FT-CI

Centroamérica frente a una crisis histórica

30/12/2008

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La entrada en recesión de las grandes potencias capitalistas del planeta y la finalización del último ciclo de crecimiento económico han puesto nuevamente en evidencia las graves contradicciones arrastradas históricamente por las economías centroamericanas. Todo el crecimiento económico de los últimos años y en buena medida la “relativa” estabilidad política del istmo han dependido de la situación de la economía mundial, y especialmente de la condición de Estados Unidos como consumidor insustituible de la producción centroamericana.

La afirmación de que el capitalismo centroamericano está atado no por una, sino por “mil cadenas” al imperialismo –especialmente norteamericano– se queda corta para dar una imagen de la situación real de estas economías.

En el presente texto intentaremos desarrollar algunas ideas centrales sobre la situación tanto económica como política centroamericana, buscando entender los principales cauces por los que ya viene impactando en la esfera económica, política y social, la crisis capitalista “histórica” a la que nos enfrentamos; así como los efectos que pueden reflejarse en la lucha de clases.

I. Una región profundamente dependiente y penetrada por el imperialismo

Históricamente, Centroamérica ha sido una región dependiente, al igual que la mayor parte de países latinoamericanos. Primero fue parte de los dominios del imperio español, para convertirse apenas unas cuantas décadas después de la “independencia” en moneda de cambio de las grandes potencias capitalistas, primero de Inglaterra, y luego en el “patio trasero” del naciente imperialismo norteamericano, ya en el siglo XX.
Los procesos revolucionarios de los años ’70 y ’80, que significaron la ebullición del profundo descontento popular acumulado durante décadas de explotación, no acabaron ni con el dominio imperialista ni con el dominio de las clases poseedoras nativas, sino que al contrario, la derrota de estos procesos revolucionarios favoreció un mayor afianzamiento de la política imperialista en la región (de la mano del “neoliberalismo”), y de las propias burguesías nacionales.

En los últimos años, Centroamérica se ha convertido en una de las regiones más “abiertas” (o sujetas a los vaivenes de los capitales extranjeros) de todo el continente.

De acuerdo con El Financiero, uno de los diarios de finanzas más importantes de Centroamérica “(...) el istmo se convirtió en la región más abierta del continente hoy en día, con un coeficiente de apertura regional de 58%, más alto que el de toda Latinoamérica y el Caribe, de 43%. Primero lo hizo vía reducción de aranceles en forma unilateral, eliminación de controles aduaneros y cambios para aumentar la inversión extranjera (...) luego a través de la firma de tratados de libre comercio (TLC) [1]. Si bien la apertura comenzó una nueva fase con los Programas de Ajuste Estructural (PAES) en los años ’80, y con la eliminación de impuestos para la inversión de capitales, la ofensiva conjunta del imperialismo y las burguesías nacionales pegó un salto con la aprobación de los TLC durante la década de los ’90, y muy especialmente con el firmado con Estados Unidos en 2004, del que sólo Costa Rica pudo mantenerse al margen por casi cuatro años debido a las movilizaciones populares.

Durante las últimas dos décadas el caballo de batalla de los gobernantes centroamericanos fue la apertura comercial, las privatizaciones, y la “generación de empleos” con base en la Inversión Extranjera Directa (IED). Pero lo que era fortaleza para los gobernantes de la región amenaza con convertirse en su ruina, esto porque Centroamérica no creció durante los últimos años en base a mercados internos sostenibles, de acuerdo a una industria nacional fuerte o diversificada, sino que todo el crecimiento económico se sostuvo por la IED; por la situación que se daba en el corazón de los grandes centros imperialistas, especialmente el estadounidense. Esta lógica se profundizó y adquirió dimensiones alarmantes en los últimos años, ya que hoy las economías de la región se encuentran más vulnerables que en otros períodos. Para muestra, basta decir que más del 50% de las exportaciones centroamericanas tomadas de conjunto, se dirigen hacia Estados Unidos; y de esa industria para la exportación dependen millones de trabajadores.

II. Una crisis “de proporciones históricas” que superó las expectativas de las burguesías centroamericanas

Los pensadores de la burguesía en la región, al igual que sus maestros de los principales centros financieros y económicos del mundo, se han equivocado al valorar la profundidad de la crisis en desarrollo. Mientras a inicios de año pronosticaban crecimiento económico prácticamente ilimitado, y una gran estabilidad de los sistemas “productivo” y “financiero”, hoy se encuentran ante una situación muy distinta, y se han visto forzados a contradecir sus pronósticos, valga decir, llenos del optimismo y el triunfalismo procapitalista que tradicionalmente ha prevalecido durante casi veinte años luego de la caída de la URSS en 1989-91.

