FT-CI

Polémica con la LIT-CI

Honduras exige profundizar el debate estratégico y redoblar las acciones

08/09/2009

Luego de prácticamente dos meses del golpe que destituyó al presidente Mel Zelaya, orquestado contra sus planes de aproximación al bloque chavista del ALBA y la consulta sobre el cambio de puntos de la Constituyente, el gobierno golpista encabezado por Micheletti sigue en el poder. La permanencia de Micheletti en el gobierno desnudó la farsa del imperialismo norteamericano de declararse contrario al golpe, mientras en realidad dejó que se consolidara. Hoy, Zelaya conmemora la noticia de que la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, cortará la ayuda financiera a Honduras y cancelará visas como “sanción” a los golpistas. Mientras, a pesar del impacto que esta declaración pueda tener en la opinión pública, el hecho es que poco cambia desde el punto de vista concreto. Eso porque la ayuda anual es de US$ 18 millones para fuerza militar, más cerca de U$ 135 millones como “ayuda humanitaria”, y como señala el diario argentino Página/12, “la decisión sobre el grueso de la ayuda financiera, unos 135 millones de dólares de la Cuenta del Milenio tardará varios meses” (Página 12, 4/9). Y el efecto de sanción de esa medida del imperialismo cae totalmente, teniendo en cuenta que Micheletti acaba de obtener un préstamo de U$ 150 millones del FMI. Obviamente, con la anuencia del gobierno norteamericano.

El golpe en Honduras también demostró la profunda impotencia de los gobiernos latinoamericanos que, de la misma manera que en relación con la instalación de bases militares norteamericanas en Colombia, terminaron siguiendo al imperialismo en lo que a Honduras se refiere. Así, todos, incluso Chávez, fueron correa de transmisión de la política de llamar a la negociación con los golpistas mediada por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, que en la práctica sirvió sólo para que el gobierno golpista se consolidase en el poder. Eso es una demostración de las tendencias a la mayor polarización en el continente latinoamericano, teniendo en Honduras su expresión más derechista junto a la ofensiva del imperialismo norteamericano apoyado en el gobierno de Álvaro Uribe en Colombia.

Ahora, la situación hondureña se encuentra en un nuevo momento de inflexión. El gobierno de Micheletti anunció el inicio del proceso electoral, previstas para el 29 de noviembre. Este proceso electoral es un capítulo más de la política golpista, que busca de esa forma legitimar y legalizar la obtención de su objetivo político de expulsar a Zelaya para impedir un “giro populista” y mantener intocable la Constitución y el reaccionario régimen pro yanqui hondureño, además de desarmar la movilización de masas contra el golpe y canalizar la insatisfacción popular hacia las urnas, apoyándose en los sectores más moderados de la clase media y de la oposición a Micheletti, aislando así a la resistencia. Por lo tanto, estas elecciones, que de realizarse será bajo la fuerza de las armas y de la represión sobre los trabajadores, la juventud y el pueblo hondureño que se levantan contra el golpe, son una farsa. Farsa apoyada por el imperialismo y por Óscar Arias, que explicitando su política de desarmar el conflicto de acuerdo con los términos de los golpistas, alegó que “no podríamos haber conquistado la transición de los regímenes dictatoriales en América Latina –productos de golpes de Estado – a la democracia. Porque fue con [el dictador Augusto] Pinochet que se realizaron elecciones [en Chile en 1989] y fue con regímenes de fuerza en América Central que hubo elecciones” (Folha de S. Paulo, 2/9), justificando así su realización luego del fracaso de las negociaciones del “Plan Arias” y de la misión de la OEA en Tegucigalpa, que también terminó encubriendo a los golpistas. La política de Zelaya sigue siendo una continuidad de la llevada adelante hasta ahora: siguen las negociaciones y pedidos al imperialismo y sus organismos de que no reconozcan las elecciones y pacte las condiciones para su retorno. En este momento, Zelaya sigue esperando una declaración de Hillary Clinton y de la UE, así como el propio Micheletti.

