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Lecciones del movimiento de los trabajadores de energía
por : Jean Baptiste Clech

02 Aug 2005 |

"El comunismo -dijo Lenin en forma lapidaria- es el poder de los soviets más la electrificación de todo el país" [1]. En Francia, en lugar de comunismo tenemos un gobierno de derecha deslegitimado electoralmente pero todavía muy fuerte a nivel social y que pretende mantener el rumbo de sus reformas antiobreras y antipopulares; en lugar del poder de los soviets, tenemos un parlamento mayoritariamente derechista que convalidó la contrarreforma del estatuto de las dos empresas públicas de electricidad y gas, EDF y GDF. Lo que sí tenemos últimamente es la electrificación de las luchas sociales del país, o más bien pudimos asistir a una oleada electrizada de luchas radicales de las cuales fueron protagonistas los trabajadores de EDF y GDF en defensa de sus conquistas y del servicio público. Esto no basta para llegar a la suma aritmética leninista, pero es suficiente para que el combate radicalizado de las trabajadoras y de los trabajadores de EDF y GDF y de una vanguardia en virtual ruptura con sus direcciones sindicales oficiales merezca toda la atención de los marxistas revolucionarios.

Francia conoció durante tres meses una importante lucha de los trabajadores de EDF y GDF que se intensificó y radicalizó a partir del 7 de junio. El mes de junio de 2004 estuvo teñido por acciones durísimas encabezadas por la vanguardia del movimiento, con cortes de electricidad salvajes a las grandes empresas -sobre todo las que despiden y deslocalizan- cortes en estaciones de tren, ocupaciones de represas hidroeléctricas, plantas térmicas, centrales nucleares, centros de almacenamiento de gas.
Mediante acciones bautizadas "Robin Hood" [2], que consistían en reconectar la electricidad en hogares de familias que no habían podido pagar sus boletas, en beneficiar a barrios populares u hospitales públicos con tarifas más baratas, o directamente cortar la electricidad en los domicilios de ministros, diputados o patrones favorables a la ley, los trabajadores en lucha y su vanguardia supieron ganarse el apoyo de amplias capas de la población que veían con simpatía su combate en defensa de las dos empresas públicas.

Todas aquellas acciones que rompen con el marco de la legalidad burguesa fueron en parte impulsadas por la vanguardia radicalizada de los trabajadores de EDF y GDF que no se contentaba con las jornadas de acción aisladas convocadas por la burocracia sindical, que pretendía de esta forma negociar con el gobierno de Raffarin y el ministro de Economía Nicolás Sarkozy. Sin embargo, la minoría radicalizada por el conflicto no pudo sobrepasar a sus direcciones sindicales -colaboracionistas en última instancia- e imponer la huelga por tiempo indeterminado de, al menos, toda la rama de la industria energética hasta el retiro del proyecto gubernamental. Esta demanda fue rechazada por la Interfederal burocrática [3] que representaba oficialmente a los trabajadores en lucha. A pesar de las duras acciones llevadas a cabo, que debemos rescatar, el gobierno hizo votar la ley de reforma del estatuto de ambas empresas públicas el 29 de junio. Con más de 200 denuncias y 50 procesos disciplinarios hechos por las direcciones de EDF y GDF contra los huelguistas más radicalizados, el gobierno se prepara para sacar provecho de esta victoria para golpear despiadadamente a la vanguardia luchadora que fue, hay que reconocerlo, derrotada. La derrota de los trabajadores de EDF-GDF es una derrota para el conjunto del movimiento obrero francés. Sin embargo, es menester analizar realmente cuáles fueron los alcances del movimiento de lucha, cuáles fueron sus límites, en qué medida fue un combate sintomático de una incipiente recuperación de la subjetividad obrera a nivel mundial, y en Europa en particular, y qué queda del movimiento para poder preparar mejor las futuras luchas que se darán en Francia ya que, como lo recalca recurrentemente Daniel Bensaïd en su último libro citando a Gilles Deleuze, "siempre se vuelve a empezar a partir de la mitad" [4], es decir que los procesos dinámicos como la lucha de clases vuelven a arrancar siempre a partir de una previa experiencia acumulada, una subjetividad de clase dada, siempre y cuando se hayan sacado las conclusiones más acertadas de la relación de fuerzas entre las clases luego de un conflicto.

