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Una salida por izquierda a la crisis política brasilera
por : Thiago Flamé

19 Aug 2015 | Las manifestaciones de junio de 2013 trajeron a la superficie una enorme crisis de representatividad que ya estaba latente en la sociedad brasilera desde el escándalo de corrupción en el parlamento en 2005, conocido como mensalào. Los representados ya no se identifican con los representantes. Hasta las manifestaciones y hasta el comienzo del (...)
Una salida por izquierda a la crisis política brasilera

Las manifestaciones de junio de 2013 trajeron a la superficie una enorme crisis de representatividad que ya estaba latente en la sociedad brasilera desde el escándalo de corrupción en el parlamento en 2005, conocido como mensalào. Los representados ya no se identifican con los representantes. Hasta las manifestaciones y hasta el comienzo del segundo mandato de Dilma, esa crisis de representatividad era compensada por la gran popularidad del gobierno federal, que capitalizaba políticamente el período de crecimiento económico.

Ahora que Dilma viene aplicando el ajuste que pocos meses atrás decía que no aplicaría y con los escándalos de corrupción cada vez mayores, la popularidad del gobierno está en sus niveles más bajos y la crisis de representatividad está en sus niveles más elevados.

El PSDB y la oposición intentan aprovecharse de la situación para avanzar a posiciones más solidas y ubicarse como alternativa al petismo. Sin embargo tropiezan con enormes obstáculos. De un lado, no pueden ir hasta el final con la bandera de destitución de Dilma. No pueden porque aun los grandes empresarios que apoyan a ese sector no quieren medidas que agraven la crisis política y perjudiquen la aplicación de los ajustes. No logran tampoco ubicarse como alternativa porque aun en las marchas contra Dilma, es muy fuerte la desconfianza hacia todos los políticos.

De ambos lados, gobierno petista o derecha, nadie cuestiona ese sistema político podrido. Para cambiar la situación en favor de los trabajadores y del pueblo, no basta cambiar de presidente o realizar pequeños cambios. Son necesarias salidas de fondo.

La reforma política

Es en este marco de desprestigio de las instituciones y crisis de representatividad que el Congreso Nacional está discutiendo puntos de reforma política. Está demostrando, sin embargo, que es incapaz de cualquier medida que signifique echar mano de algunos de los privilegios de los diputados o que permita alguna democratización efectiva del régimen político.

Es incapaz siquierda de una reforma política cosmética, pero que fuese capaz de otorgar más legitimidad al sistema político. La discusión en curso apunta al fortalecimiento del papel de las donaciones privadas para campañas electorales y en reglas proscriptivas contra los partidos de izquierda.

La reforma política que el PT defiende tampoco cambiaría nada fundamental. Su objetivo sería cambiar algunas reglas del juego para que el sistema político pueda salir de la crisis de representatividad en la que se encuentra.

El "fuera Cunha" y el PMDB

Aprovechando la crisis del gobierno y de su base de sustentación en el Congreso, una figura oscura como Eduardo Cunha (PMDB), presidente de la Cámara de Diputados, logró un enorme protagonismo. Por un momento intentó ubicarse como representante de las capas más conservadoras de la sociedad. Hasta que él también fue alcanzado por el escándalo de corrupción en Petrobras conocido como operación Lava Jato y al intentar responder en la ofensiva, tirando al gobierno y la justicia, comenzó a debilitarse.

Después de romper oficialmente con el gobierno de Dilma, la militancia petista comenzó una campaña por el "Fuera Cunha", en lo que fue acompañada por sectores del propio PSOL. El problema es que simplemente sacar a Cunha de la presidencia del Congreso no cambia en nada el contenido de ese Congreso de parásitos.

Por el contrario, en su demagogia Cunha fue también degradando sectores de la propia elite. Para lograr legitimidad popular, denfendió las demandas de reajuste para el poder judicial y en su disputa con el gobierno federal comenzó a poner en riesgo las medidas de ajuste del propio gobienro. A partir de ahí comenzó un movimiento para calmar los ánimos y quitarle protagonismo a Cunha. Primero el vicepresidente Michel Temer hizo un público pedido de unidad nacional, luego la FIESP y la FIRJAN, las federaciones de industriales de San Pablo y Rio de Janeiro, también se ubicaron defendiendo la estabilidad política, en lo que fueron seguidas por el banco privado Bradesco.

