FT-CI

Otro aspecto del debate con la LIT-CI

Los marxistas ante la guerra civil y el caso sirio

05/12/2013

Tras lanzar una larga polémica contra nuestra corriente internacional, la FT-CI bajo el título de “¿Exigir o no armas al imperialismo?” para justificar su apoyo a las fuerzas rebeldes cuya principal expresión es el Ejército Libre Sirio (ELS), y ante nuestra respuesta en “La LIT-CI se empantana en el complejo escenario sirio”, esta corriente encabezada por el PSTU brasileño, no ha contestado seriamente ninguno de nuestros principales argumentos que demuestran cómo equivocan la analogía con la guerra civil española, cómo su lógica de “revolución democrática” los lleva a adaptarse al campo burgués rebelde apoyado por el imperialismo y a levantar un programa puramente democrático.

Entre tanto, buscando defender una posición cada vez más insostenible ante la realidad y ante la teoría, por lo menos para quien se reclame trotskista, parecen buscar una carta salvadora en una sorprendente innovación: la de que sí o sí, en cualquier guerra, hay que optar por el apoyo a uno de los campos militares, sin importar la definición concreta de qué tipo de conflicto bélico se desarrolla, cuál es la naturaleza de clase de las fuerzas que se enfrentan y qué rol juega la clase obrera, ni quién la dirige.

Es completamente falso, ajeno a la entera tradición del marxismo revolucionario e interesado sostener que frente a toda guerra los revolucionarios tenemos que posicionarnos sí o sí de uno u otro de los bandos en lucha (ver “Los marxistas ante las guerras de nuestra época”). Lo que sí es necesario es posicionarse desde la perspectiva del desarrollo revolucionario de la lucha de la clase obrera y sus aliados, lo que incluye directamente la dimensión internacional de la lucha de clases. Nunca somos “prescindentes” pero siempre tomamos partido desde el punto de vista de los intereses del proletariado internacional y de la revolución socialista internacional.

Las guerras civiles

En las guerras civiles, que son un tipo particular de guerra, también hay que ser precisos en la caracterización, pues no son todas iguales. En términos generales, una guerra civil desde el punto de vista marxista, constituye una fase determinada de la lucha de clases en que, rotos los marcos de la legalidad, se llega al enfrentamiento público y, en cierta medida físico, de las fuerzas enfrentadas. Trotsky define “la guerra civil (revolucionaria, NdA) constituye una etapa determinada de la lucha de clases, cuando ésta, rompiendo los marcos de la legalidad, viene a ubicarse en el plano de un enfrentamiento público y en cierta medida físico, de las fuerzas enfrentadas. Concebida de este modo, la guerra civil abarca las insurrecciones espontáneas, determinadas por causas locales, las intervenciones sanguinarias de las hordas contrarrevolucionarias, la huelga general revolucionaria, la insurrección para la toma del poder y el período de liquidación de los intentos de levantamientos contrarrevolucionarios” .

Un tipo es la guerra civil producto de la revolución obrera como fue el caso ruso entre 1918 y 1921 o español entre 1936 y 1939. En este caso los trabajadores y las masas pobres tienen un interés directo y vital por el triunfo del campo revolucionario y hasta por la extensión de la guerra a otras regiones y países. Aquí, la confrontación es un capítulo más de la propia revolución que deriva de la inevitable resistencia de la burguesía a perder sus posiciones políticas y sobre todo económicas, y del imperialismo a tratar de revertir la amenaza a sus propios intereses y al orden internacional. En este tipo de guerra civil se enfrentan directa y abiertamente las clases sociales, los oprimidos contra los opresores, los explotados contra los explotadores. En el caso ruso, a la cabeza del campo progresivo se encontraba una dirección revolucionaria expresada en el Partido Comunista (bolchevique) fuertemente enraizado en los soviets de obreros, campesinos y soldados.