Cuando la burguesía europea pretende liquidar el pacto social y la estructura económica en los cuales basó su dominio desde la Segunda Guerra Mundial

Los ataques a los servicios públicos y la reforma de EDF y GDF son representativos de los planes que está llevando a cabo la burguesía europea desde hace más de una década y que tiene que pasar para competir con el resto de los bloques imperialistas. En el caso del sector energético, monopolio estatal desde el final de la Segunda Guerra Mundial en la mayoría de los países europeos [5], la UE pretende llevar adelante una liberalización total del mercado, como lo hizo en los otros sectores considerados hasta los años ochenta como "monopolios naturales" de los Estados [6]. Apoyándose en las directivas europeas, la burguesía francesa pretende liquidar los principales servicios públicos del país y las estructuras del Estado Bienestar, ideados por el mismo Consejo Nacional de la Resistencia en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, para canalizar en forma preventiva las futuras luchas obreras y populares y asegurar el buen funcionamiento y reconstrucción del capitalismo francés imperialista, mientras que la mayoría de la patronal había colaborado estrechamente con el nazismo y la economía francesa estaba al borde del colapso, o del "año cero" como hubiera dicho Rossellini [7].

¿Pero por qué razón quiere la burguesía francesa liquidar el pacto social y la estructura económica en los cuales se basó su dominio desde la Segunda Guerra Mundial? Por un lado porque la situación económica mundial y las presiones interimperialistas no le permiten otra salida y por otro porque piensa que la correlación de fuerzas sigue estando a su favor luego de las grandes desmoralizaciones y derrotas de los años ochenta. Tanto aquellas derrotas y desmoralizaciones -que mermaron la combatividad y la resistencia obrera y popular- como el cambio profundo de ciclo económico -que no corresponde más a los Treinta Gloriosos (boom de posguerra) luego de las crisis de 1973 y 1979- obligaron y permitieron que la burguesía europea en general, y francesa en particular, entablara una modificación profunda de las estructuras sociales y económicas en las cuales había basado su dominio.
Hoy en día, la burguesía pretende valorizar todos los sectores económicos que eran antaño monopolios de regalías del Estado y lucha al mismo tiempo por aumentar la rentabilidad relativa del trabajo y bajar el costo laboral, mermando por todos los medios necesarios el salario real de la clase trabajadora, tanto del sector privado como del público [8]. Estas dos estrategias, llamadas generalmente neoliberales, son centrales para que la burguesía de la UE pueda competir contra sus rivales imperialistas, en particular EE.UU. Pero para lidiar con los bloques imperialistas antagónicos, tiene que lidiar también con su propia clase obrera.

A nivel socioeconómico, los planes de la burguesía francesa se basan en un eje fundamental: desmantelar el viejo Estado Bienestar en el cual se basó -mediante la colaboración sindical y partidaria de la socialdemocracia y el estalinismo y concesiones preventivas a los sectores obreros y populares- el dominio burgués francés -y europeo- de la posguerra, sólo sacudido durante los años del gran ciclo de lucha de clases internacional que inició el Mayo Francés. Este desmantelamiento pasa por la abolición del sistema de jubilación por repartición, logrado en el sector privado sin ninguna lucha de resistencia en agosto de 1993 bajo el gobierno Balladur y en buena parte del sector público en junio de 2003, por la reforma de la seguridad social que el gobierno actual pretende imponer antes de fines de julio, y del conjunto del Código del Trabajo, reforma reclamada por el Medef, la patronal francesa, y que ningún gobierno encaró hasta ahora [9].

Es cierto, sin embargo, que luego de la derrota de Raffarin en las últimas elecciones regionales y europeas que deslegitimaron electoralmente al gobierno sin mermar su fuerza social, Chirac no pudo hacer pasar el programa máximo reclamado con bombos y platillos por la patronal. A pesar de todo, tan sólo tres días después de los resultados de las elecciones europeas, el presidente del Medef destacaba que "la mayoría [parlamentaria], puede llevar adelante su acción y puede obrar libremente.

¡Adelante!, ¡Adelante con la máxima velocidad y la máxima fuerza!" [10]. Tomando como parámetro los reclamos de los sectores más concentrados de la patronal, es cierto que el ministro de Economía no llevó a cabo el programa máximo exigido por la burguesía, es decir, no pudo entablar la privatización total de EDF y GDF. Lo mismo sucedió con la reforma del Seguro Social [11].

En el caso de la reforma de EDF-GDF, Sarkozy no pudo privatizar las dos empresas, como por ejemplo sí se había hecho con la mayoría del sector energético de Gran Bretaña entre 1986 y 1989 (Electricity Act). Sólo pudo modificar el estatuto jurídico de ambas empresas, que pasaron de ser Establecimientos Públicos de Carácter Industrial y Comercial (EPCI) a meras Sociedades Anónimas. Sin embargo, el voto de la ley es una victoria central para la burguesía. Como lo subraya hipócritamente Jean-Claude Lenoir, el diputado de la UMP que ideó el proyecto de ley, si bien "el objetivo de la ley no consiste en la apertura del capital [de las dos empresas, o sea una privatización larvada] sino en la transformación jurídica de las empresas (...), la ley debe permitir aquella apertura sin que sea necesario volver a debatirlo ante el Parlamento" [12]. En última instancia, el cambio de estatuto de estas empresas garantiza su futura privatización, lo que significará para los trabajadores un empeoramiento de sus condiciones de trabajo y un cambio de su estatuto laboral, y para los usuarios un aumento anunciado de las tarifas [13]. Sin embargo, siendo Francia el tercer mercado energético europeo en las condiciones actuales de liberalización detrás de Alemania y Gran Bretaña, serán pingües ganancias para los futuros inversores privados y las empresas competidoras [14].

