FT-CI

Bolivia

El debate sobre un instrumento político de los trabajadores

28/08/2005

El proceso revolucionario iniciado en Bolivia exige que la clase obrera se forje una expresión política propia, no sólo para comenzara a pesar con su propia voz y sus propia fisonomía como clase en la situación nacional, sino para levantar abiertamente un programa obrero y socialista, como salida de fondo a la crisis nacional, que le permita unir sus propias filas y postularse como caudillo de la gran alianza de los trabajadores, campesinos, indígenas y pueblo pobre que se necesitan para triunfar contra la reacción burguesa y el imperialismo.

Hasta hoy, pese a la amplitud del auge de masas y la radicalidad de los levantamientos de Octubre y Junio, el proletariado, que aun no ocupa aún un rol central como sujeto social diferenciado [1], carece de una expresión propia.

Las conclusiones del levantamiento de Junio, donde volvió a hacerse sentir la ausencia de una dirección revolucionaria y la bancarrota de la “estrategia de presión” practicada tradicionalmente por las cúpulas sindicales, no sólo ante la crisis revolucionaria, sino revelándose como incapaz de obtener las más elementales demandas obreras, alimentan un importante debate sobre la necesidad de organización política propia de los trabajadores, tanto más urgente ante la necesidad de enfrentar desde posiciones de independencia de clase al reformismo del MAS.

Un importantísimo debate sindical

Es en este marco general que hay que ubicar las discusiones que, desde hace algún tiempo, vienen dándose en medios sindicales sobre la necesidad de un “instrumento político”, como un brazo político de los sindicatos. Esta propuesta, votada en el anterior Congreso de la COB, fue relanzada por Jaime Solares, la FSTMB y algunos otros sindicatos.

Muchas organizaciones se han opuesto frontalmente: las ligadas al MAS, los restos del stalinismo boliviano, como el PCB y el maoísmo y los sectores “neoliberales” de la burocracia sindical. También rechazó la idea, con argumentos formalmente ultraizquierdistas, el POR. Por otra parte, muchos dirigentes sindicales que apoyan la idea, lo hacen desde una visión reformista.

Pese a esto, la 2ª Reunión de Secretarios Generales, convocada por la COB el 20 de julio, aprobó la formación de un instrumento político y eligió una Comisión Política para discutir su carácter, estatutos y programa. Se votó para integrar la misma a una decena de organizaciones sindicales, entre ellas la FSTMB (Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia). El ampliado también eligió como miembro pleno de la Comisión a Javo Ferreira, dirigente nacional de la LOR-CI.

Las conclusiones de esta Comisión fueron llevadas a la Tercera Reunión, en Huanuni, el 9 de agosto. Allí, con la presencia de más de un centenar de representantes de una treintena de organizaciones sindicales (algunas otras enviaron su adhesión por carta), se aprobó la puesta en marcha del instrumento político de los trabajadores, se aceptó la propuesta de la Comisión (a introducir varias modificaciones surgidas del debate) y se adoptaron importantes resoluciones, como constituir secretarías especiales (del IPT) en cada organización sindical y una nueva reunión nacional a fines de agosto, encomendándose a la Comisión Política las tareas de coordinación.

En los distintos debates y al interior de la Comisión Política se manifestó una dura lucha política sobre lo que debiera ser el IPT. Esquemáticamente, podemos agrupar las posiciones vertidas en:

- a)Las abiertamente reformistas y electoralistas, que quieren un “instrumento político” cualquiera, para utilizar el peso de los sindicatos como punto de apoyo para un acuerdo frentepopulista con burgueses y militares “patriotas”.

- b)Las que defienden la creación de una herramienta política de los trabajadores pero con vacilaciones en el carácter de clase y en la definición del programa, buscando el “consenso” y sin apelar decididamente a la base obrera, como la FSTMB y otros, que jugaron un importante papel en frenar los planteos más frentepopulistas.

- c)La propuesta de una organización política para la independencia de clase, basada en la democracia obrera y con un programa transicional. Nuestra organización combatió por esta perspectiva, defendiendo la necesidad de un instrumento político “basado en la COB, en los sindicatos y sus asambleas de base, que defienda la independencia política de los trabajadores y pelee por imponer una salida obrera y campesina a la crisis nacional; organizado según la mas amplia democracia obrera, con dirigentes responsables ante la base y libertad de tendencias políticas en su interior.” [2]

¿Qué instrumento político de los trabajadores?

Las decisiones de la Reunión de Huanuni eran un paso adelante. A pesar de las ambigüedades y del carácter reformista del programa incluido en la propuesta, se podían contar un marco clasista para luchar por una herramienta política obrera independiente y basada en los sindicatos.

