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Los amigos “anarcos” de Cristina
por : Facundo Aguirre , Ruth Werner

10 Nov 2011 | La reunión de Cristina Kirchner con Barack Obama en la Cumbre del G-20 da cuenta de nuevas señales de buena voluntad de la mandataria hacia los representantes del imperialismo norteamericano. “No se puede pasar por alto el liderazgo de Estados Unidos a nivel global” dijo la (...)

La reunión de Cristina Kirchner con Barack Obama en la Cumbre del G-20 da cuenta de nuevas señales de buena voluntad de la mandataria hacia los representantes del imperialismo norteamericano. “No se puede pasar por alto el liderazgo de Estados Unidos a nivel global” dijo la presidenta. Lo cierto es que la hegemonía de Washington se encuentra en estado crítico producto de sus traspiés en Medio Oriente y la enorme crisis económica capitalista que tiene en EE.UU. a uno de los principales países afectados, lo que le abrió, además, una severa crisis política interna. Las palabras de CFK, lejos de mostrar “autonomía” frente al imperialismo que oprime a nuestros pueblos (algo que debería ser elemental para un gobierno que se dice “nacional” y “popular”), son una muestra de que el kirchnerismo se ubica en la línea de colaboración de las burguesías cipayas de América Latina. “Es una maravilla estar con una gran amiga mía, y una amiga de EE.UU.” le retribuyó Obama, entre otros halagos. Aunque no se habló del tema, un conflicto clave para la relación de EE.UU. con Argentina es Irán, y Argentina es un aliado privilegiado ya que es la única nación del mundo que puede mostrar “pruebas” contra la república islámica. El dictamen del juez Nissman que sella este acuerdo estratégico entre el gobierno norteamericano y el argentino incluye declaraciones del Mossad, el FBI y la CIA y concluye que Irán fue quien inspiró y financió el atentado contra la AMIA. La cordialidad de la Casa Blanca con CFK responde también al plan de levantar al gobierno argentino como un moderador de cualquier pretensión de Brasil de tener juego propio en la política internacional.

Anarquía capitalista

Cristina Kirchner deleitó a los “progresistas” de Argentina cuando tomó la palabra en Cannes, en un encuentro empresarial que sesionó en el marco de la Cumbre, para decir que hay que “volver al capitalismo en serio, porque esto que estamos viviendo…no es capitalismo. Esto es un anarco-capitalismo financiero total, donde nadie controla a nadie”. CFK mistifica al capitalismo queriendo presentar un capitalismo “serio” de los industriales y la producción y un capitalismo “anárquico” de las finanzas y la especulación, cuando en realidad la “anarquía” de la producción es una contradicción inherente al capitalismo, caracterizado por la competencia despiadada entre los distintos grupos capitalistas para aumentar sus ganancias. A los capitalistas los mueve sólo la sed de lucro y no el bienestar de la población. Como muestra la actual crisis mundial, no tienen ningún prurito tampoco en empujar a los Estados nacionales a la bancarrota para defender sus beneficios. Ante esta dramática realidad, el discurso de Cristina opone al “laissez faire” del mercado que predica el neoliberalismo y el capital financiero, la vieja idea peronista de un Estado regulador que evite los conflictos entre las clases y establezca las normas de distribución. Una “comunidad organizada”, dice la “doctrina”, donde reine la armonía entre el capital y el trabajo. Este “intervencionismo estatal” no tiene por fin –ni puede- liquidar la anarquía de la producción y la especulación financiera. Cuando la crisis capitalista ahogue a la sociedad, el Estado va a ser utilizado para el salvataje de los grupos capitalistas y el orden burgués. Aun hoy, en pleno crecimiento económico, más allá de las críticas al capital financiero para la tribuna, la Argentina kirchnerista es un campo más que propicio para la especulación y las ganancias de bancos y empresas. La “intervención del Estado” no es “neutral”, como dicen los K, sino que garantiza las ganancias capitalistas, ya sea vía subsidios o manteniendo las leyes en su beneficio, como las privatizaciones y las reformas anti-laborales de los 90. Basta observar que las entidades bancarias cerraron en 2010 su mejor año de negocios en una década, con un margen de ganancias que ronda los 11.000 millones de pesos. El contraste con el comienzo del milenio es notable: mientras entre 2001 y 2005 los bancos acumularon un quebranto que rondó los $23.600 millones (fuertemente influido por el lastre causado por el colapso de la convertibilidad) en el lustro siguiente embolsaron casi $32.000 millones. Aclaremos también que la fuga de capitales que protagonizan los especuladores de la banca, y del “capital” productivo, fundamentalmente de las empresas multinacionales, sólo han recibido como respuesta del gobierno tibias medidas, cuando por lo menos unos 7.000 millones de dólares ya salieron del país sólo en los dos últimos meses. A esto hay que sumar los dólares que envían de remesas de utilidades las firmas extranjeras a sus casas matrices, cerca de 29 mil millones desde 2007 al 2010. Nuevamente nos encontramos con que el discurso “nacional y popular” de los K ha sido la cobertura del saqueo de las riquezas producidas por el país por parte del capital extranjero sin que se haya tomado la más mínima medida “intervencionista” que impida la sangría.

