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Un debate estratégico en la izquierda
por : Brayan Brenes

27 Mar 2009 | Las elecciones presidenciales de 2009 en El Salvador, y muy particularmente el triunfo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) encierran un enorme significado histórico
Un debate estratégico en la izquierda

No cabe duda que las elecciones presidenciales de este 2009 en El Salvador, y muy particularmente el triunfo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) encierran un enorme significado histórico; y no era para menos: no solo acabó el período de 20 años de sucesivos gobiernos de la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) -el partido estelar de los intereses de la burguesía nacional y el imperialismo- sino que las mismas elecciones se desarrollaron en el marco de una crisis capitalista mundial –la peor en 80 años- que ya comienza a golpear con fuerza en Centroamérica; y por supuesto con unas elecciones que dejan como saldo la victoria de un grupo que hace 17 años era guerrilla y enfrentaba por medio de las armas al partido ARENA y a la burguesía en nombre de la “revolución”. Aunque ya el FSLN en Nicaragua había logrado en el 2006 ganar las presidenciales, esto sucedía precisamente después de 16 años, cuando Daniel Ortega había sido derrotado a manos de Violeta Chamorro (la candidata “oficial” de la burguesía y el imperialismo) en aquellas elecciones “democráticas” pactadas en el marco de los Acuerdos de Paz.

El triunfo del FMLN en El Salvador, obliga a los revolucionarios a hacer un profundo balance, así como llevar adelante un debate serio y consecuente desde el punto de vista de los principios del marxismo, especialmente en momentos donde ya el FMLN así como el FLSN se han convertido en aparatos electorales indisolublemente vinculados al Estado burgués; y más allá de la victoria en elecciones presidenciales, esto se da en el marco de la completa adaptación al Estado y a su compromiso de sostener al sistema capitalista. Por eso todo lo anterior define los contornos de una discusión estratégica y programática entre quienes nos reclamamos marxistas, especialmente en lo que hace a las tareas de la revolución Centroamericana y mundial.

Las elecciones presidenciales de El Salvador: un primer test de la lucha de clases para los revolucionarios. Un debate indispensable en la izquierda.

Definitivamente muchos grupos y corrientes proclamadas de la izquierda marxista y revolucionaria no pasaron la prueba de las elecciones en El Salvador. Está el caso de los que como el Socialista Centroamericano (SOCA) [1] -dirigido por el reconocido Abogado Bonifacio Miranda- llamaron a votar “críticamente” a favor del FMLN -incluso desde varios meses antes de las elecciones- presidenciales, vergonzosamente participando de la campaña electoral de apoyo al grupo ex guerrillero. Tenemos a los que como el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MSTC), que a pesar de hacer un análisis correcto del programa del FMLN así como de su cada vez más comprometedora composición de clase, a último momento llamó a votar por el partido “izquierdista”. Y tenemos posiciones extremas de apoyo y capitulación, como la del Bloque Popular Juvenil (BPJ), el grupo salvadoreño de la Corriente Marxista Internacional (CMI), que además de haber llamado a votar al partido de Mauricio Funes, trata de falsificar la realidad y meter la idea de que esta es una victoria de los trabajadores y el pueblo pobre.

Los compañeros del SOCA, en una posición escandalosa no se conformaron con llamar a votar a la ex guerrilla, fueron más allá y le pidieron incluso al FMLN que encabezara un gobierno “que incluyera a las organizaciones, obreras, campesinas y populares”. [2] Esto, en las condiciones de la actual de la política del FMLN -que actúa como contención y desvío del descontento de las masas- solo puede significar lo que los marxistas llamamos un gobierno de “frente popular”. Aunque los compañeros dicen luchar por este tipo de “gobierno del FMLN” “… sin la participación de burgueses”, dejan de lado que precisamente el FMLN luchaba por llegar a la presidencia en el marco de su adaptación a las instituciones de dominación burguesa, como el Parlamento, las Alcaldías, y ahora el Ejecutivo. La Declaración de esta “corriente” centroamericana termina embelleciendo a la dirección del FMLN y los lleva a plantear una postura donde según parece, para el SOCA es posible integrarse al Estado burgués y formar un gobierno “sin la participación de burgueses”, ¡un delirio inimaginable!