Cómo terminó el ciclo ascendente de luchas sociales de enero-junio de 2003

En un contexto social muy tibio desde la derrota de los estatales en junio del año pasado, la lucha de los trabajadores de EDF y GDF hubiera podido mostrar cuál era el camino para poner en corto circuito las pretensiones gubernamentales y sus reformas y empezar a revertir duraderamente la relación de fuerza entre las clases. En cierto sentido, con la dinámica social abierta por las luchas industriales del verano de 1995 y las de los estatales del invierno (noviembre-diciembre) del mismo año, canalizada luego del ’97 por el gobierno de la gauche plurielle (izquierda plural), la lucha de los trabajadores de EDF y GDF fue uno de los movimientos nacionales con mayores características obreras y mayor potencialidad en los últimos años. Para entender mejor la potencialidad que conllevaba el movimiento de los trabajadores de EDF-GDF es menester remontarse al primer ciclo ascendente de luchas bajo la segunda presidencia de Chirac.

Luego de la victoria aplastante de Chirac en mayo de 2002 gracias a la colaboración de la gauche plurielle, las burocracias sindicales y una parte de la extrême gauche (extrema izquierda), la conflictividad obrera, popular y por el salario tardó casi un año en recomponerse. Después de la victoria gubernamental contra los camioneros, cuyos cortes no duraron siquiera un par de horas en noviembre de 2002, Raffarin pretendió abrir varios frentes sociales con la reforma del sistema de jubilación del sector público y el de los trabajadores de EDF y GDF, entre otros [15]. En enero de 2003, la burocracia sindical de EDF y GDF [16], favorable a la reforma, prefirió sin embargo organizar un referéndum entre los 205.000 trabajadores de ambas empresas pensando que el "sí", o sea el apoyo a la reforma, iba a vencer. Lejos de todos los planes de Denis Cohen, líder de la FMNE CGT (CGT Energía) en aquel entonces, ganó el "no". Posteriormente, cuestionado por los delegados de la FMNE durante el Congreso de Biarritz, tuvo que ceder su puesto en octubre de 2003, desacreditado por su base. Pero volvamos al referéndum del 9 de enero de 2003 en el cual ganó el "no". Luego de la tormenta -tanto para el gobierno como para los burócratas-, quedó suspendido el proyecto de reforma del sistema de jubilación de los trabajadores de EDF y GDF.

A partir de aquel momento, las burocracias sindicales [17] empezaron a llamar a acciones mensuales a partir de febrero de 2003 contra los proyectos gubernamentales de reforma del sistema de jubilación del sector público y contra la descentralización. Tenían por objetivo controlar la bronca que estaba creciendo entre los estatales y evitar que lo sucedido en enero en la FMNE CGT se generalizara. Este primer ciclo de lucha de clases culmina con las huelgas duras de mayo y junio encabezadas por los jóvenes docentes que contribuyeron a sobrepasar tendencialmente a las burocracias, impulsando localmente coordinadoras y huelgas prolongadas. Es preciso destacar dos elementos avanzados del movimiento de mayo y junio de 2003. Por una parte, las luchas fueron más duras en la periferia social y colonial del país [18]. Por otra parte, la burocracia sindical tendió a ser sobrepasada localmente por las coordinadoras, sobre todo docentes y en menor medida interprofesionales, que retomaron el camino del ’95 y de las luchas docentes del ’98.

Sin embargo, el carácter conciliador de las burocracias sindicales tanto como los aspectos más corporativos del movimiento de mayo y junio [19] llevaron a los trabajadores estatales a la derrota. Por otra parte, es necesario señalar que el papel sindicalista de las corrientes de extrema izquierda no permitió que lo más avanzado del movimiento, las coordinadoras, terminaran ejerciendo su hegemonía de clase, agrupando a la vanguardia luchadora, convirtiéndose en un polo de referencia constituyente y a la vez destituyente de la burocracia traidora y conciliadora. En realidad, ambas instancias -coordinadoras y las burocracias locales- coexistían regionalmente y la extrema izquierda no hizo nada para sentar bases duraderas de nuevas instituciones de clase. Después de aquella derrota para los trabajadores, la conflictividad social se trasladó a sectores periféricos de los asalariados -artistas, universitarios, y desocupados- que a veces lograron obtener ciertas victorias parciales pero sin que éstas permitieran revertir tendencialmente la relación de fuerzas muy favorable a la burguesía y su gobierno [20].