En el caso español, encontró a la cabeza a la burguesía “democrática” y los reformistas (representados por el PSOE de Largo Caballero y Juan Negrín) y a los stalinistas del Partido Comunista. No obstante como ya hemos señalado ampliamente en nuestro anterior artículo, Trotsky exigió armas para los republicanos ya que en él se expresaba la revolución a través de las milicias de la CNT y otros sindicatos y de las organizaciones políticas de la izquierda, del control obrero en Barcelona, de las colectivizaciones en el campo, etc. Aquí Trotsky distingue entre dos etapas de la guerra civil: antes y después de que la derrota de Cataluña, es decir, antes y después de que los republicanos, con el invalorable auxilio de los stalinistas, lograran derrotar desde adentro a la revolución proletaria. Por eso, va a plantear después de la derrota de la vanguardia obrera en Barcelona en mayo del 1937:

“Sin embargo, la completa victoria del ejército republicano sobre Franco, no significa en modo alguno el triunfo de la democracia. Los obreros y campesinos han conducido dos veces a los republicanos y a sus agentes al poder: en abril de 1931, y en febrero de 1936. Las dos veces, los héroes del Frente Popular han cedido la victoria del pueblo a los representantes más reaccionarios de la burguesía. La tercera victoria conseguida por los generales del Frente Popular significaría su inevitable acuerdo con la burguesía fascista, a espaldas de los obreros y campesinos. Un régimen de este tipo, no sería más que otra forma de dictadura militar, incluso sin Monarquía, ni dominio abierto de la Iglesia Católica” (Lección de España: última advertencia, diciembre de 1937).

Ante la guerra civil en Siria

Un punto fundamental que la LIT-CI olvida en Siria es que en las guerras, la delimitación no se hace sobre el carácter más o menos “democrático” u “opositor” de cada campo, sino sobre la base de su contenido de clase y su relación con el imperialismo. En el caso de Libia el punto de partida básico para un posicionamiento marxista era oponerse a la intervención imperialista y denunciar a sus agentes en el terreno -las direcciones milicianas que avalaban los bombardeos de la OTAN y la demagogia “democrática” de las potencias occidentales-, a la vez que luchar por el derrocamiento revolucionario de la dictadura de Kadafi. En Siria corresponde pronunciarse por el derrocamiento revolucionario del régimen de Al Assad, a la vez que denunciar la injerencia imperialista y combatir políticamente a las direcciones de la oposición que son sus agentes, en lugar de ubicarse sin más en su campo por ser “antidictatorial” utilizando como consigna encubridora la de “armas para los rebeldes”.
Para justificar esto, la LIT-CI necesita negar una caracterización marxista de lo que ocurre hoy. Debe disolver el carácter concreto de la guerra civil para justificar su alineamiento, “sí o sí” en el bando antidictatorial. Esto explica su curiosa crítica de que sólo tendríamos una “caracterización” y no una “política” para Siria. Es el ABC para todo aquel que se pretenda marxista, que en política se debe partir de una caracterización de la realidad, de los sectores en pugna, de su política. La LIT-CI orilla el ridículo cuando al mismo tiempo que desprecia una caracterización seria de la situación siria, insiste con su obsesiva pregunta de “hacia donde apuntamos nuestra arma”. Es que para sostener a toda costa su política, debe negar los cambios que ha venido sufriendo el proceso sirio.

