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Una nueva generación para consumar la restauración
por : Diego Dalai

04 Mar 2013 | Desde que asumió en 2006 (y formalmente en 2008) Raúl Castro viene implementando reformas procapitalistas y de ajuste presupuestario a costas de los trabajadores, tendientes a paliar los efectos de la crisis económica internacional sobre la ya muy precaria y golpeada economía (...)

Desde que asumió en 2006 (y formalmente en 2008) Raúl Castro viene implementando reformas procapitalistas y de ajuste presupuestario a costas de los trabajadores, tendientes a paliar los efectos de la crisis económica internacional sobre la ya muy precaria y golpeada economía cubana y a sentar las bases de una restauración capitalista conducida por la actual burocracia gobernante (es decir manteniendo el régimen de partido único y haciendo mínimas concesiones políticas) que controla los resortes fundamentales de la economía a través de las FARC.

En este sentido, y a pocos días de la histórica reforma migratoria que eliminó las restricciones especiales que regían para salir y entrar del país, los anuncios de Raúl en la última Asamblea Nacional, donde declaró que abandonará el poder en 2018 y dio un importante impulso al recambio generacional, se ajustan perfectamente a aquella orientación política. Más allá de la inevitable transición generacional en el poder por la edad de la "dirección histórica" que urge al recambio, estos movimientos (Miguel Díaz-Canel por Machado Ventura en la primer vicepresidencia y Esteban Lazo por Ricardo Alarcón al frente de la AN) tienen una razón profundamente política. Por un lado se mantiene la continuidad de la burocracia reservándose Raúl Castro 5 años más en el poder y poniendo a Díaz-Canel, un hombre del aparato del Partido Comunista que Raúl Castro subió en los últimos años al Consejo de Estado y está al menos por ahora subordinado a él y que todos los analistas coinciden en que tiene muy poco poder real propio. Por otro lado prepara el salto en las reformas hacia la restauración capitalista con la entrada de un sector más joven de la burocracia que no está condicionado por haber dirigido la Revolución.

Algunos analistas como Carlos Mesa Lago ponen en duda la importancia de estos anuncios pues no creen que Díaz-Canel vaya a tener independencia política ni poder reales. El Departamento de Estado norteamericano, fiel a su política intransigente, también desmereció el hecho, reiteró que “un cambio de liderazgo sin que haya reformas democráticas esenciales (…), no será un cambio fundamental en Cuba” y volvió a reclamar que los cubanos puedan “determinar libremente su propio futuro, escoger sus líderes a través de un proceso abierto y democrático, y disfrutar de las libertades de expresión y asociación sin temor a represalias” (El Nuevo Herald, 25/2).

Sin embargo, lo cierto es que por primera vez hay un "número 2" que no fue parte de la Revolución. El analista cubano Arturo López-Levy, de la Universidad de Denver (Colorado, EE.UU.) dice que “Díaz-Canel se diferencia por tres razones: su edad, nacido después del triunfo revolucionario de 1959 y educado dentro del sistema; su forma de ascenso al poder, paso por paso, en el aparato partidista, no a partir de participar en la gesta revolucionaria; (y en ser) un civil con escasa experiencia militar” (ídem).

Es innegable que hay un giro en los relevos de los puestos clave en el Estado que en los años previos, por el contrario, se había caracterizado por colocar a "la vieja guardia" (como Ventura y otros) con los cuales desplazó a los fidelistas puros por su propia gente. Hoy son éstos los que empiezan a ser relevados por “jóvenes”.

Otra visión distinta expresa el historiador cubano exiliado en México Rafael Rojas quien señala “lo que ha sucedido el pasado domingo en la Asamblea Nacional, escala un nuevo nivel, en términos de la creación de condiciones para una transición democrática. Por primera vez, el cargo de Vicepresidente de los Consejos de Estado y Ministros se pone en manos de un político civil, nacido después de la Revolución y que no proviene de la familia Castro (…) Si a esto se suma la disposición de otorgar rango constitucional a la permanencia en los cargos públicos durante solo dos quinquenios consecutivos –que en la práctica equivale a la reelección inmediata, no indefinida–, estaríamos en presencia de los primeros indicios de una reforma política en Cuba, que en pocos años podría modificar aspectos claves del funcionamiento del partido único y el Estado socialista.” El País, 28/2 (negritas nuestras).

En este caso se exageran los alcances del recambio, es decir los objetivos que persigue la burocracia, y no se tienen en cuenta los factores políticos profundos que determinan su accionar. El “modelo” que siempre ha reivindicado Raúl Castro es el chino o vietnamita, donde la restauración capitalista se llevó a cabo manteniendo el férreo control político por parte del Partido Comunista. Los grandes capitales imperialistas instalados en estos países han debido negociar y estrechar lazos con los burócratas gobernantes del PC al igual que los gobiernos de las grandes potencias imperialistas. Este es el objetivo que persigue la burocracia castrista. En reiteradas ocasiones ha llamado a EEUU a negociar “en condición de igualdad” y promovido a la Iglesia Católica como gran mediador. Esta última que es un gran instrumento de la reacción y punta de lanza de la restauración, ha ganado una influencia enorme en la política cubana en los últimos años.

Pero la particularidad cubana radica en el rol que juega EEUU, la potencia más grande del mundo situada a escasos 180 km de la isla, y el exilio de Miami que presiona por recuperar su poder político y económico que tuvo hasta la Revolución del ’59. Estos “pesos pesados” no están dispuestos a negociar con el castrismo ni aceptarlo como interlocutor en Cuba.
Esta intransigencia norteamericana es uno de los grandes condicionantes de la línea política que ha venido aplicando Raúl Castro (el otro es el temor al estallido social), que se podría sintetizar tomando sus propios conceptos en “actualizar el modelo económico cubano cambiando todo lo que deba ser cambiado, sin prisa pero sin pausa”. O sea, avanzar en las reformas económicas pro mercado pero de forma paulatina y controlada para que la situación no se salga de cause.

En este sentido, el paso al gobierno de una “nueva generación” (de la burocracia) no parece apuntar a una reforma política hacia una democracia parlamentaria como quieren el imperialismo. Más bien pretende “renovar la cara” para profundizar el camino a una restauración capitalista controlada por el Partido Comunista.

Por eso una vez más repetimos que tanto la permanencia en el poder de la burocracia y su reaccionario régimen de partido único, como el eventual cambio de régimen hacia una democracia parlamentaria (donde los intelectuales y analistas burgueses piden que el PC pase de “partido único a partido hegemónico”) sólo pueden llevar a que termine de imponerse la restauración capitalista en Cuba y su recolonización a manos del capital internacional.

Solo una Revolución Política que barra a la burocracia y termine con todos sus privilegios, que enfrente al imperialismo apoyándose en la movilización de los pueblos latinoamericanos y de EEUU, y que imponga un verdadero gobierno de los trabajadores y el pueblo podrá salvar a Cuba de la vuelta al capitalismo. Un verdadero gobierno obrero y popular basado en sus organizaciones en lucha, regidas por una verdadera democracia obrera con plena libertad de organización y prensa para todos los que defiendan la revolución. En esta revolución política las masas autoorganizadas y autodeterminadas deberán realizar grandes cambios sociales comenzando por revisar todas las reformas promercado y de ajuste sobre el pueblo (sobre todo desde el Periodo Especial hasta hoy) bajo el único interés de los trabajadores y campesinos pobres. Sólo así Cuba podrá transformarse en trinchera de la revolución en todo el continente americano.
03-03-2013

 

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