Una oleada de luchas electrizadas recorre Francia

A pesar del descrédito electoral -que no desembocó mecánicamente, como vimos, en una debilidad social del gobierno-, los ministros del gobierno Raffarin III, en particular Douste-Blazy de Asuntos Sociales y Sarkozy de Economía, hicieron alarde de llevar adelante las reformas neoliberales previstas. En el caso de Sarkozy, "aceleró la agenda de las reformas en el curso de los últimos meses. A mitad de abril, Sarkozy, nombrado ministro de Economía justo después de las elecciones regionales, anunciaba que el proyecto de ley [sobre la reforma de EDF-GDF] sería adoptado antes de fines de junio" [21]. Frente a las dos reformas centrales del gobierno, la burocracia sindical -en frente único en el caso de EDF y GDF y sin la CFDT después del 1° de mayo en el caso de la reforma de la Sécu [sistema de seguridad social]- adoptó la misma actitud que el año pasado. Pensaba poder contentarse con anunciar jornadas de acción aisladas para canalizar la bronca potencial hasta el inicio del verano (hemisferio Norte) y permitir que el gobierno pudiera hacer votar las reformas en el parlamento, luego de un diálogo mínimo con las direcciones sindicales a fin de garantizar sus prebendas y privilegios a pesar de los cambios económicos y sociales que implicaban.

En el caso de la reforma del Seguro Social, no obstante la conformación de coordinadoras locales ultra minoritarias en defensa de la Sécu, compuestas en gran parte por sindicalistas, Attac, el PC y una parte de la izquierda -en parte por razones electoralistas-, las burocracias llevaron las movilizaciones hacia un callejón sin salida, organizando marchas importantes pero aisladas el 1° de mayo y el 5 de junio de las cuales participaron unas 30.000 personas [22]. Las movilizaciones terminaron el 15 de junio con una manifestación que tenía como propósito ilustrar una nueva línea votada por el 47° Congreso de la CGT en marzo de 2003: "proposición, movilización, negociación y protesta". En efecto, inmediatamente después, el 17 de junio, el secretario de la CGT, Thibault, se entrevistaba con Raffarin para entregarle un petitorio en defensa del sistema actual de Seguro Social, contentándose con subrayar que "no [era] normal que el gobierno no tomara en cuenta las elecciones ni las manifestaciones" [23].

La burocracia sindical pretendió negociar y convalidar de la misma manera la reforma de EDF y GDF. A partir de abril, empezó a llamar a jornadas de acción aisladas a las cuales concurrió la mayoría de los trabajadores de ambas empresas. Sin embargo con el correr del tiempo, la escasez de perspectivas de lucha, la demagogia gubernamental, las solapadas negociaciones sindicales de la Interfederal y las divergencias internas de las cúpulas cegetistas [24], llevaron a cierta desmoralización de la mayoría de los huelguistas [25]. Pero mientras tanto, inesperadamente, una minoría luchadora se iba radicalizando. A medida que se debilitaba el movimiento se iba endureciendo la posición de la vanguardia, determinada a que no pasara la reforma. Esto llevó a que se radicalizara, por fuera de los planes predeterminados de la burocracia, una verdadera vanguardia de lucha que emergió mientras el movimiento de conjunto decaía en términos numéricos. Como lo destaca el mismo líder de la patronal francesa a propósito de la reforma del Seguro Social, "la CFDT lleva a la práctica un sindicalismo de negociación y no un sindicalismo tipo bloqueo o pulseada. Una posición que consiste en negociar, lo que contrasta con la actitud de otros [sindicatos]. (...) Pero todo el mundo [las direcciones sindicales oficiales] entendió lo que había que hacer, hasta los que parecen ser los más duros [es decir inclusive la CGT y FO]. El problema consiste en hacer evolucionar a la base" [26]. Esa base radicalizada de EDF y GDF fue justamente la que no permitió que el plan privatizador de la burguesía, negociado con la burocracia, se aplicara hasta el final sin resistencia. Esta misma base radicalizada hubiera podido doblegar al gobierno sobrepasando las burocracias si el conjunto de los trabajadores de ambas empresas se hubiera unido a un duro movimiento de huelga por tiempo indeterminado.

El papel de la burocracia sindical y las primeras acciones radicalizadas

La Interfederal, luego de haber expulsado de sus filas a los delegados minoritarios del SUD ("Solidaires, unitaires, democratiques", joven sindicato de base), dejaron correr al inicio los primeros cortes eléctricos ilegales en medio de la campaña electoral europea. Pero rápidamente, sobre todo a partir del corte del 7 de junio, la CGT tuvo que reivindicar las acciones ilegales a posteriori ya que corría el riesgo de perder totalmente el control de su propia base rebelde. Como lo resumía la secretaria de la CFDT Energía Mireille Toux, "la CGT da la impresión de correr detrás de su base mientras prosiguen las discusiones con Sarkozy" [27]. En otras palabras, un alto responsable de la CGT, Jean-Cristophe Le Duigou, destacaba que "nuestro trabajo [el de la burocracia] consiste en canalizar aquella tensión social hacia objetivos realistas" [28], es decir la negociación de la reforma y no el retiro de la reforma por parte del gobierno. Sin embargo, a partir del 7 de junio, esta tensión incipiente se convirtió en radicalización abierta cuando trabajadores de EDF cortaron la electricidad en Saint Lazare, una de las principales estaciones de trenes suburbanos de la capital, paralizando o perturbando el 35% del tráfico de la región parisiense.

