliza. Marcado por la herida abierta con la desaparición de los 43 normalistas y por la ofensiva reaccionaria contra el magisterio y el conjunto del pueblo trabajador. Como anuncio de lo que puede venir en el 2016, el descontento con el gobierno persistió, y nuevas luchas obreras signaron los últimos meses del año.

Ayotzinapa y elecciones

Después de las movilizaciones multitudinarias de fines de 2014, cada mes miles de personas se manifestaron. El 26 de septiembre pasado, una interminable manifestación expresó que la herida no sólo seguía abierta sino que el descontento con el gobierno estaba más que presente.

Sin embargo, éste fue también el año en el que la posibilidad de hacer real el “Fuera Peña” que clamaban las movilizaciones, no se concretó. Como ya planteamos en La Izquierda Diario y desde el MTS, una de las causas centrales de ello hay que buscarla en que faltó la participación decidida de la clase obrera, de los millones de asalariados que mueven la economía del país, quienes podían ser la columna vertebral de una huelga general política que echase a Peña Nieto, e instaurase un gobierno provisional de las organizaciones obreras y populares en lucha. Si esto no fue así, se debió, en primer lugar, a que la mayoría de las direcciones sindicales se negaron a impulsar la incorporación de la clase obrera: como muestra de ello, ni siquiera organizaron un verdadero y efectivo Paro Nacional. Por su parte, las organizaciones de orientación estalinista y populista que tenían un rol preponderante en la ANP propusieron un “gran movimiento hasta que caiga Peña Nieto”, pero en los hechos fueron adversarios de una política ofensiva para que el movimiento obrero y sus organizaciones encabecen la lucha, lo cual implicaba, en primer lugar, hacer esa exigencia a las direcciones sindicales que se reclaman “combativas”. Se opusieron así a que el movimiento definiera una estrategia política para que la clase obrera, con sus métodos de lucha, acaudille la movilización, una cuestión imprescindible para derrotar al gobierno e instaurar un gobierno de los trabajadores y el pueblo.

En esta situación, careciendo de esa estrategia, el movimiento se fue desgastando y retrocedió, lo cual fue aprovechado por Peña Nieto para recomponer su imagen, manteniéndose firme a la vez en su “verdad histórica”, esto a pesar de la acción incansable de los padres de familia de los 43.

En ese intento por recomponer la legitimidad de las instituciones y desviar el descontento, tuvo un lugar destacado el proceso electoral del 7 de junio. A pesar del boicot de diversas organizaciones, de los llamados a anular el voto -como hicimos desde el MTS- y de las acciones del magisterio, el gobierno logró su objetivo: millones concurrieron a las urnas.

Sin embargo, esto no impidió que ese 7 de junio se expresara el descrédito de los partidos del Congreso: el PRD sufrió una catástrofe que marcó la crisis terminal de esta pata “izquierda” del régimen, el PAN cayó electoralmente, y el PRI -aunque mantuvo la mayoría parlamentaria gracias a la alianza con el Verde y Nueva Alianza- perdió más de un millón de votos respecto a las pasadas elecciones intermedias del 2009. Esto le planteó un problema al régimen político, ya que millones aún desconfían de los principales partidos y eso le resta legitimidad a las instituciones y la “clase política”.

Además, esto se dio en un contexto marcado por innumerables hechos de corrupción -como la “casita blanca” o los negociados con la constructora OHL-, y acontecimientos que cimbraron la realidad nacional -como el escape de Chapo Guzmán que reavivó la discusión sobre los vínculos entre el estado y los cárteles-.

Ofensiva y resistencia

El magisterio confirmó, este 2015, que es la vanguardia de la resistencia a los planes. Cada avance en la implementación de la reforma educativa fue respondido por la movilización del magisterio democrático. Por eso, el gobierno puso toda su energía en derrotarlo; apeló a la militarización allí donde se realizaba la evaluación punitiva, a la represión, la persecución y las amenazas de despido, y al encarcelamiento de activistas.

Esto no se limitó al magisterio. Continuó la criminalización de la juventud y la protesta social, lo cual no fue patrimonio exclusivo de Peña Nieto: también de los gobiernos estatales y locales panistas y perredistas, como el de Miguel Ángel Mancera. Y, mientras tanto, el feminicidio, la trata, y el avasallamiento de los sectores más oprimidos -desde las mujeres, la comunidad sexodiversa, hasta los migrantes centroamericanos- se intensificó.

Se confirmó -¡una vez más!- que la “democracia” para ricos en México, se basa en el ataque constante a las libertades democráticas y que, al ritmo de la entrega al imperialismo, se degradan más las condiciones de vida de las mayorías.

Y ese fue otro de los hechos claves de este 2015. La integración de México a los planes de Estados Unidos, el aumento de la subordinación cada vez mayor de la industria, las finanzas y los recursos naturales, como mostraron los avances en la reforma energética con las distintas “rondas” y el acuerdo TransPacífico. Esto mientras se mantienen las inversiones de las grandes empresas trasnacionales en las llamadas ramas “dinámicas” de la economía -como la automotriz, la electrónica o la aeroespacial- utilizando al país como plataforma de producción, ensamblado y exportación, y basado en la “ventaja” de los bajos salarios de la clase obrera.