Uno de los principales instrumentos ideológicos de la burguesía centroamericana, la Revista Summa, señala con sorpresa en el espacio de la Carta del Director: “En julio, el FMI pronosticaba una transición económica, sin mayores traumatismos, hacia 2009. En octubre, en su informe ‘Perspectivas de la economía mundial’, el FMI afirmaba que ‘se prevé que el crecimiento mundial sufrirá una desaceleración considerable en 2008 y comenzará a recuperarse moderadamente solo a finales de 2009’ (...) con un promedio de crecimiento estimado de ‘4% para Centroamérica en 2009’”. Por su parte, el presidente costarricense Óscar Arias, que se vanagloriaba en 2007 con tono populista de que la pobreza en el país se había reducido a un récord histórico (16%) debido a la “generación de empleos” y la atracción de IED, ha tenido que hablar con más claridad sobre la gravedad de la situación y la propia vulnerabilidad del país ante la crisis: ha dicho que “se vienen tiempos duros”, y que para el país la crisis actual “es peor que la de 1929” [2].

La burguesía no se encuentra preparada para enfrentar la crisis actual sin atacar al movimiento obrero y popular. A pesar de que en algunos países de la región se pudo recaudar un importante superávit fiscal, a pesar del crecimiento de la IED, las exportaciones, e incluso a pesar del crecimiento de las reservas monetarias internacionales, queda muy poco margen para amortiguar los efectos de la crisis. Las burguesías centroamericanas (a excepción de organismos como el BCIE y el FMI –que han ofrecido créditos–), tienen márgenes cada vez más reducidos para dar concesiones a las masas, o cuando menos dar empleo, que fue su base de “estabilidad” muy relativa de los últimos años. La situación internacional y la vulnerabilidad tan grande a la caída de los mercados de exportación y la disminución de la IED amenazan con dejar al istmo gravemente inestable, tanto en el plano económico como político.

Cuando hablamos de una “crisis de proporciones históricas”, y aun más, que sólo podría compararse con la de los años ’30, estamos remontándonos a un período que golpeó violentamente a Centroamérica. En el plano económico, durante la Depresión, los países de la región profundamente dependientes del monocultivo de café o banano vieron caer sus precios en los mercados internacionales (especialmente el café). Países como El Salvador, donde más del 90% de sus exportaciones provenían de la actividad cafetalera, se vieron fatalmente golpeados. Los precios de otros bienes sujetos al vaivén de la demanda y la situación foránea como el azúcar y la madera también sufrieron sus golpes, afectando de forma directa en la contracción de la recaudación fiscal de los Estados; lo que llevó incluso a la retención de salarios a los trabajadores públicos en algunos países de la región [3]. Por supuesto esto generó profundos procesos de lucha de clases, que combinaron la movilización y organización obrera con fuertes divisiones en las filas de la burguesía.

III. ¿Cómo afecta la crisis actual en Centroamérica?

El impacto de la crisis sobre el istmo centroamericano es desigual y diferenciado en cada país. Hay algunos especialmente dependientes a la IED, otros altamente expuestos ante la posibilidad de una caída abrupta de las remesas, y casi todos coinciden en la ruina a la que pueden enfrentarse las distintas ramas productivas orientadas a la exportación. Además, la inflación, la depreciación de las monedas nacionales frente al dólar, y los grandes déficits de cuenta corriente, afectan a todos los países.

a) Las remesas
Honduras y El Salvador, seguidos por Guatemala, se caracterizan por ser los países que más captan el envío de remesas de los inmigrantes que trabajan en EE.UU.. Más de un cuarto del PIB de Honduras responde a lo enviado por los trabajadores que viven fuera del país, y para El Salvador más de una quinta parte de su PIB depende de los envíos de dinero desde el extranjero. Algunas cifras son contundentes en ese sentido: “el año pasado, las remesas alcanzaron los 12.400 millones de dólares, según datos del BID, una cifra que se triplicó entre 2004 y 2007. Guatemala es el país que más recibe, con unos 4.500 millones de dólares; seguido por Honduras, con 2.700 millones; El Salvador con 3.900 millones; y Nicaragua, con 780 millones. Esas remesas representaron, para Honduras, 25% de su Producto Interno Bruto (PIB) y para El Salvador, 18%” [4].