Entretanto, la resistencia hondureña sigue activa, a pesar de sufrir la creciente represión y el desgaste de más de dos meses enfrentando a los golpistas, en medio de la dispersión causada por la política de Zelaya, de por momentos llamar a confiar en la negociación y en otros intentar volver al territorio hondureño por fuera de cualquier movilización de masas. Aún así, la resistencia hondureña se mostró más duradera y masiva de lo que esperaba el gobierno golpista y sigue organizada en el Frente Nacional de Resistencia al Golpe, un frente único que se forjó entre algunos de los sindicatos más importantes del país, como el de profesores que ha desempeñado un papel un papel protagónico en las acciones contra el golpe, organizaciones campesinas, estudiantiles y populares, además de otros sectores de empleados estatales. A las acciones contra el golpe se suman también algunas manifestaciones de trabajadores por sus reivindicaciones, que pueden tomar una dinámica más política, como la de los activistas sindicales de la Empresa Nacional de Energía que, siguiendo el ejemplo de los trabajadores de la Biblioteca Nacional, ocuparon las oficinas en Tegucigalpa y otras ciudades del país contra la contratación de ejecutivos con altos sueldos. Si este método de lucha de los trabajadores se generaliza puede abrir una nueva perspectiva para el combate contra los golpistas.

Sin embargo, la resistencia hondureña necesita pegar un salto hacia una política realmente capaz de derribar el golpe. Esta es una necesidad que se muestra más imperiosa hoy ante la maniobra electoral. Y esto sólo puede darse en la medida que supere la estrategia de Zelaya de seguir insistiendo en las negociaciones, relegando las movilizaciones, en el mejor de los casos, a un simple elemento de presión. En este sentido el debate de las estrategias para la lucha contra el golpe en Honduras, con una política que permita que la clase trabajadora y las masas, a través de su acción avancen en su conciencia, para forjar una respuesta definitiva a sus demandas asume una gran importancia, sobre todo entre los que se reivindican parte del marxismo revolucionario. La necesidad de romper las cadenas de la dominación imperialista y de la burguesía nativa, como avance de la lucha contra el golpe, es urgente.

Es por eso que abrimos este debate con las posiciones de los compañeros de la LIT (Liga Internacional de Trabajadores), expresadas en sus declaraciones, para intentar avanzar en dilucidar el programa y la estrategia necesaria para que la situación hondureña se resuelva a favor de la clase trabajadora y el pueblo, lo que podría instaurar una nueva correlación de fuerzas regional y golpear duramente a la burguesía local, y a la derecha latinoamericana, que buscan recomponer su ubicación en medio a la crisis capitalista.

Lo que hay detrás de la defensa del retorno de Zelaya y de la LIT

En su última declaración, la LIT dio un salto en su política de separar la lucha contra el golpe de la lucha por una estrategia de independencia de clase y cuestionamiento del decadente capitalismo hondureño al asumir como política la reivindicación por la restitución incondicional de Zelaya. La LIT defiende su posición afirmando que “en el marco de una amplia unidad de acción antigolpista en Honduras y en el mundo, que abarca desde sectores burgueses hasta el conjunto de la izquierda, existe un debate (....) sobre cuál debe ser el programa de la lucha contra el golpe y, por otro lado, con qué metodología se debe llevar adelante esa lucha (...) Una de las cuestiones más discutidas es si se debe o no reivindicar la vuelta de Zelaya al gobierno, como hace la LIT-CI y otras organizaciones, porque se trata de un ‘dirigente burgués’. Por lo tanto, reivindicar su restitución sería ‘capitular a la burguesía” (La resistencia hondureña en una encrucijada, 16/8) . Sí, lo es.

Ante todo debemos remarcar que es cierto que ante una ofensiva golpista como la que se da en Honduras los revolucionarios no somos neutrales, ni tampoco deben responder a las ilusiones de las masas en sus direcciones, como las que existen en sectores de la resistencia en Zelaya, con una agitación dogmática y abstracta de la revolución socialista. En este sentido, tenemos que defender con todas las fuerzas la derrota del golpe mediante los métodos de la lucha de la clase trabajadora y el pueblo. Incluso, debemos solidarizarnos profundamente con las masas y sus demandas, incluyendo su derecho a exigir el retorno inmediato e incondicional de Zelaya al gobierno, pero no transformamos esta demanda en parte de nuestro programa como hace la LIT. Eso significa que ante una situación como la de Honduras, los revolucionarios deben marchar codo a codo con la clase obrera, juventud y el pueblo hondureño que sale a movilizarse contra el golpe, pero que como parte de ese proceso agitamos un programa de independencia de clase, y políticamente nunca defendemos a un gobernante burgués y su “retorno incondicional”.