El ascenso de Morena, otro hecho clave del 2015

El crecimiento del Morena fue, junto al ascenso de diversos candidatos independientes, otro de los hechos clave del año. El mismo se cimentó en la desilusión de cientos de miles de personas con los partidos tradicionales; este hecho expresó, en el terreno político, el descontento abierto por Ayotzinapa: muchos jóvenes y trabajadores que participaron de las movilizaciones, consideran a Morena una alternativa a los partidos señalados por las movilizaciones del ultimo año, y se orientan así tras la ilusión en que el discurso de AMLO puede resolver sus aspiraciones.

A la par, esto abre un importante debate. Desde La Izquierda Diario sostuvimos que el discurso y el programa de AMLO -que se centra en reformar aspectos puntuales del régimen actual pero sin cuestionar las bases de la explotación y opresión que sufren las grandes mayorías-, es incapaz de resolver las aspiraciones populares. Sin duda comprendemos las ilusiones de muchos jóvenes y trabajadores en las medidas propuestas por AMLO, pero planteamos que sus demandas no pueden resolverse sin cuestionar la expoliación del país por parte de Estados Unidos, y sin romper los lazos que nos subordinan a Washington. Por eso decimos que hay que enfrentar la entrega del país al imperialismo, y la dominación de las grandes trasnacionales y sus socios nativos, lo cual López Obrador no está dispuesto a hacer.

Tal es la integración de México a los intereses de EE.UU., que aún las tibias medidas propuestas por AMLO, difícilmente podrían llevarse adelante sin enfrentar esa dominación.

Por eso, si queremos resolver las reivindicaciones obreras y populares hay que enfrentar radicalmente la dominación imperialista y al conjunto de la clase dominante, para lo cual es imprescindible desarrollar la movilización independiente de la clase obrera y el pueblo. La perspectiva de “reformar” este régimen político y no tocar los intereses de los capitalistas y el imperialismo, sólo acarreará nuevas frustraciones para el pueblo trabajador.

Nuevas luchas obreras

Fue en las trasnacionales a las que hacemos alusión arriba que durante el 2015 surgieron nuevas luchas de resistencia. Después de los procesos que vimos en estados como Zacatecas -en Triumph Group, Delphi o el grupo Modelo-, Ciudad Juárez y sus “plantones obreros” se convirtieron en un emblema de este 2015 en cuanto a la protesta de los trabajadores. Allí, en FoxxConn, en Lexmark, y en otras maquiladoras, las y los obreros salieron a denunciar las condiciones de trabajo, el acoso sexual y laboral, el adeudo de salarios y a exigir el derecho a una organización sindical independiente.

En medio del frío que iniciaba y que ahora arrecia, dejando atrás el temor ante los despidos y las represalias, los trabajadores de la industria maquiladora de exportación, encabezados por sus valientes obreras, ponen un ejemplo de lucha para todo el proletariado del país.

La nueva resistencia proletaria que se hace notar en México -y cuyo desarrollo no será fácil, ya que los trabajadores sufren condiciones impuestas por la ofensiva patronal y el rol traidor del charrismo- puede además dar nuevos bríos a luchas obreras que vienen de antes. Desde el magisterio, hasta la valerosa resistencia de las obreras de Sandak en Tlaxcala, así como aquellos que sufren el acoso y la persecución del charrismo y la patronal, como los obreros de Honda agrupados en el STUHM en El Salto Jalisco. La unidad y la coordinación de la resistencia obrera es por eso uno de los grandes propósitos que la izquierda socialista debemos lograr para este nuevo año.

Este 2016: construir una gran organización socialista y revolucionaria

Termina entonces un año donde la clase dominante avanzó contra los trabajadores, y donde, a la vez, se evidenció, por distintas vías, el descontento de cientos de miles, y la desilusión con los principales partidos del régimen. Un año en el cual, aunque la movilización por Ayotzinapa perdieron parte de la fuerza que adquirió a fines del 2014, las nuevas acciones de protesta de la clase trabajadora pueden señalar el signo del año que inicia.

Estas luchas, junto al descontento con el régimen profundamente reaccionario, plantea la necesidad de levantar una política ofensiva contra el gobierno. Hay que iniciar el año preparando la movilización obrera, popular y juvenil contra el autoritarismo y los planes de hambre y miseria de Peña Nieto, los partidos del régimen y el imperialismo.

Por eso, para los cientos de miles de trabajadores y jóvenes que se movilizaron por Ayotzinapa y que no votaron al PRI, al PRD y al PAN en las recientes elecciones; para las y los maestros y todos quienes enfrentaron las reformas estructurales; para las mujeres y los jóvenes que luchan contra el feminicidio y la criminalización de la juventud, para la clase obrera que levanta cabeza desde el norte del país; para todas y todos ellos, es una tarea fundamental para este próximo año, que construyamos juntos una herramienta política de los trabajadores, las mujeres y la juventud combativa.

El Movimiento de los Trabajadores Socialistas (Agrupación Política Nacional) se plantea este desafío, y apuesta a que se sumen a esta tarea y a sus filas, las y los trabajadores y jóvenes combativos que salen a luchar.

Una organización que, con una estrategia y un programa socialista y revolucionario, luche para que la clase obrera en unidad con los oprimidos y explotados de la ciudad y el campo, enfrente al gobierno, las instituciones y los partidos del Congreso. Que integre a sus filas a los sectores más avanzados y conscientes de la clase obrera y la juventud, y que se prepare para los combates que se vienen. Para contar con la organización que necesitamos, para que este 2016 no sólo sea un año de nuevas luchas, sino también de nuevos triunfos.

 

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