Si hasta fines de 2011 primaba el carácter de levantamiento popular, la derrota de los llamados a la huelga general y a las movilizaciones de fines de ese año y comienzos de 2012 significó cambios decisivos en el escenario de la guerra civil. La intervención espontánea de las masas retrocedió y en el enfrentamiento armado pasaron a primar fracciones armadas ligadas al imperialismo, a Turquía y a las petromonarquías, comenzando a reagruparse bajo la oposición burguesa y el ELS. Muchos analistas reconocieron este cambio, registrado en infinidad de informes periodísticos y análisis. Por ejemplo, un intelectual de izquierda, conocedor del Medio Oriente como Tarq Ali sacaba como conclusión: “Pero mucho ha cambiado desde el comienzo. La izquierda siria, en la cual tengo muchos amigos, antiguos y nuevos, es débil y no ha podido retener el control del movimiento de masas en ningún sitio. Era fuerte en Alepo y partes de Damasco pero fue pronto sobrepasada por la Hermandad Musulmana y grupos a su derecha, respaldados por Catar y Arabia Saudí. Los desertores de Asad fueron recuperados por Turquía y Francia. Por lo tanto el carácter del levantamiento cambió después del primer año. ¿Cómo podemos dejar de registrar ese hecho? La relación actual de las fuerzas no favorece a ningún grupo secular o progresista. Pretender otra cosa es estar cegado por las ilusiones o los requerimientos de la política entre sectarios de izquierda”.

Por supuesto, a la LIT-CI, que reemplaza el marxismo como “análisis concreto de una realidad concreta” por abstracciones como “revolución”, “guerra civil”, etc., sin contenido preciso, le tienen sin cuidado esos cambios cualitativos en la crisis siria. Como ayer consideraba un dato menor que los rebeldes libios adhirieran a la intervención de la OTAN, hoy no le da la menor importancia a que las fuerzas rebeldes se conviertan en agentes de los planes imperialistas y de sus aliados, ni a que la actividad de las masas haya retrocedido enormemente respecto a las primeras fases de la lucha, dejando de ser el factor predominante en la situación.

Si la LIT-CI reconociera este viraje clave en el proceso sirio, no podría insistir en su forzada e incorrectamente utilizada analogía con la guerra civil española, para justificar su llamado a pedir armas para los rebeldes al imperialismo. Se “olvida” de que la guerra civil española fue el último capítulo de la gran revolución obrera y campesina que se abrió en 1931, mientras que en Siria, la guerra civil es la consecuencia del desvío del inicial levantamiento popular, bajo la sangrienta represión de Al Assad hacia una guerra de aparatos donde las fracciones armadas que responden a la oposición burguesa (sea laica, islamista “moderada” o fundamentalista) subordinan los elementos remanentes del levantamiento inicial, y que no juegan hoy ningún papel determinante ni son expresión de un proceso de “acciones históricamente independientes de las masas” y de “poder dual” obrero y popular, pese a la propaganda que hacen de ciertos “comités” la LIT-CI y otras corrientes de la izquierda internacional.

Si una comparación con España cabe, es la que formula Trotsky ante la perspectiva de la derrota de la revolución proletaria en las fases finales del enfrentamiento armado: “En fin, es posible que las victorias parciales de los republicanos sean utilizadas por los intermediarios anglofranceses ‘desinteresados’ con el fin de reconciliar a los beligerantes. No es difícil de comprender que, en una variante de este tipo, los últimos restos de democracia, serían ahogados por los fraternales abrazos de los generales Miaja (comunista) y Franco (fascista). Una vez más, sólo puede vencer, o bien la revolución socialista, o bien el fascismo” .

Si la LIT-CI siguiera el método de Trotsky, vería que en la medida en que las direcciones rebeldes terminen de desembarazarse de los elementos del levantamiento popular de 2011, cada vez más la dinámica de las fracciones rebeldes es imponer un régimen antidemocrático, proimperialista y antiobrero, similar en lo esencial al de Al Assad e, incluso, pactando con sectores del propio régimen. ¿Es otro el objetivo de las “negociaciones de paz” auspiciadas por el imperialismo, Rusia y otras potencias?