A partir de aquella fecha, empezaron a organizarse localmente Asambleas Generales de huelguistas que decidían en su conjunto las acciones a llevar adelante y sobre todo planteaban abiertamente llamar a la huelga general por tiempo indeterminado, sobrepasando las consignas federales de la CGT. Fue el caso de los trabajadores que ocuparon a partir del 15 de junio el Centro Ampère de Saint Ouen (periferia parisiense norte) liderados por los trabajadores de RTE y el secretario de la UFICT-CGT, Jean-Louis Maury, opositor a la línea reformista del ex-secretario de la CGT Energía, Denis Cohen. En otras zonas consideradas como baluartes de SUD, como en Clamart (periferia parisiense sur), llegó a votarse el principio de "huelga por tiempo indeterminado". Esta también era la posición opositora a la línea federal de la CGT de los servicios centrales de París cuyos trabajadores pretendían, por ejemplo, empezar a manifestarse frente al Parlamento el día anterior a la apertura de la discusión sobre la reforma. La vanguardia luchadora llevó adelante acciones muy audaces, demostrando su total manejo del aparato productivo. Basta pensar en la docena de centrales nucleares -sobre las 19 con las que cuenta Francia- en las cuales fueron votadas varias huelgas diarias por tiempo indeterminado de distinta duración, en los piquetes que bloqueaban el ingreso de al menos cuatro centrales, en los quince puestos de alta tensión (entre los cuales el de Saint Ouen) que se encontraban ocupados el 22 de junio. Sin embargo, tanto en la región parisiense como en el interior, la vanguardia del movimiento quedó aislada del conjunto de sus colegas [29].

La centralidad obrera y los servicios públicos

¿Por qué en este caso se le dio tanta importancia al movimiento de los trabajadores de EDF-GDF? Lo que seguramente más golpeó y asustó a la patronal francesa y la prensa burguesa nacional e internacional, fue la potencialidad del movimiento de los trabajadores de EDF y GDF. Pese al carácter reducido de su dura vanguardia, puso de relieve la vigencia de la centralidad social y política de la clase obrera. A inicios de junio de 2003, varios miles de escuelas, colegios e institutos secundarios a lo largo y ancho del país estaban en huelga, así como también sectores del transporte público (RATP, SNCF, etc.). Sin embargo, a pesar de la determinación de la joven vanguardia docente [30], el movimiento, por sus características intrínsecas, no paralizó la maquinaria productiva nacional. Los huelguistas de EDF y GDF y su vanguardia -que a lo sumo contó con 2.000 ó 3.000 trabajadores radicalizados en todo el país- demostraron con su lucha cuál es la clase que maneja los resortes de la producción y de los servicios industriales. Cortando la electricidad a grandes empresas que despiden, a políticos patronales o restableciendo la electricidad en hogares populares, los trabajadores demostraron también, qué tipo de servicio público podrían hacer realidad: ya no un servicio público organizado por el Estado burgués para administrar las necesidades patronales en una época precisa -como los Treinta Gloriosos-, sino un servicio para las clases populares, hecho y manejado por los mismos trabajadores. Esto es lo que más asustó al gobierno y a la burguesía.

Características espontáneas del surgimiento de la vanguardia luchadora de EDF-GDF

Podemos preguntarnos también ¿cómo surgió la vanguardia radicalizada que encabezó durante varias semanas el movimiento de los trabajadores de EDF y GDF? ¿Cuáles son las características comunes que tiene con la joven vanguardia docente que el año pasado lideró el movimiento en defensa del sistema de jubilación?
Entre abril y junio de 2003, el plan original de las burocracias era canalizar hasta el verano la bronca latente entre los estatales. Pero a partir de fines de abril e inicios de mayo, las primeras coordinadoras docentes y en menor medida ciertas coordinadoras interprofesionales como la de Rouen [31] (Normandía) modificaron el juego del tira y afloje de la burocracia negociadora, sobrepasándola localmente -aunque sin ponerla en tela de juicio- y forzándola a acelerar los llamados a jornadas de acción sin que se plantee, a pesar de todo, la convocatoria a la huelga general interprofesional por tiempo indeterminado, única manera de doblegar al gobierno [32]. Lejos de ser un movimiento totalmente espontáneo desde sus inicios, los militantes de las corrientes de extrême gauche -que tienen un peso relativo entre los docentes y no docentes- habían desempeñado un papel detonante en la conformación de aquellas coordinadoras, contribuyendo a la radicalización de la situación. Podemos decir en este sentido que la base de la extrema izquierda y las tendencias minoritarias en el seno de las dos grandes corrientes, la LCR y LO, sirvieron de palanca del movimiento [33].