Así, la propuesta de documento recogía importantes definiciones que hacen al carácter de clase del instrumento. Postula la defensa de la independencia de clase, tal como determinan los estatutos de la COB; la ligazón orgánica del instrumento político con la organización sindical sobre la base de la democracia obrera; y la exclusión de “todo empresario (explotador de obreros) o representante de la burguesía como pueden ser: curas y militares o individuos que hayan participado en funciones de gobierno”. La ambigua formulación de un “estado obrero, campesino, de naciones originarias y pueblo empobrecido” confunde sobre el carácter de clase del estado (obrero y no capitalista ni “mixto” o “popular”) a construir tras la toma del poder. El “Programa mínimo”, no planteaba el gobierno obrero y campesino y una verdadera asamblea popular, ni señalaba claramente la nacionalización de todas las transnacionales y grandes grupos empresariales sin indemnización y bajo control colectivo de los trabajadores y la ruptura con el imperialismo. Todo esto planteaba continuar la lucha por un verdadero programa de acción obrero y socialista, consecuentemente anticapitalista y antiimperialista.

Pero que este debate fuera llevado a las bases, a través de la constitución de Secretarías del Instrumento Político en cada sindicato, las asambleas obreras, la organización de núcleos obreros militantes en cada fábrica, podía iniciar un gran paso adelante en la organización política independiente de los trabajadores.

Sin embargo, esta posibilidad está al borde de abortarse, al menos en lo inmediato. Un nuevo ampliado de la COB, el 19 de agosto, fracasó por “falta de quórum” mientras la mayoría de los dirigentes, incluso entre quienes hasta ahora apoyaban la idea de un IPT, están a la búsqueda de cualquier acuerdo reformista [3] o están negociando con el MAS y “borran con el codo lo que escribieron con la mano”. En realidad, en una nueva voltereta burocrática están reduciendo a “papel mojado” esas resoluciones progresivas, para no enfrentar el proyecto frentepopulista del MAS y demostrando que, como decía Trotsky, “la burocracia, tan tenaz para lograr sus objetivos inmediatos, es absolutamente incapaz de una acción política sistemática a gran escala” como la que demanda organizar un partido obrero de masas (al que en todo caso, intentarían siempre imprimir un carácter reformista, de obstáculo a la evolución política de la clase trabajadora en sentido revolucionario).

La posición de los socialistas revolucionarios

Nuestra organización lucha por un partido de trabajadores revolucionario, socialista e internacionalista, clave de un nuevo “estado mayor” revolucionario al frente de la COB, los sindicatos, las organizaciones de masas. Es con esta perspectiva que participa activamente de este debate, sin deponer en ningún momento nuestras diferencias con la dirección de la COB, pero también sin sectarismo, dispuestos a contribuir todo paso progresivo hacia la independencia política de la clase obrera.

Hemos intervenido en la Comisión Política con el bosquejo de Tesis “POR UN INSTRUMENTO POlà TICO DE LOS TRABAJADORES, contra la conciliación de clases y por una salida obrera y campesina a la crisis nacional”, reclamando que funcione según las más amplia democracia obrera y con un programa transicional. Como parte de esta lucha, presentamos varias cartas públicas para reafirmar este combate y explicar ante los sindicatos y la vanguardia nuestras propuestas y la lucha política que dimos al interior de la Comisión y en los ampliados (pueden consultarse en nuestra página web: www.lorci.org).

A pesar de la defección de los dirigentes, la tarea de luchar por la organización política obrera independiente del reformismo y de toda expresión política burguesa sigue estando planteada. Llamamos a los dirigentes y trabajadores clasistas y a las corrientes que se reclaman obreras y socialista a sumar esfuerzos en un bloque para oponer una alternativa obrera al proyecto frentepopulista del MAS, redoblando la lucha en los sindicatos y en la vanguardia por la organización política independiente de los trabajadores en torno a un programa obrero y socialista, el único que puede dar expresión consecuente y hasta el fin a la moción puesta en las calles por los levantamientos de Octubre y Junio: la necesidad de una verdadera Asamblea Popular como órgano de poder de las masas y de un gobierno obrero y campesino basado en la misma, única garantía para la nacionalización del gas y la satisfacción de las demandas de las masas obreras, campesinas, indígenas y populares.

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    ADICIONALES
  • [1A pesar de algunos síntomas avanzados, como la huelga de los petroleros de Senkhata durante mayo y junio, es un hecho que la mayoría de las fábricas, aún en El Alto, no pararon.

    [2Palabra Obrera N° 9, junio de 2005. Hay otras notas referidas al tema en números anteriores.

    [3Entre estos contactos figuran FAPAG, una corriente burguesa y “cristiana” y el MIP de Felipe Quispe.

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