Lo que está detrás de esta política de la LIT es su concepción estratégica legada por el morenismo , tradición a la que pertenece, de la “revolución democrática”, según la cual se puede apoyar a sectores burgueses democráticos contra sectores golpistas o regímenes autoritarios, haciendo que la movilización para la instauración de la democracia sea un momento independiente de la lucha por la revolución. Así, Zelaya sería la manifestación concreta del sector burgués “democrático” a ser apoyado contra los golpistas. Este elemento de fondo da sustento a una lógica que hace que la política de la LIT de conjunto no rompa los marcos del régimen democrático burgués, bloqueando la necesaria dinámica permanentista que debe tener una política revolucionaria, separando la lucha contra el golpe de la lucha por la revolución. La LIT afirma que “no hay ninguna confusión sobre quién es Zelaya: un dirigente burgués reaccionario proveniente de la oligarquía hondureña”. Pues bien, cabe preguntar si la LIT tiene tanta claridad de quién es Zelaya, cuya caracterización compartimos totalmente, ¿por qué no levantar una política eficaz para que la clase trabajadora y la masas lleguen a esa misma conclusión al calor del combate contra el golpe?

Así, la adaptación de la LIT al nivel de conciencia existente entre los sectores resistentes al golpe responde a una lógica según la cual no hay problemas en levantar la “consigna que moviliza”, aun que ésta tenga como motor las ilusiones en Zelaya y sea una salida política burguesa. En este sentido, toda la fraseología de denuncia del carácter burgués de Zelaya pierde su contenido. Lógicamente los revolucionarios deben impulsar y participar de “movilizaciones unitarias contra el golpe con los zelayistas”. Pero eso no significa que haya que levantar la misma política. Al contrario, es necesario establecer un diálogo de unidad en la lucha contra el golpe, denunciando la farsa de las elecciones y explicando pacientemente que nos movilizamos con ellos, e incluso nos solidarizamos con su derecho de reinstalar a Zelaya en la presidencia, pero planteando que nuestra política para luchar contra el golpe es desarrollar los métodos de la clase trabajadora, como la huelga general indefinida, el armamento de la resistencia contra la represión, y el desarrollo de organismos de autoorganización de la clase trabajadora y del pueblo en lucha. Sólo así será posible actuar consecuentemente para que los sectores resistentes avancen en la conciencia de que sus aspiraciones democráticas sólo serán alcanzadas a partir de su acción independiente y golpear las ilusiones en Zelaya. En este marco, la unidad de acción con sectores opositores de la burguesía se torna extremadamente peligrosa, ya que la LIT asume la principal consigna de estos sectores que es “el retorno incondicional de Zelaya”.

Finalmente, terminan embelleciendo a Obama al afirmar que “(...) es necesario entender que el gobierno de Barack Obama representa un cambio en relación a su antecesor George Bush en la táctica política del imperialismo para enfrentar la situación mundial y la lucha de las masas”. Para nuevamente “aclarar” que “no tenemos ninguna confusión de que Obama defiende a fondo, como Bush los intereses imperialistas”, pero “no impulsó el golpe como tal”. Como política, plantean “la exigencia al boicot económico principalmente de Estados Unidos”. En primer lugar, hay que llevar hasta el final la dialéctica entre contenido y apariencia. Obama tiene una apariencia más moderada, pero de contenido está llevando adelante una política bastante dura para América Latina, como prueban las siete nuevas bases militares en Colombia, y apoyándose en su apariencia busca reestablecer la debilitada dominación sobre América Latina de los años de Bush. En este sentido, está claramente sosteniendo el golpe en Honduras, y eso es lo más importante. Por lo tanto, los únicos aliados posibles dentro de EE.UU. son los trabajadores y el pueblo norteamericano, y no el pedido de sanciones por parte del imperialismo norteamericano.