En el caso de la lucha de EDF y GDF, si bien la vanguardia se organizó sobre todo alrededor de baluartes contestatarios [34], la militancia de extrema izquierda jugó un rol detonante mucho menor que el año pasado. En este sentido, podemos decir que la radicalización de la vanguardia de EDF-GDF fue un elemento mucho más espontáneo y en cierto sentido más profundo y genuino que el del movimiento de mayo y junio de 2003. Este es un elemento que nos permite pensar que la vanguardia de los trabajadores de EDF y GDF, pese a su derrota, podría haber abierto una nueva etapa de incipiente recuperación de la subjetividad obrera en el país.

Cortes eléctricos y burocracia sindical

De paso, notemos cómo la burocracia sindical logró pasivizar a los ojos de la mayoría de la clase trabajadora los llamados a las acciones radicalizadas hechos por la vanguardia y castrarlos de su contenido subversivo. Como vimos, para mantener en la medida de lo posible su control del movimiento, las federaciones y las confederaciones sindicales -sobre todo la CGT- tuvieron que justificar las acciones radicalizadas cuando éstas ya eran hechos consumados. Sin embargo, los burócratas cegetistas se las ingeniaron para castrar la potencialidad de tales acciones atenuando el alcance de las medidas llevadas a cabo por la vanguardia huelguística. Frente a los cortes de electricidad salvajes, la CGT los reivindicó para reemplazar el llamado a la huelga general. "Volviendo a la cuestión de la huelga general [declaraba el líder de la FNME CGT] (...) ¿por qué tendrían los trabajadores que llevar adelante acciones costosas desde un punto de vista salarial mientras que la semana anterior demostraron que su determinación podía expresarse mediante modalidades de acción mucho más desventajosas para la patronal, mucho más visibles e interesantes a nivel de popularidad y mucho más adaptadas al combate actual?" [35]. En este sentido, mientras disminuía el potencial impacto de las acciones llevadas a cabo por la vanguardia, la CGT lograba hacer menos visible la perspectiva y la necesidad de la huelga. "La CGT [subrayaba Le Figaro el 16 de junio] sólo trata de salir de un conflicto que no quería, pero del cual no podía salir sin correr el peligro de perder su propia base".

Un incipiente sentimiento antiburocrático recorre las luchas sociales en Europa

La relación entre las burocracias sindicales, que históricamente han dominado el movimiento obrero, y las vanguardias que encabezaron las últimas luchas sociales, es una de las características actuales de las luchas obreras en Europa -y más genéricamente de la situación social del Viejo Continente. En el último período, un incipiente sentimiento antiburocrático, que se expresó con distintas modalidades, caracterizó estas luchas. Basta citar unos ejemplos. En Alemania, si bien las estructuras dirigentes de la coordinadora anti-agenda 2010 están dirigidas por delegados intermedios de la DGB, del SPD, del PDS y de Attac [36], su base tiende a expresar cierta ruptura con los tutores tradicionales de la clase obrera alemana: la socialdemocracia gubernamental y la DGB. En Gran Bretaña, varios sindicatos rompieron formalmente sus lazos económicos y a veces políticos con el laborismo. No significa mecánicamente que esto no favorezca a burócratas ligados al viejo laborismo en contraposición con el New Labour de Blair y Giddens. Sin embargo, representa una tendencia inédita en la historia de la clase obrera británica, sobre todo en un momento en el cual no se están dando grandes luchas, lo que deja entrever con qué magnitud podría desarrollarse la situación de las luchas sociales a mediano plazo. Tal vez sea Italia el ejemplo paradigmático del período actual. Luego de una etapa de luchas -que empezó con las primeras huelgas metalúrgicas y las jornadas de Génova en junio y julio de 2001- canalizada por la CGIL cofferatiana y la burocracia de la FIOM como pata izquierda, las últimas luchas -telefónicos (TIM), transportes públicos (sobre todo ATM), Alitalia y en Fiat Melfi- empezaron a poner en tela de juicio el chaleco de fuerza burocrático.