El impacto en las remesas se traducirá muy posiblemente en una reducción del consumo de las familias pobres y trabajadoras centroamericanas, lo que redundará en una contracción de la producción de las distintas ramas productivas del istmo, e indefectiblemente hará caer a miles de nuevas familias en la pobreza. A esto se suma un nuevo elemento: miles de migrantes podrían volver a sus países de origen (como consecuencia del desempleo en EE.UU.) agudizando la situación social.

b) La caída de la Inversión Extranjera Directa (IED) genera desastres en las economías centroamericanas

Costa Rica podría encabezar la lista de los países más afectados por la caída de las IED. Con la crisis capitalista internacional se ha desembocado en una sequía crediticia de grandes dimensiones, que ha generado una caída abrupta en la demanda internacional y en consecuencia, en la producción local. Para dar apenas una idea del impacto que puede tener la caída de la IED en Costa Rica, hay que recordar que este país en 2006 recibió aproximadamente 861 millones de dólares [5] que financiaron aproximadamente el 89,7% del déficit de cuenta corriente. Esa inversión extranjera llegó a un estimado de 1.900 millones de dólares en 2007 [6], que se concentraron esencialmente en la industria, el sector agroexportador y el turismo. En el sector inmobiliario (que fue el de mayor crecimiento en ese país durante 2006 con un 18%) [7] , paralelamente al “boom crediticio” tanto nacional como internacional, se formó una importante concentración obrera, que llegó a unos 175.000 trabajadores hasta agosto pasado, pero que desde ese mes ha venido decreciendo lentamente mediante despidos masivos al ritmo de entre 10.000 y 15.000 obreros por mes.

Pero en el conjunto de Centroamérica la situación es crítica, pues la parálisis de IED que afecta a Costa Rica también se refleja en algunos datos del sector vinculado a la exportación, como las maquilas [8] y zonas francas ubicadas especialmente en Honduras, El Salvador y Nicaragua. Para dar una muestra, sólo en este último país se habla ya de por lo menos “19.000 plazas cesantes en la industria de zona franca”, y estos nuevos desempleados no reflejan la verdadera situación ya que “sólo contabiliza el desempleo dejado por las empresas cerradas y no se toma en cuenta la reducción de personal en las activas” [9]. Este impacto en la zona franca se ve con más claridad con la caída abrupta de la producción industrial del sector, que se prevé que caiga del 6 al 2%, como ya se adelantaba esencialmente por “la caída de la demanda de Estados Unidos y otros países industrializados” [10] como los de la Unión Europea.

Por su parte, “Honduras perdería hasta el triple de los empleos inicialmente estimados este año en su importante industria textil golpeada por un menor consumo en Estados Unidos, su principal mercado, debido a la crisis financiera global” [11]. Según el representante de la patronal hondureña del sector maquilero Daniel Facussé, “Se está estimando que la pérdida de empleos va a ser entre 12.000 y 15.000 empleos en 2008. [Habiendo perdido entre] agosto y octubre (...) unos 9.100 puestos de trabajo en la industria maquiladora” [12]. En un país como Honduras –el tercero más pobre de América, después de Haití y Nicaragua– se prevén despidos masivos y la recesión en EE.UU. puede afectar demoledoramente al sector textil compuesto de varias decenas de miles de obreros [13], concentrados en vastos complejos de fábricas. Y esto por hablar sólo de la industria textil, ya que el sector agroexportador, el inmobiliario y el turismo sufrirán también un grave impacto.

Tampoco El Salvador y Guatemala se salvarán de perder lo que habían “ganado” en estos años en los que el consumo norteamericano creció más allá de sus posibilidades y pudo absorber buena parte de la producción del istmo. Según La Prensa Libre, uno de los principales diarios guatemaltecos “La reducción de pedidos desde Estados Unidos, para la elaboración de vestuario en Guatemala (...) pone en riesgo el pago del aguinaldo para miles de trabajadores”. Al parecer “157 empresas estarían con este problema, el cual afecta, a su vez, a unos 60.000 trabajadores de la industria” [14]. A su vez el diario La Nación de Costa Rica afirma que “En Guatemala, donde las exportaciones textiles han caído 8% este año, la principal maquiladora anunció en noviembre el cese de 4.000 de sus 7.000 empleados” [15].

Para terminar de complicar el escenario, “La baja en la demanda de textiles en Estados Unidos provocó que cinco maquiladoras cerraran operaciones en El Salvador, lo cual dejó sin empleo a unas 4.000 personas” [16]. Esto termina de ofrecer un panorama de la catástrofe que significa la parálisis de los mercados de exportación para miles de familias obreras centroamericanas.

Todo indica que ya la situación toca niveles extremos, lo que en los meses siguientes pondrá a prueba la capacidad de respuesta de gruesas capas de la clase trabajadora en Centroamérica.