¿Más democracia burguesa con Zelaya o una política transicional?

Por otro lado, la LIT también afirma: “La vuelta del ‘dirigente burgués’, en este caso de Zelaya, es un elemento imprescindible para que las masas puedan hacer la experiencia con él y avanzar en su conciencia, superando los límites impuestos a las masas por esta dirección”. Nada más falso. En realidad, las masas ya están haciendo una profunda experiencia con Zelaya, que llevó la movilización contra el golpe a un callejón sin salida al llamar a confiar en las negociaciones y transformar las acciones de masas en presión para negociar. El problema es que para que las masas puedan superar sus ilusiones y llegar a la conclusión de que no pueden esperar nada de Zelaya al calor de esta lucha en curso, y se den cuenta de que la derrota del golpe sólo puede venir de su acción independiente, es necesario tener una política distinta a la de la LIT. Para la LIT, de lo que se trata ahora es de reinstaurar a Zelaya y reabrir otro período de normalidad de la democracia burguesa, reconstituyendo el decadente régimen democrático burgués en lugar de darle un golpe de gracia, para que “las masas hagan la experiencia”. Eso significa condenar a la clase trabajadora y a las masas a más explotación burguesa y opresión imperialista. Y esta “experiencia” la clase trabajadora hondureña y las masas ya la hicieron de sobra.

Además, se hace cada vez más claro que si el golpe cae por acción de las masas, habrá sido gracias a la radicalización de los métodos de lucha de la clase trabajadora en alianza con el pueblo, en un proceso nada pacífico en el que los trabajadores tendrían que avanzar en tomar incluso los centros económicos del país. Entonces cabe la pregunta: después de la caída de los golpistas, ¿qué haría la LIT? ¿Llamaría a la clase trabajadora y las masas a entregar sus armas para que se reorganice el ejército y el orden burgués y se reinstale esta sociedad de explotación?

Esta concepción se hace sentir también en la política de conjunto para Honduras defendida por la LIT. El programa que levantan es meramente democrático y carece de toda perspectiva transicional –de partir del nivel de conciencia existente, pero buscando por la experiencia concreta de lucha y mediante la agitación de un programa revolucionario que transforme el combate contra el golpe en una lucha contra el capitalismo y la burguesía en Honduras– como lo demuestra el llamado a la Asamblea Constituyente en términos “normales”, como si de hecho no hubiese un enfrentamiento entre golpistas y la resistencia. No hay ningún problema de principios en levantar la consigna de Asamblea Constituyente Libre y Soberana, según la situación política que esté planteada. Sin embargo, esta es una discusión concreta. En Honduras lo que está planteado es derribar el régimen y las instituciones golpistas, siendo necesario un paso más allá, y por lo tanto, la política que corresponde es justamente la lucha por una Asamblea Constituyente Revolucionaria sobre los escombros del régimen actual. Una Asamblea Constituyente que no busque “restituir a Zelaya incondicionalmente” sino que responda a las necesidades más vitales de los trabajadores y del pueblo, los únicos que pueden luchar contra el golpe, materializando el combate al imperialismo y la burguesía nativa. El propio Frente de Resistencia contra el Golpe junto con otros sectores levanta la consigna de “Asamblea Constituyente Libre, Soberana y Popular”. Sostenemos el derecho del pueblo hondureño de expresar su voluntad y discutir libremente la reorganización del país, pero tenemos que apoyarnos en la distinción que estos sectores hacen al incluir que debe ser popular, para dar un paso más allá y plantear la necesidad de quebrar los poderes del Estado y plantear la necesidad de una Asamblea Constituyente Revolucionaria.

Esto se completa con la política defendida por la LIT para la resistencia, donde la clase trabajadora y sus métodos de lucha no están consecuentemente planteados como el centro de la resistencia. A pesar de sus declaraciones de reivindicación de la huelga general, la LIT no tiene ninguna política para el desarrollo de la autoorganización de la clase trabajadora, llevándola a adaptarse a las direcciones de la resistencia al golpe tal como son. En este sentido, a pesar de plantear en el caso del Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado que “no marcaron una clara diferenciación con Zelaya”, la LIT tampoco plantea claramente una orientación para desarrollar el frente único de las masas democráticamente organizadas para la movilización, ateniéndose a presionar políticamente a la dirección del movimiento. Tampoco hay una política concreta de autodefensa de los sectores en lucha y en relación a las Fuerzas Armadas, ya que su formulación ambigua no distingue entre oficiales y soldados, no haciendo explícita la necesidad de tener una política para la base de soldados contra los oficiales, quebrando la disciplina militar.