Subsidios y privatizaciones menemistas

Los anuncios sobre el recorte de subsidios a las empresas abrieron un debate nacional en torno al aumento de las tarifas de los servicios públicos. Como ya hemos dicho desde La Verdad Obrera, los recortes que promueven los K responden a la necesidad de hacer “caja” previendo el impacto de la crisis mundial en la economía argentina. El presidente de la Cámara Empresaria del Autotransporte de Pasajeros, Daniel Millaci, advirtió que si se recortaban los subsidios al transporte público el boleto debería rondar los 4 pesos y que lo “razonable” sería ubicar su valor en torno a los $2 o $ 2,50, en línea con lo que se paga en las principales ciudades del interior. Un “tarifazo” que afectaría directamente al pueblo pobre y trabajador. Una discusión similar se está dando por el traspaso del Subterráneo de la esfera de la Nación al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con la consiguiente amenaza por parte del inefable Rodríguez Larreta de aumentar el boleto si no reciben los recursos correspondientes para el funcionamiento del servicio (ver nota en página 3).

Los amigos del gobierno siempre han defendido los subsidios como un mecanismo para evitar el aumento de las tarifas mientras que, en general, la derecha opositora ha considerado que su existencia impidió un “sinceramiento” y que los precios “reales” deberían estar determinados por el mercado. La posición kirchnerista parte de encubrir las privatizaciones menemistas financiando con dineros del Estado al capital extranjero y grupos económicos locales que tienen en sus manos el manejo de los servicios públicos privatizados. En la misma sintonía, el gobierno “nacional y popular” le garantiza a Repsol la explotación del yacimiento descubierto en Loma La Lata en Neuquén, cuando se calcula que el hallazgo transformará a Argentina en uno de los principales exportadores de petróleo.

Desde el Frente de Izquierda hemos venimos sosteniendo, durante la campaña electoral, que hay que reestatizar las empresas de servicios y transportes públicos privatizadas y ponerlas bajo control de los trabajadores y comités de usuarios. El PTS, junto a los compañeros trabajadores del periódico militante Nuestra Lucha, impulsamos agrupaciones clasistas que, en especial, en los gremios de servicios, como el transporte del subte o ferroviarios, en las empresas telefónicas y aeronáuticas, pelee por recuperar los sindicatos de la mano de la burocracia para imponer este programa de independencia obrera para que la crisis la paguen los capitalistas.


Un burócrata todo servicio

En su viaje a la Cumbre del G20 la presidenta llevó de acompañante nada menos que a Gerardo Martínez, secretario general de la UOCRA. Martínez no es sólo un hombre ligado íntimamente a la Cámara Argentina de la Construcción, un sector patronal ardientemente cristinista acostumbrado a recibir jugosos subsidios oficiales. El burócrata millonario fue además entregador de compañeros considerados “subversivos” por el régimen militar cuando revistó como “agente secreto” en el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército durante la última dictadura. Pero estos antecedentes poco parecen importarle a la jefa del gobierno de los “derechos humanos”.

La importancia de Martínez reside en que es una pieza clave en el plan oficial de desbancar a Hugo Moyano de la Jefatura de la CGT. El mandamás de la UOCRA, en acuerdo con Cristina, se ha colocado contra la avanzada “destituyente” de los “gordos” que quieren que el camionero se vaya ya mismo, manifestando que Moyano tiene que culminar su mandato en junio y hasta podría presentarse a la reelección. Lo que no está claro es si Martínez se va a erigir él mismo como candidato a Secretario General de la central obrera o apoyará a alguna de las otras candidaturas en danza, como la de Antonio Caló de la UOM. Para el cristinismo el ciclo moyanista está terminado. Lo que quiere es una burocracia central más dócil y con menos juego propio que el que puede tener Moyano al estar al frente de gran parte de los gremios del transporte, capaces de paralizar el país. Con esta movida, entre CFK y Martínez buscan garantizar una “transición ordenada” hacia una nueva conducción más de derecha elegida en el Congreso de la CGT a realizarse en junio y, mientras tanto, disciplinar al camionero para que impulse los topes salariales en la próxima ronda de paritarias.

Todas las alas de la burocracia sindical se han constituido en un freno para la lucha de los trabajadores por sus demandas y la defensa de sus derechos. Hay que fortalecer al sindicalismo de base y a las comisiones internas combativas, desarrollando agrupaciones clasistas y antburocráticas que se planteen recuperar las organizaciones de los trabajadores para la lucha de clases, como hacemos desde el PTS y la corriente Nuestra Lucha.

10-11-2011

 

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