IV. Una “bomba de tiempo” que puede reventar

Muchos elementos se combinan para hacer de Centroamérica una región profundamente vulnerable, dependiente y posiblemente muy inestable políticamente, donde el cúmulo de contradicciones tanto económicas como políticas y sociales (con países donde más del 50% vive bajo la línea de pobreza) que se han incrementado en los últimos años, pueden llegar a un nuevo punto de ebullición. Las economías de la región se vienen desacelerando con velocidad, y si la situación en EE.UU. sigue empeorando es posible que los países del área entren en recesión. A pesar de la caída internacional del precio de algunos commodities como el petróleo (Centroamérica no es productor), el último período de disparada de precios a nivel internacional en las materias primas golpeó con dureza a Centroamérica y la inflación aumentó. En otro plano, a excepción de Honduras, los “ingresos corrientes” de los distintos países se caracterizan por ir a la baja, afectados esencialmente por la merma de las ventas al exterior y por la disminución incluso de la IED.

Si continúa la caída de las exportaciones, la IED y el crecimiento económico, la clase trabajadora y los sectores populares sufrirán nuevos golpes, lo que puede poner a la orden del día intensos procesos de lucha de clases, que han caracterizado a la región a través del tiempo.

a) El impacto social y político de la crisis en la región
La crisis económica no ha dejado de tener consecuencias políticas: aumentan las tensiones al interior de las fracciones de la clase dominante, se producen recambios en las instituciones del Estado y se presenta lentamente un desgaste de viejos pactos y alianzas entre aparatos burgueses para mantener su hegemonía a nivel de las superestructuras.
En Guatemala se dio un recambio burgués a finales de 2007 por el empresario Álvaro Colom, presentado por algunos sectores como representante de la “izquierda”. Pero lo cierto es que Colom defiende los negocios de los capitalistas y mantiene a su país bajo el modelo maquilero y de dependencia impuesto por el imperialismo estadounidense. La presente crisis, que trastoca las condiciones relativamente favorables que gozaba, puede desgastar este gobierno.

En El Salvador, el presidente Antonio Saca, a pesar de apoyarse en el mismo modelo de maquila y zona franca que caracteriza a casi todos los países centroamericanos, intenta posicionarse como líder regional –sin enfrentar ni rivalizar con el imperialismo norteamericano– que le permita jugar de mediador hacia el gobierno nicaragüense de Daniel Ortega y de Manuel Zelaya de Honduras, que han venido profundizando su relación con Venezuela, la “boliburguesía” y el bloque regional que encabeza Chávez: el ALBA. A pesar del escenario actual, Saca propone una mayor penetración del capital imperialista y mayores concesiones a las potencias, especialmente de la Unión Europea, con la que viene firmando un TLC en bloque con los otros países del istmo. Esta situación ya le ha valido a Saca y a su gobierno importantes movilizaciones populares, como la de abril de 2008, sostenida por el profundo rechazo a los TLC. Saca y las fracciones tradicionales de la burguesía salvadoreña saben que se han desgastado políticamente, y pueden optar por una válvula de escape, como pueden ser las elecciones nacionales, caracterizadas por el intenso temor de fraude y desconfianza hacia el Tribunal Electoral. La burguesía salvadoreña puede optar, ante el descontento de miles de trabajadores, por un recambio en las principales instituciones burguesas como la presidencia, colocando a algún personaje del FMLN –completamente integrado al régimen burgués– como administrador de los negocios de los capitalistas. En otro plano, Manuel Zelaya de Honduras, a pesar de venir profundizando sus relaciones con Venezuela, estableciendo jugosos negocios con PETROCARIBE –impulsada por Chávez–, no ha podido hacer frente a la grave situación económica del país que no sólo se caracteriza por la entrada en crisis del sector exportador y textil –afectando a cientos de miles de trabajadores–, sino por la carestía de los alimentos y los bienes básicos. A causa de esto ya ha enfrentado importantísimos “Paros Cívicos” nutridos de miles de trabajadores en demanda de que acabe la “carestía de vida”, unida a otras demandas importantísimas como la derogación de la “Ley Marco del Agua Potable” que garantiza el control privado del agua (de las burguesías locales o del imperialismo).

La principal conclusión es que la crisis posiblemente no dejará piedra sobre piedra en Centroamérica sin grandes convulsiones, lo que parece estar ya anunciándose con el desgaste prematuro de los distintos gobiernos.

b) Nicaragua puede ser un epicentro regional de lucha de clases
El reciente conflicto en Nicaragua entre la oposición burguesa y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) es de alguna manera un indicador para medir el nivel de fricción que existe entre las agrupaciones que defienden los intereses de la burguesía.