En la secuencia, cuando Renan Calheiros, presidente de la Cámara de Senadores, se reunió con el ex presidente José Sarney (PMDB) y Lula, el PMDB se ubicó como el gran aval de la estabilidad política nacional y garante de la gobiernabilidad necesaria para la aplicación de los ajustes. En ese momento, Cunha es más una piedra en el zapato de los aplicadores del ajuste, no por que esté en contra, sino porque su juego de "agenda bomba" contra el gobierno puede molestar y su figura tiende a entrar en decadencia tan rápido como emergió. Por eso, la campaña "Fora Cunha" solo ayuda a la estabilización tan cara a los ajustadores. Aun cuando todos querramos que políticos como Cunha estén bien lejos de hacer leyes para la población, no será con una campaña "Fora Cunha" que atacaremos el fondo de la cuestión, ya que una salida dentro del régimen de Cunha solo significará una depuración para una mayor estabilidad.

Una política de fondo para contituir una alternativa de los trabajadores

Contra el gobierno de Dilma y la oposición de derecha, todos implicados con escándalos de corrupción y aplicadores de los ajustes, el PSOL y los partidos de izquierda como el PSTU, los sindicatos combativos, de la CSP-Conlutas e Intersindicales y los movimientos sociales opositores al gobierno de Dilma tienen planteado unificarse para ogrecer una tercera alternativa a los trabajadores.

El primer paso sería unificar todas esas fuerzas en los procesos de lucha contra los ajustes. Rodeando de solidaridad, en este momento, a la importante huelga de la General Motors contra los despidos. Un paso adelante sería también la convocatoria a un tercer acto, opuesto al acto de la derecha del día 16 y al acto en defensa del gobierno del día 20.

Pero es necesario ofrecer una salida de fondo para la crisis política y la crisis de representatividad, que cuestione hasta el final al actual sistema político surgido del pacto con los militares en la década de 1980.

Por eso ponemos a discusión la lucha por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que ponga en la agenda todos los problemas del país. La última Consituyente realizada fue en 1988, bajo la tutela de los militares y del gobierno de Sarney. La constituyente que necesitamos ahora tiene que ser distitna. Debería ser impuesta por la fuerza de la movilización popular, ya que a ninguno de los partidos en el Congreso le interesa convocarla. Tampoco tendría nada en común con la propuesta de Constituyente que el PT llegó a defender, que sería para discutir solamente los puntos cosméticos de la reforma política.

Necesitamos una Constituyente elegida en forma democrática, en la que los trabajadores y sus organizaciones puedan lanzarse como candidatos. Una constituyente con miles de repreentantes y no compuesta por la casta de políticos profesionales. Esa sería una forma para que todos los problemas del país fuesen discutidos con el conjunto de los trabajadores y la juventud y que las decisiones políticas fundamentales que afectan nuestras vidas no sean exclusividad de los gabinetes parlamentarios.

Una constituyente libre, que discuta todos los problemas del país sin ninguna restricción de "exclusividad" y sin ninguna tutela externa. Una constituyente soberana, que en el tiempo que dure ejerza los poderes del Congreso y del Ejecutivo sin ninguna injerencia del ejército ni de las clases dominantes.

Una constituyente así podría poner en cuestión todos los privilegios de la casta política, el fuero priviegiado de políticos y jueces. Podría en cuestión la nacionalización bajo control de los trabajadores y el pueblo de empresas como Petrobras, amenazadas de un lado por la corrupción y del otro por la privatización. Podría discutir un plan de reforma urbana para terminar el déficit de viviendas del país y el no pago de la deuda pública. En resumen, podría poner en discusión todas las demandas sociales que surgieron en Junio y terminar con el ajuste que está en curso.

Vemos que la lucha por una constituyente en estos moldes, que de amplia apertura a la participación democrática de los trabajadores y del pueblo, sería un importante paso para un verdadero gobierno de los trabajadores.

 

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