En Francia, estamos frente a un proceso mucho menos avanzado pero en cierto sentido paralelo: lo podríamos llamar proceso de "vasos comunicantes". El año pasado, la bronca acumulada contra la burocracia abiertamente conciliadora de la CFDT generó un fenómeno importante de desafiliación de sectores militantes que en algunos casos, como en transporte, se pasaron a la CGT [37]. La política conciliadora de la CGT y de la Interfederal durante el conflicto de EDF y GDF, que chocó con la radicalidad de la vanguardia, hace que las cúpulas cegetistas teman una desafiliación de la FMNE CGT -cuya base ya desacreditó a su principal dirigente, Denis Cohen, en el referéndum del 9 de enero de 2003 y en el congreso posterior, por sus posiciones progubernamentales- en beneficio de su rival, el sindicato minoritario SUD Energía. En efecto, a pesar de sus buenos resultados electorales -en la mayoría de las instancias electivas de EDF y GDF, la CGT saca generalmente más del 50% de los votos- la CGT podría perder una parte de su audiencia. "Para recomponer su unidad, la federación [cegetista] de la energía tuvo que aprobar hace unos meses, durante su último congreso, el rechazo a cualquier modificación jurídica de EDF/GDF. En el corto plazo, esto retuvo al ala más radical aunque la amenaza de un desarrollo del SUD continúa siendo real" [38], destaca un periódico patronal. En este marco, tanto el endurecimiento de las acciones encabezadas por la vanguardia, como su rechazo a cualquier compromiso con el gobierno, son sintomáticos de cierto sentimiento incipientemente antiburocrático que caracterizó a las últimas luchas obreras duras en Europa en las cuales el sindicalismo de base, como los Cobas en Italia, desempeñó un papel importante. Con el correr del tiempo, y a pesar de las derrotas puntuales registradas por los trabajadores en Francia, podríamos estar presenciando un proceso de "vasos comunicantes" sindical que auguraría la posibilidad de una futura radicalización de sectores asalariados que estarían acumulando experiencia pese a los fracasos a los cuales los lleva la burocracia sindical.

La necesidad de una coordinadora nacional de lucha antiburocrática

El 28 de junio, los trabajadores radicalizados del Centro R&D de EDF Clamart votaron en Asamblea General un texto que precisaba que "para no quedar aislados, pedimos a las federaciones nacionales que nos ayuden, llamando claramente a los trabajadores de EDF-GDF a la huelga total y nacional. Pensamos que la ausencia de este llamado por parte de las federaciones nacionales fue un enorme obstáculo para la construcción de la victoria" [39].

"La huelga total y nacional": esto es precisamente lo que le faltó al movimiento ya que las acciones más radicalizadas pero aisladas y minoritarias no pueden reemplazar la masividad y la potencialidad que tiene el arma de la huelga. Sin embargo, a pesar de la escasa participación del conjunto de los trabajadores en las acciones cuando no convocaban las federaciones sindicales, la vanguardia hubiera podido organizarse en una gran coordinadora nacional lo que hubiera dado más peso a la denuncia hecha por la vanguardia de Clamart y hubiera permitido la organización de un polo antiburocrático de referencia [40]. Esto es lo que se negaron a hacer los principales partidos de izquierda del país, en medio de la campaña para las elecciones europeas, fieles a su política trade-unionista y sindicalista [41]. "Las direcciones sindicales [destaca Arlette Laguiller en la Editorial de los boletines de empresa de Lutte Ouvrière del 14 de junio de 2004] no están realmente del lado de los trabajadores.
Cuando llaman a la lucha, es para imponer una sesión de negociación con un ministro" [42]. Prosigue la semana siguiente precisando que el papel de las grandes organizaciones sindicales tendría que ser el de "preparar la perspectiva [de una lucha general intersectorial] y no el de contentarse con reclamar negociaciones que, cuando el gobierno las acepta, no sirven más que para justificar, gracias a las direcciones sindicales, los golpes contra el mundo del trabajo" [43]. Lutte Ouvrière destaca que es necesario "hacer retroceder el actual gobierno. Hacerlo retroceder sin esperar tres años [las futuras elecciones presidenciales], esto significa organizar huelgas no corporativas, sin tener la espalda contra la pared, es decir luchas ofensivas" [44]. Sin embargo, Lutte Ouvrière no dice cómo concretizar esta perspectiva ni propone alguna política para llevar adelante este programa. Si bien en las últimas semanas LO denunció formalmente la actuación de las direcciones sindicales oficiales, no planteó lo que tendría que ser una política obrera revolucionaria en el seno de los sindicatos no sólo a nivel local sino también a nivel de la vanguardia nacional cuando se dan procesos de lucha [45].