Apenas a finales de los años ’90 el FSLN de Daniel Ortega, profundamente desprestigiado y fragmentado (pues comenzaba un proceso de debilitamiento de este aparato guerrillero a consecuencia de la derrota electoral de 1990, dividiéndose en varios grupos secundarios) pero con una influencia nada despreciable en importantes sectores populares, hizo un pacto con el Partido Liberal de Arnoldo Alemán con el fin de repartirse cuotas de poder en las instituciones del Estado burgués.

El pacto de Ortega con Alemán le permitió al FSLN –representante de la burguesía nacionalista– regresar a la presidencia en las elecciones de 2006. Las fracciones de clase burguesas representadas por el PLC debieron ceder, ante su gran desgaste en vastos sectores populares, y se jugaron al recambio. Esta variante la cumplía a la perfección el FSLN. Pero la crisis política desarrollada en Nicaragua en noviembre a raíz de las elecciones municipales, donde el FSLN amplió su fuerza en varias zonas del país (incluida la de la capital Managua), puso a prueba los pactos y acuerdos entre el FSLN y las distintas fracciones burguesas, especialmente con el PLC. Esto es porque ante la crisis capitalista internacional que se tradujo en una etapa inicial en la disparada del petróleo y los alimentos, la burguesía representada por el PLC, busca ahora volcar contra el FSLN a importantes sectores de masas aprovechando ejes reivindicativos como la carestía de la vida o el repudio de importantes franjas de la población al pacto Ortega-Alemán. En la primera mitad de 2008 el gobierno de Ortega se enfrentó al paro de transportistas [17] que paralizó importantes ciudades del país y se enfrentó también a enormes movilizaciones contra el endurecimiento del régimen “totalitario” nicaragüense y la carestía de la vida.

Las fracciones tradicionales de la burguesía en Nicaragua no están dispuestas a tolerar que el FSLN se acomode en el poder del Estado (a pesar de su moderado programa de reformas y de continuidad del sistema capitalista y el saqueo imperialista), mucho menos en una situación de crisis mundial. En la última contienda electoral municipal, aunque perdió algunas municipalidades, el PLC avanzó en un aspecto medular: generalizó (con dificultades y reveses como en León, donde se vieron obligados a suspender un acto público de Montealegre) más o menos a nivel nacional el movimiento en torno a su partido y contra el FSLN. Las muestras de apoyo a Montealegre en Matagalpa, León, y Managua son un reflejo de que el sector más recalcitrante de la burguesía nicaragüense avanza en sentar las bases de una oposición mejor sincronizada a nivel nacional que le permita retornar al poder.

Puede sonar contradictorio, pero aunque el FSLN incrementó su fuerza electoralmente, la burguesía más recalcitrante y el imperialismo norteamericano han avanzado. Ante un mayor desgaste del gobierno de Ortega, un avance de la crisis, del desempleo y la desesperación de las masas, y sobre todo ante la carencia de una dirección política verdaderamente obrera, socialista y revolucionaria, la derecha podría tener mejores condiciones para ganar peso entre las masas, enfrentarse al FSLN y justificar con mayores recursos la ofensiva sobre los trabajadores.

c) En Nicaragua “la verdadera crisis comienza en 2009”
Aunado al ascenso de la derecha proimperialista nicaragüense, la situación podría empeorar en un país que depende enormemente de las donaciones y “ayudas” de algunos países imperialistas, así como de organismos financieros internacionales. Este elemento se está convirtiendo, además de una herramienta de diferentes imperialismos para chantajear al pueblo trabajador nicaragüense, en una formidable arma de la derecha para profundizar la inestabilidad del régimen orteguista.

Luego de las elecciones municipales del pasado noviembre varios países anunciaron la suspensión de ayuda económica para Nicaragua. Como lo deja ver el Nuevo Diario de Nicaragua: “La ayuda presupuestaria programada para este año en 115 millones de dólares (...) se tambalea en la cuerda floja y podría cancelarse de forma definitiva en 2009, como resultado de la crisis de credibilidad democrática que enfrenta el gobierno del presidente Ortega (...) [ya que] los donantes han cancelado o reducido sus aportes” [18].