La militarización del conflicto como “guerra de aparatos” en que la combinación de bárbara represión por Al Assad y política reaccionaria de las direcciones de la oposición, del ELS y de Al-Nusra ha ahogado prácticamente la iniciativa espontánea de las masas, abrió las puertas no a una “victoria colosal de las masas” sino al plan de una “paz” contrarrevolucionaria, para nada democrática y basada en el agotamiento de la rebelión popular como hemos explicado arriba. Ahora, el plan norteamericano y ruso de desarme del arsenal químico de Al Assad es el comienzo de un plan de negociaciones hacia una conferencia de “de paz” entre los dos bandos, que debería iniciarse en enero en Ginebra, si prosperan los acuerdos iniciales. Con este plan impulsado por el imperialismo, que jugará el rol de articulador de la “pacificación” y “transición” a un nuevo régimen, tratan de imponer una salida política a la guerra civil, basada en impedir la desintegración del Estado sirio, evitar una mayor desestabilización regional.

De esas negociaciones nada pueden esperar los trabajadores y el pueblo pobre. Ninguno de los dos grandes proyectos políticos de las fuerzas opositoras responde a las demandas profundas de las masas que se volcaron a las calles en 2011 contra el régimen de Damasco. El de la oposición “laica” (CNFROS y ELS), dirigida por sectores burgueses que quieren desalojar a Al Assad para acceder al control del Estado, pero que no están dispuestos a que la propiedad privada sea afectada ni a romper con el imperialismo; y el de Al Nusrah y otros sectores salafistas, que propugnan una república teocrática islámica. Estos dos planes en disputa están llevando a enfrentamientos incluso armados entre ambos sectores y generan contradicciones para el “plan de paz”, por ahora cuestionado por los islamistas, pero saludado por la oposición laica.

En este cuadro, la política de la LIT-CI de reclamar armas al imperialismo para el sector laico de la oposición, la deja a la zaga de la política de este bloque, de buscar un cambio de régimen barnizado de “democrático” aunque incluya a sectores del actual régimen y sobre todo, a las FF.AA., y que se gesta bajo la tutela imperialista. Nos preguntamos ¿consideraría la LIT-CI una transición democrática semejante, que retire de escena a Al-Assad, como una “victoria de las masas”? ¿Sería esta una variante de la “revolución política” en el régimen que considera la teoría de “revolución democrática” de la LIT-CI?

La política de la LIT-CI puede estar adornada (como tratan inútilmente de defenderse) aquí y allá de alguna frase de propaganda contra las direcciones burguesas, pero toda su política se adapta al que suponen el “campo democrático”. La concepción de “revolución democrática” que está en el centro de esta discusión, es una piedra atada al cuello de la LIT-CI que los está hundiendo cada vez más, aferrados al campo “antidictatorial” manipulado por el imperialismo, sin proponerse una estrategia revolucionaria.

Es que en realidad, a la LIT no le interesa analizar el carácter de la guerra civil en Siria. Simplemente se contenta con una máxima (según ellos leninista) según la cual los revolucionarios en caso de guerra, debemos apoyar y participar inexorable y categóricamente a uno u otro de los campos militares enfrentados. Caso contrario incurrimos en un “abstencionismo sectario” y en última instancia en una política funcional al bando más fuerte, en este caso la dictadura sangrienta de Al Assad.