Pero si es impactante la política de capitulación abierta del SOCA, quien no deja piedra sobre piedra de una política cuando menos de independencia de clase es el Bloque Popular Juvenil (BPJ). Para este grupo que se reivindica alegremente como la “voz marxista” del FMLN “los obreros y campesinos de El Salvador derrotaron el fraude electoral y ganaron las elecciones”, y haciendo una afirmación un poco forzada dicen que “La burguesía tuvo que ceder de muy mala gana la administración del Estado al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) para evitar un estallido revolucionario”. [3] Por el contrario, como hemos dicho el triunfo del FMLN no representa ningún triunfo para los trabajadores, que posiblemente no verán solucionarse sus reivindicaciones históricas fundamentales. En cambio, la victoria de Funes puede ser en cierta medida un alivio para los burgueses, porque se aseguran una opción de contención de la lucha independiente de la clase trabajadora. El BPJ dice que “la burguesía tuvo que ceder de muy mala gana” la administración de su Estado, pero ésta no parece ser la realidad; lo cierto es que inmediatamente después de la victoria de Funes el actual Presidente Antonio Saca “le habló al nuevo presidente para felicitarlo y ofrecerle una transición ‘tranquila y expedita’”, lo que parece dar a entender que la burguesía no acepta de tan “mala gana” a Funes. Aunque no sea su mejor opción en el escenario de la crisis generalizada del capitalismo a nivel mundial, para la fracción burguesa de ARENA más bien puede ser bueno soltar la papa caliente y dejarla en manos del FMLN, que puede "quemarse" y de seguro tendrá muchos problemas frente a la crisis económica. Como decíamos en la Declaración frente a las elecciones “precisamente el propio FMLN podría ser una de las cartas del capitalismo salvadoreño” [4] ante un escenario que promete ser turbulento.

ARENA en primera instancia sabe que puede encontrar un aliado en el FMLN y Mauricio Funes para proteger la “propiedad privada”, y en consecuencia los negocios de los capitalistas. Mauricio ha dicho que tiene intención “en trabajar de la mano, incluso con el partido ARENA”, [5] pero esto el BPJ o lo ignora concientemente para profundizar su política de capitulación a un partido burgués, o no lo sabe.

Incluso frente a las declaraciones de Funes sobre la necesidad de incorporar a "inversionistas extranjeros, con potencial para generar empleos decentes, acelerar el crecimiento de la producción" los militantes del BPJ llegaron a plantear que solo se trata de "una concesión argumental".

Este curso del BPJ es similar al que sus organizaciones “hermanas” han hecho en otros países, donde han terminado disueltos o están en vías de hacerlo en organizaciones burguesas o reformistas, como es caso del PRD en México, y subordinadas a direcciones “antineoliberales” como el chavismo en Venezuela.

La política de la LIT: el abandono de la lucha por el poder, la estrategia revolucionaria, y el combate por el socialismo

Aunque en la recta final de las elecciones presidenciales el MSTC-LIT profundizó su análisis –correctamente- sobre los vínculos del FMLN con reconocidos empresarios y explotadores nacionales, así como sobre el programa procapitalista de esta agrupación; al final dieron un giro violentamente oportunista y llamaron a votar por este partido, a pesar del “carácter típicamente burgués del programa”. [6]

El MSTC llamó “al pueblo a votar por el FMLN ante las maniobras del partido ARENA”. ¿Según el MSTC-LIT qué sigue?: realizar exigencias al gobierno del FMLN- Mauricio Funes, con el argumento de “rechazar el programa del futuro gobierno, así como para exigirle [que] garantice la reversión de las privatizaciones y los Tratados de Libre Comercio (…)” etc, etc. Es decir, la política del MSTC en esta nueva “etapa” después de haber llamado a votar al FMLN ahora consiste en ejercer presión sobre el gobierno de Funes. En los hechos esto significa un abandono de una política de independencia de clase respecto al nuevo gobierno, en aras de una orientación oportunista que ya viene llevando a los compañeros del MSTC a la rastra del nuevo gobierno, a pesar de sus “críticas”.