Estados Unidos figura entre los países que han suspendido el mayor giro de recursos hacia Nicaragua. Las autoridades de la Corporación del Reto del Milenio (MCC por sus siglas en inglés), una institución norteamericana que envía capitales a las burguesías centroamericanas bajo el lema de la “ayuda” a los pueblos, decidieron detener los desembolsos. El embajador yanqui en Nicaragua, Robert Callahan, amenazó diciendo que el gobierno de EE.UU. va a “revisar todo su programa de cooperación con Nicaragua [lo que] desencadenará serias consecuencias” [19].

Para rematar, varios créditos provenientes del Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) podrían paralizarse ante las distintas disputas interburguesas, pues la oposición burguesa del PLC –que tiene mayoría en el Parlamento– podría oponerse a la aprobación de los créditos internacionales con el fin de poner contra las cuerdas al gobierno sandinista.

No es difícil prever que en Nicaragua en los próximos meses efectivamente se desencadenen nuevas disputas interburguesas, aunadas a la movilización de importantes franjas de la clase trabajadora que se vienen alineando ya sea tras el FSLN de Ortega, o tras la burguesía más recalcitrante que representa Montealegre. Es posible que en Nicaragua la crisis capitalista internacional, así como la crisis de régimen, pegue un nuevo salto por la precaria situación fiscal y económica. Esto es así porque el único colchón que vienen encontrando las burguesías centroamericanas para evitar empantanarse con la crisis capitalista internacional son los créditos de instituciones como el BID, el FMI o el BM, por el mal estado de las finanzas nacionales en medio de un escenario signado por la caída de las remesas, las exportaciones y la recaudación fiscal.

En este panorama signado por la acumulación creciente de elementos hacia un empeoramiento de las condiciones económicas y políticas, pueden resurgir nuevos procesos de lucha de clases e intensificarse nuevamente una “crisis de régimen”. La tarea central de los trabajadores nicaragüenses en el próximo período estará definida por la necesidad de conquistar su independencia de clase y de dotarse de una organización de combate que pueda ofrecer un programa y una alternativa al capitalismo: ya que ni el FSLN con su programa burgués de reformas, ni mucho menos el PLC totalmente subordinado al imperialismo, pueden ser una alternativa para la liberación de los trabajadores. La movilización obrera tras el PLC o el FSLN se dirige hacia un callejón sin salida.

V. Costa Rica ante un posible resurgir de las acciones obreras y populares

En Costa Rica los últimos cinco años, curiosamente a pesar de haber estado marcados por el crecimiento económico, fueron años de un ascenso casi ininterrumpido en la movilización de masas. El eje centralizador fue la oposición de los trabajadores (centralmente públicos), los estudiantes, y otras capas sociales a la aprobación del TLC con Estados Unidos.

Desde enero de 2003 comenzó un importante movimiento de oposición al TLC. Aunque al principio estuvo limitado a la vanguardia, compuesta de algunas direcciones sindicales y organizaciones políticas, en 2005 el movimiento adquirió dimensiones de masas. En noviembre de 2005 el movimiento tuvo un salto, y para febrero de 2007 ya se encontraba en su máximo apogeo. Después de cuatro años de movilizaciones, ni el gobierno de Abel Pacheco ni el de Óscar Arias pudieron aprobar el tratado. En febrero, la oposición al TLC se encontró ante una encrucijada, y en amplios sectores comenzó a debatirse cada vez con más insistencia la alternativa de la huelga general para derrotar al TLC. Pero la política de la huelga general no fue la que triunfó, pues las direcciones sindicales burocráticas, aliadas a varias fracciones de la burguesía patriótica coladas en la dirección del movimiento de masas, desviaron a los trabajadores y la oposición al TLC al terreno de las urnas, a través de un referéndum.
Ni dos presidentes ni dos parlamentos habían podido aprobar el “convenio” comercial. Por eso la burguesía (en sus distintas variantes: patriótica y “arista”) apostó por desatollar el TLC y llevarlo al referéndum para que todos los costarricenses fueran “diputados por un día” y definieran “democráticamente” la suerte del TLC.

Por medio de la extorsión sobre los trabajadores en las fábricas, la maquinaria de los medios masivos de comunicación aterrorizando a la clase obrera, las municipalidades trabajando a toda máquina para “el Sí”, la burguesía y el imperialismo norteamericano lograron imponer el TLC el 7 de octubre de 2007. Si antes de 2007 la tónica en Costa Rica fueron las grandes movilizaciones de masas (que habían sido catapultadas por la lucha del Combo), luego del 7 de octubre el ánimo fue de decaimiento, división y desmoralización; y no era para menos: cuatro años de lucha contra el TLC se habían ido “al basurero” con la maniobra de desvío que impusieron las distintas fracciones burguesas en nombre de “evitar la confrontación social”.