Es preciso superar resueltamente la estrategia negociadora de Zelaya, y colocar a la resistencia y la clase trabajadora en el centro de la escena. Para esto es necesario rechazar la farsa electoral, exigiéndole al Frente de Resistencia y a las organizaciones de masas que denuncien categóricamente esta falacia preparando desde ahora el boicot; así como denunciando las negociaciones, el Plan Arias y llevar adelante la más amplia solidaridad con las demandas de los trabajadores y del pueblo, incluyendo su derecho a luchar por la restitución de Zelaya, pero llamando abiertamente a que no se deposite ninguna confianza en él. Cabe al Frente de Resistencia contra el Golpe preparar una huelga general e indefinida, abriendo el camino para una insurrección, levantando un programa que combine las reivindicaciones democráticas con las reivindicaciones por trabajo, salario, tierra y demandas más sentidas por los trabajadores y las masas. Al mismo tiempo, la resistencia necesita levantar una política de “soldado, no reprime a tu pueblo”, y otras que incluso llegaron a ser levantadas de manera incipiente por las movilizaciones, que apunten a resquebrajar las fuerzas armadas.

Concretamente hay dos posibilidades para que el retorno de Zelaya. Una es de manera negociada con los golpistas y el imperialismo, para desarmar la movilización y salvar al régimen. Y otra es que el levantamiento de las masas derrote a los golpistas y a la burguesía reaccionaria quebrando el Ejército, lo que abriría una crisis revolucionaria. En el caso de que se de esta segunda posibilidad, defendemos que la resistencia no entregue el poder a Zelaya, sino que avance en instituir un gobierno provisorio de las organizaciones obreras, campesinas y populares que disuelva el parlamento, la justicia y el ejército, decreten la expulsión de los militares norteamericanos de [la base de] Soto Cano, y llame a tornar permanente el armamento obrero y popular para defender las libertades democráticas así conquistadas. Eso debería ligarse a un llamado a los pueblos de América Central a la lucha conjunta contra el imperialismo y las oligarquías locales. Si esta perspectiva se concreta, sin duda, abriría un nuevo panorama para la clase trabajadora de todo el continente, y del mundo.

Es necesario impulsar una fuerte campaña contra el golpe

Desde el golpe en Honduras hace casi 2 meses, la izquierda brasileña poco hizo para frenar ésta, que es la prueba más candente planteada por la realidad de que la crisis capitalista traerá nuevos fenómenos políticos y sociales, que barrerán con la idea de estabilidad y crecimiento cultivada en los últimos años por las burguesías regionales y sus gobiernos. Así, acordamos completamente con Dirceu Travesso, dirigente del PSTU [organización brasilera de la LIT-CI] que estuvo en Honduras, de que es necesario impulsar una fuerte campaña contra el golpe y en defensa de los derechos democráticos y de las demandas más sentidas por los trabajadores y el pueblo hondureño. Por eso creemos que es urgente realizar todo tipo de acciones, como actos y debates reales, donde además de los representantes de las entidades vengan trabajadores, estudiantes y sectores populares de hecho. En este sentido, es necesario que el PSTU, que tiene peso mayoritario en Conlutas, movilice a los sectores de trabajadores que influencia y ponga a las entidades que dirige para poner en pié una campaña capaz de rodear de solidaridad activa, y no de declaraciones, para derribar el golpe, entendiendo que se trata de un factor político esencial en la presente situación. Eso serviría también para discutir con los trabajadores la importancia de impulsar una campaña internacionalista, contribuyendo para que avance en la conciencia la idea de que una nueva situación se está abriendo, y que por lo tanto, es imperiosa la necesidad de que la clase trabajadora de todo el continente pueda prepararse para los embates que vendrán. Desde ya, desde la LER-QI ponemos todas nuestras modestas fuerzas en este sentido.

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