La política de la LIT-CI y la política de la FT-CI

La LIT-CI insiste en acusar a nuestra corriente de no tomar partido frente al levantamiento de masas de 2011 y la guerra civil en curso en ese país. Falso. Lo cierto es que desde el primer momento de las movilizaciones de comienzos de 2011 estuvimos por la caída revolucionaria de la sangrienta dictadura de Al Assad, como puede verse en cualesquiera de nuestros artículos de la época. Así, al contrario que chavistas y castristas (como nos intenta acusar la LIT-CI) alineados con el régimen de Damasco, saludamos que “Los vientos de la “primavera árabe” parecen estar llegando a Siria, un país clave en el equilibrio regional” ; denunciamos la represión de Al Assad llamando a “Abajo el régimen opresor. Ninguna injerencia imperialista” y definimos que “Apoyamos con todas nuestras fuerzas el levantamiento de los trabajadores y el pueblo sirio. Repudiamos la criminal represión del régimen de Assad. Su embestida asesina es una prueba más de que las demandas más sentidas del pueblo y de los trabajadores sirios solo podrán hacerse efectivas con la acción independiente de los trabajadores y de las masas (...) Por la caída revolucionaria de Assad”. Coherentemente, hemos señalado que “En Siria, un programa de acción para el derrocamiento revolucionario de la dictadura de Al Assad debe combinar las reivindicaciones inmediatas de las masas, urgentes para responder a la ruina económica y la catástrofe social, con las tareas, con medidas transicionales como la expropiación bajo control obrero de fábricas, bancos y grandes empresas, la reversión de las empresas privatizadas por el régimen, el reparto de tierras entre los campesinos pobres, y la ruptura con el imperialismo. Las tareas de la guerra deben ser articuladas en esa misma lógica transicional, para desarrollar el armamento de masas y su centralización en milicias en contraste con la lógica de aparatos faccionales y de militarización burguesa del ELS y las diversas direcciones islamistas. Los aspectos específicamente militares del programa deben estar ligados estrechamente a la gran tarea estratégica de la autoorganización soviética de las masas en lucha, en la perspectiva del poder obrero y popular”. Tan clara ha sido nuestra postura frente al proceso sirio que nuestra compañera Claudia Cinatti fue “replicada” por el embajador sirio en Venezuela, Ghassan Abbas.
Como puede ver fácilmente el lector, el intento de la LIT-CI de amalgamar nuestras posiciones con las del populismo que apoya a Al Assad no tiene el menor fundamento. Además, por sí solas estas citas (y las que podrían extraerse de las numerosas notas que hemos publicado) demuestran que es falsa su acusación de que no tendríamos política para Siria, sino sólo una “caracterización”.

Las desastrosas consecuencias políticas concretas de la concepción de “revolución democrática” de la LIT-CI los han llevado en Libia, a saludar como gran triunfo revolucionario la caída de Kadafi a manos de los rebeldes que ya trabajan en estrecha relación militar y política con la OTAN. En Egipto, a ubicarse de hecho en el campo “anti Mursi” que avaló el golpe de Estado que expropió las grandes movilizaciones contra los Hermanos Musulmanes e impuso una nueva dictadura militar, que en estos días está dando un nuevo avance represivo imponiendo una ley contra las protestas y hasta encarcelando a mujeres menores de edad de la Hermandad Musulmana. En Siria, su ubicación en el campo antiAssad, los deja a la zaga del campo rebelde, que ni es consecuentemente democrático, subordinado como está al plan imperialista, ni siquiera es laico (por cuanto lo integran también sectores islamistas moderados, aunque formen un bloque aparte los fundamentalistas).

En Siria, una política trotskista, vale decir consecuentemente obrera, socialista y revolucionaria, debe fundarse en la combinación de lucha de masas por el derrocamiento revolucionario de Al Assad, con la denuncia consecuente de toda la injerencia -militar y política- del imperialismo. Esto es inseparable del combate político a los agentes de sus planes sobre el terreno, mal que le pese a la LIT-CI, que bajo la consigna de reclamar al imperialismo armas para los rebeldes, se niega a hacer. No se trata de encubrirse con algunas frases de propaganda contra el plan imperialista o contra el carácter burgués o conciliador de las direcciones rebeldes. Se trata de hacer un análisis marxista de la situación real y levantar una política consecuente de independencia de clase que parta de comprender que las reivindicaciones más sentidas de las masas, políticas y sociales, que dieron origen al levantamiento de 2011 sólo pueden resolverse íntegra y efectivamente a través de la movilización revolucionaria de las masas que tire abajo la dictadura de Al Assad e imponga un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre independiente de cualquier otra variante burguesa, una revolución obrera y socialista.

Lea también:
Las guerras de nuestra época y la política de los revolucionarios
Por Diego Dalai y Simone Ishibashi

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