El año 2008 fue testigo de una recomposición en las acciones del movimiento obrero y popular
Si bien desde el 7 de octubre de 2007 el movimiento de masas entró en una dinámica de reflujo debido a una derrota política parcial de importancia; lentamente los trabajadores y el pueblo pobre se han venido recuperando. Apenas en el mes de marzo de 2008 se desencadenó una importante huelga de los docentes del magisterio por mejoras salariales, y se han dado otras luchas como la de Sardinal en Guanacaste contra del apoderamiento del agua por grandes monopolios hoteleros. Tambiénha habido huelgas en los hospitales. Más allá del gran golpe recibido el 7 de octubre, la clase trabajadora se moviliza.

Los obreros de la construcción empiezan a luchar
Recientemente los obreros de la construcción han protagonizado importantes acciones: primero fue un contingente en San José (la capital), donde más de 180 trabajadores pararon la construcción de un edificio exigiendo pago de salarios. Y el último incidente de importancia ocurrió en playa Matapalo en la provincia de Guanacaste, donde aproximadamente 1.200 trabajadores quemaron un autobús de la empresa para la que laboraban y protestaron por la muerte de un obrero a causa de las brutales condiciones de trabajo. La protesta de los obreros es más llamativa aún si consideramos que la mayoría son nicaragüenses, con pocos o ningún derecho de organización o siquiera de protesta en un país como Costa Rica, pavorosamente xenófobo.

Estas experiencias (muy controladas y rápidamente neutralizadas por la intervención del Ministerio de Salud) de los obreros de la construcción y los inmigrantes, tiene bases materiales para convertirse en la tónica en los próximos meses. Hay que recordar que la construcción fue uno de los sectores que más trabajadores concentró durante el último ciclo de crecimiento económico, que unido al “boom inmobiliario” y crediticio internacional se transformó en uno de los más dinámicos. No debe descartarse la posibilidad de que los trabajadores de la construcción protagonicen importantes luchas no sólo contra las condiciones criminales de explotación a las que son sometidos, sino que protagonicen la resistencia contra los planes patronales de reducir miles de puestos de trabajo debido a la crisis capitalista internacional y el fin de la burbuja inmobiliaria que también creció en el país.

Los obreros industriales forzados a luchar
En otro plano, los obreros del sector industrial podrían entrar a la lucha en el próximo período; si tomamos en cuenta el ejemplo de los trabajadores de la fábrica de cartón Envaco en la provincia de Limón. Estos obreros, caracterizados por tener un altísimo nivel de vida en comparación con los trabajadores costarricenses y limonenses, llevaron adelante una importante huelga en octubre como respuesta al despido de 37 compañeros. Ante la crisis capitalista y la posibilidad de una caída abrupta de las exportaciones de banano, piña y melón (muy vinculadas a la industria del cartón), la patronal ha optado por “apretar las tuercas” haciendo ajustes en el sentido de que los trabajadores paguen la crisis. En esta ocasión los trabajadores llevaron adelante una resistencia importante contra los despidos, y combinaron la huelga con un piquete en el portón de la fábrica y la quema de dos contenedores de la empresa Del Monte. Los obreros contaron con la solidaridad del barrio y el pueblo de la comunidad, que apoyó su lucha y la tomó como propia.

Al calor de la agudización de la crisis es muy posible que esos contingentes obreros que se formaron o crecieron al calor del último ciclo de crecimiento puedan entrar en escena y que las acciones de lucha puedan dar un salto en los próximos meses o años. Si bien 2009 es un año preelectoral en Costa Rica, y la burguesía puede optar por desviar el descontento hacia la ilusión de un “cambio” para las elecciones de 2010, lo que no hay que dejar de ver es que la clase obrera defenderá sus condiciones de vida y para esto no necesariamente esperará hasta 2010. Las luchas muy posiblemente podrían incrementarse, aunque la burguesía apueste a canalizar el descontento vía las elecciones. Lo que es indudable, es que el gobierno de los hermanos Arias Sánchez puede quedar muy golpeado frente a la agudización de las turbulencias internacionales que estarían generando un clima muy convulsivo en la industria, las fábricas, y entre los trabajadores y el pueblo de conjunto.

VI. Por una salida obrera y revolucionaria a la crisis

Recientemente los mandatarios de la región centroamericana se han reunido en dos ocasiones para deliberar sobre cómo hacer frente a la crisis. La primera cita tuvo lugar en la Cumbre Iberoamericana que se realizó en El Salvador y la segunda en San Pedro Sula, Honduras. El remedio que proponen todos los representantes burgueses es más penetración imperialista mediante la firma de un nuevo TLC con la Unión Europea; una mayor “apertura” comercial y sobre todo defender a muerte el sistema capitalista.