Sin que ambas posiciones se opongan, la LCR osciló entre un trade-unionismo acrítico y una magnificación de las acciones radicales, sin advertir los límites de éstas durante el mes de junio, sin acoplarlas a la fuerza de la huelga general. El gran problema, según la LCR, es el "tous ensemble" (todos juntos) sindical, es decir cómo armar un "frente sindical bueno" y no la autorganización de los trabajadores para imponer, o al menos propagandizar, la necesidad de la huelga y que alguna institución de clase subsista más allá de los vaivenes puntuales de la lucha de clases. En su boletín de empresa de EDF y GDF de diciembre de 2003, la LCR ya planteaba luego de los buenos resultados de la CGT y FO durante comicios sindicales de fin de año y la caída electoral de la CFDT, que "Raffarin seguramente escuchó este mensaje mayoritario que confirma que las fuerzas capaces de derrotarlo están disponibles" [46]. En ningún momento la LCR despejó la ambigüedad central de su análisis: las fuerzas centrales para derrotar al gobierno son los trabajadores y no la burocracia supuestamente antiprivatización pero traidora en última instancia. En pleno auge del movimiento de lucha, mientras las direcciones sindicales negociaban descaradamente, negándose a llamar a la huelga general, la LCR se contentaba con resaltar en los boletines de empresa de EDF y GDF que "las direcciones nacionales de los partidos de centro izquierda ["gauche"] o inclusive de las grandes confederaciones sindicales parecen ser todavía demasiado tímidas o silenciosas" [47]. Mientras se radicalizaba la vanguardia, decrecía el movimiento en términos numéricos y la burocracia enterraba la lucha, la LCR sostenía que "lo que necesitan [los trabajadores de EDF-GDF] es un frente sindical que se comprometa hasta el final y abra la perspectiva clara de una huelga total con el control de la producción" [48]. En ningún momento la LCR se atrevió a decir siquiera cómo imponer la consigna huelguística a las burocracias desde la autorganización misma de la base luchadora. Obviamente, no planteó tampoco, mediante la lucha por la conformación de una coordinadora nacional, cómo preservar los frutos de estas semanas de lucha que llevó adelante la vanguardia, es decir las conquistas, en términos de subjetividad, que surgieron de los trabajadores más avanzados.

La clave de la situación hoy en día no es un "frente sindical bueno" con los burócratas existentes u otros. No es tampoco la construcción de pequeños sindicatos a la izquierda de las grandes confederaciones que dejan a los grandes batallones de asalariados bajo la influencia de los tutores tradicionales del movimiento obrero. En efecto, si bien la ruptura de los trabajadores más radicalizados con sus viejas direcciones y su afiliación a un sindicato menor, pero con un discurso más combativo puede expresar una potencial tendencia hacia la radicalización, puede representar sin embargo un callejón sin salida a largo plazo. Como lo demuestra la política actual del SUD Rail [49], en el actual estado de cosas, SUD no representa una alternativa revolucionaria frente a las viejas burocracias sindicales enquistadas. Para cumplir con el famoso "Tous ensemble!" reclamado por la vanguardia luchadora, LO y la LCR tendrían que luchar por la unificación de la totalidad de los sindicatos y contra la atomización gremial de la cual saca provecho la patronal para firmar acuerdos y convenios con organizaciones minoritarias e imponerlos al conjunto de los trabajadores de una rama. La LCR y LO tendrían que orientar este incipiente rechazo a las políticas más conciliadoras de las direcciones sindicales hacia una verdadera política nacional de luchas antiburocráticas, para retomar el control de los sindicatos y echar a los dirigentes traidores, los mejores aliados de la burguesía.

La vanguardia combativa de EDF y GDF demostró durante varias semanas su determinación, su coraje, su profundo conocimiento y manejo del aparato productivo y la alta potencialidad de su movimiento, tanto desde el punto de vista social como político. Pero más allá de las oscilaciones coyunturales de la lucha de clases, para sentar las bases de polos de referencia e instituciones de clase que sirvan de punto de apoyo en las futuras luchas, es clave propagandizar un programa que plantee revolucionar las conquistas obreras y coordine desde la base a la vanguardia luchadora.

Levantar un programa que revolucione las conquistas obreras heredadas de un período que desapareció, el de los Treinta Gloriosos y sus correlatos sociales y políticos, es central. Para movilizar el conjunto de la clase, hoy en día profundamente distinta del asalariado del período anterior, es preciso tener un programa que no reivindique sólo la defensa de los viejos derechos y conquistas del Estado Bienestar que hoy en día no amparan más que a una minoría relativa de trabajadores en Europa. La única forma de llevar adelante luchas defensivas victoriosas es planteando un programa que extienda y revolucione las conquistas obreras. El ejemplo italiano de la lucha por la defensa -victoriosa- y la extensión del artículo 18 del Estatuto de los trabajadores lo atestigua [50].

La única solución para sentar las bases de polos de referencia que sepan unificar al conjunto del movimiento obrero para los futuros embates de clase, entre sindicalizados y no sindicalizados, ocupados, desocupados y estudiantes, trabajadores y usuarios, franceses e inmigrantes, es coordinando desde abajo a la vanguardia luchadora, no para coexistir al lado de las burocracias sino para luchar por desplazarlas. En el contexto actual, la tarea de los revolucionarios debería ser la de unificar desde las bases a la vanguardia combativa de EDF y GDF en una gran coordinadora nacional y vincularla a los otros pocos sectores en lucha, no para movilizarla en los resquicios y espacios libres dejados por la burocracia, sino con la perspectiva de constituir un polo de clase que represente una alternativa de lucha y sepa destituir a las burocracias conciliadoras "para imponer, [pero realmente] una verdadera política de defensa del mundo del trabajo" [51].

 

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