La política de la LIT se expresa también en una visión (o caracterización) que -aunque no lo dicen en público- prácticamente parte de la definición del BPJ de que este es el triunfo de los “obreros y campesinos”, lo cual parece llevarlos a considerar que este es el gobierno de los trabajadores. Y, de esa forma, aunque se siga hablando de la lucha por el poder; la estrategia revolucionaria y el combate por el socialismo, el MSTC y la LIT abandonan la pelea desde temprano, desprendiéndose de la independencia politica de los trabajadores respecto a las variantes burguesas y/o reformistas (sean neoliberales o antineoliberales).


Por una estrategia revolucionaria y un programa obrero y socialista

Todo parece indicar que el nuevo gobierno dirigido por el FMLN no resolverá las demandas históricas fundamentales de las amplias masas obreras, campesinas y del pueblo pobre salvadoreño. A pesar de no estar todavía marcados en definitiva los trazos vitales del nuevo gobierno, por lo que se puede ver hasta el momento ni en la mente de Mauricio Funes ni en la mentalidad de los principales dirigentes históricos del FMLN pasa la idea de tomar medidas para acabar con la explotación de la burguesía, o sacar al país del atraso y la opresión imperialista. Más bien Funes parece inclinarse a imitar el modelo brasileño de Lula, por lo menos en lo que a “estabilidad” burguesa y alineamiento con el imperialismo se refiere. Aunque El Salvador no es Brasil y viceversa, la inclinación inicial de Mauricio muestra cual es el norte que quiere para su país: un país libre de conflictos sociales, con una relación amistosa con el imperialismo, y manteniendo intactas las relaciones de explotación y propiedad imperantes desde los primeros años de vida republicana hasta la actualidad.

Los revolucionarios de la LRS creemos que la única forma de darle salida a los grandes intereses históricos de las masas trabajadoras, de campesinos pobres y el pueblo, pasa por derribar al capitalismo, luchando por un programa que tenga como pilares centrales una profunda reforma agraria en el campo para dar tierra a los campesinos pobres; un programa basado en el monopolio del comercio exterior y la nacionalización de toda la industria. En medio de la peor crisis capitalista después de la II Guerra Mundial, los revolucionarios de la LRS sostenemos que es necesario expropiar y poner bajo control obrero toda fábrica que cierre o despida trabajadores, incluyendo los grandes complejos maquileros. Sostenemos que es necesario romper relaciones con el imperialismo norteamericano, comenzando por supuesto con el no pago de la deuda externa que desangra al país con una deuda que no ha sido contraída para resolver la situación de miseria de las masas trabajadoras. En este sentido, consideramos urgente tirar abajo la dolarización, así como el TLC con Estados Unidos, que solo dependencia y mayor saqueo de nuestras riquezas nos ha generado.

Pero además de las medidas económicas y de soberanía nacional, sostenemos que es necesario juzgar y encarcelar a todos los represores y asesinos que participaron en los “escuadrones de la muerte”, así como a los policías y militares que como Rodrigo Ávila de ARENA protagonizaron la desaparición y asesinato de miles de trabajadores, campesinos pobres y jóvenes durante la década de 1980. Así también creemos necesaria la disolución de la policía y todos los cuerpos represivos de que se vale el Estado y los capitalistas para oprimir al pueblo pobre.

Por supuesto que ninguna de las medidas anteriores puede ser llevada adelante sin un gobierno obrero y del pueblo pobre en El Salvador, así como entendemos que este gobierno no surgirá evolutivamente o por el giro a izquierda del FMLN; sino que solo surgirá como consecuencia de una revolución obrera y socialista, en donde los obreros -encabezados por su propio partido revolucionario (independiente de todas las variantes capitalistas como ARENA o el FMLN)- puedan convertirse en el caudillo de clase de la nación, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y a los desposeídos de la ciudad y el campo.

Sabemos que las masas en estos momentos, precisamente por la intensidad de las ilusiones depositadas en el FMLN, aún no comparten nuestro programa ni estrategia; pero es el único camino posible para alcanzar su liberación y construir una nueva sociedad.

Al mismo tiempo que luchamos por un gobierno obrero y campesino apoyado sobre comités o consejos con plena democracia obrera de masas, los revolucionarios de la LRS creemos que es urgente construir el partido revolucionario en El Salvador, en la perspectiva de avanzar hacia el socialismo y la revolución mundial.

 

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