Ni Ortega o el FSLN, ni el FMLN, ni mucho menos Colom, Zelaya o los hermanos Arias Sánchez pueden ofrecer una salida progresiva a la crisis. Sólo los trabajadores pueden ofrecer un programa que permita salir del atolladero. Aunque en la región puedan venir recambios en las instituciones burguesas al estilo de los que se dieron como vía de contención en los primeros años del siglo en varios países de Sudamérica ante las crisis económicas y los procesos de lucha de clases, los nuevos administradores de los Estados capitalistas no podrán garantizar ni el pan ni el trabajo. Nuevas luchas pueden surgir, y por eso es importante que se encaminen hacia un cambio obrero y socialista.

Ante la crisis, personajes como Ortega proponen voltear los ojos hacia proyectos como el ALBA de Hugo Chávez o el Grupo de Río. Hay que decir que estas iniciativas no son una alternativa para los trabajadores, pues representan el proyecto de explotación de distintas burguesías, con la particularidad de tener acento latinoamericano. Es necesario formar un proyecto independiente respecto de las parasitarias burguesías de toda América Latina, y sólo puede ser el de los Estados Unidos Obreros y Socialistas de Latinoamérica.

Hoy más que nunca, frente a toda variante de direcciones burguesas como el FSLN en Nicaragua, el FMLN en El Salvador (o las abiertamente proimperialistas como el PLC o ARENA respectivamente); es necesario que los trabajadores mantengan su total independencia de clase. Por eso hoy una de las principales tareas se traduce en construir sólidos partidos revolucionarios de combate que formen parte de una IV Internacional reconstruida, la única que puede dar un camino y un programa frente a la barbarie que prepara el capitalismo para los pueblos centroamericanos y latinoamericanos. Esa es la batalla que encaramos los revolucionarios de la Liga de la Revolución Socialista (LRS) de Costa Rica, a la vez que damos la lucha por la revolución en Centroamérica, Latinoamérica y el mundo entero.

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  • [1”Bermúdez Mora, Kattia, “Centroamérica acelera apertura”, El Financiero, 19/11/2008.

    [2Sáenz Valverde Gerardo, “Empleo, turismo, exportaciones golpeados por crisis económica”, Diario Extra, 25/11/2008.

    [3Rodas Martini, Pablo, “Impacto de la crisis económica internacional en Centroamérica”, Banco Centroamericano de Integración Económica, octubre de 2008.

    [4Lopes, Gilberto, “El impacto en América Latina: Centroamérica”, BBC Mundo, 3/10/2008.

    [5Informe del Estado de la Nación en Desarrollo Sostenible N°12, Costa Rica 2006, pág. 35.

    [6Gilberto Lopes, Op. Cit.

    [7Informe del Estado de la Nación en Desarrollo Sostenible N°13, Costa Rica 2007, pág. 35.

    [8Las maquilas son grandes complejos industriales que responden a compañías multinacionales, por lo general de capital estadounidense. Entre ellas se da una explotación intensa sobre los trabajadores y pésimas condiciones laborales. En estos establecimientos el sindicalismo está prohibido y castigado con el despido.

    [9Lara, Rafael, “19 corridos en zonas francas es punta del iceberg”, El Nuevo Diario, Nicaragua, 27/11/2008.

    [10álvarez, Gustavo, “Violenta caída de la producción industrial”, El Nuevo Diario, Nicaragua, 30/10/2008.

    [11“Textileras despedirán a miles en Honduras”, La Nación, 19/11/2008.

    [12Ibídem.

    [13Según la prensa costarricense son aproximadamente 132.300 hondureños los que dependen directamente de la industria maquiladora y otros 50.000 de forma indirecta, sobre todo en el norte del país. La Nación, 16/12/2008.

    [14Gamarro, Urías M. “Maquilas negocian el pago de aguinaldo”, La Prensa Libre, Guatemala, 10/12/2008.

    [15La Nación, 16/12/2008.

    [16La Nación, 16/12/2008.

    [17En demanda de una mayor cuota de participación en PETROCARIBE que vende el crudo “barato” mientras la gasolina se mantiene cara en el país.

    [18Chamorro, Carlos F., “Peligra más ayuda”, El Nuevo Diario, Nicaragua, 1/12/2008.

    [19Pantoja, Ary,“Callahan advierte ‘serias consecuencias para Nicaragua’”, El Nuevo Diario, Nicaragua, 16/12/2008.

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